11 enero, 2017. Por

Shin Godzilla

La mejor versión del monstruo japonés en más de 60 años
Shin Godzilla

Shin Godzilla puede traducirse literalmente como: “el verdadero Godzilla”. Y es que el monstruo más icónico del cine japonés ha regresado mejor que nunca.

Desde su primera encarnación, en el clásico de Ishirō Honda de 1954, el enorme lagarto radiactivo ha sido el rey de los Kaiju, así como una duradera metáfora de los destructivos efectos de la energía nuclear creada por una sociedad que los vivió en primera persona. Hacía doce años, desde la divertida Godzilla: Final Wars de 2004, que no se estrenaba ninguna película de Godzilla japonesa.

Habíamos tenido, entretanto, la muy ambiciosa -y muy fallida- versión norteamericana de Gareth Edwards de 2014 (aunque se puede decir, en su favor, que mejoraba la funesta película de 1998 de Roland Emerich). Pero tras el desastre de Fukushima de 2011, que resucitó viejos miedos enterrados en la psique japonesa, solo era cuestión de tiempo que Godzilla volviera. Y lo hace con un auténtico reboot: en Shin Godzilla nos narrarán, como en 1954, el primer encuentro con la bestia atómica. Después de decenas de cintas en las que Godzilla se transforma en una especie de “defensor de la tierra” luchando contra otros monstruos más terribles, vuelve a su rol inicial: el villano, una fuerza desencadenada e imparable que amenaza la existencia de la humanidad.

El punto de partida es el mismo de siempre: Godzilla aparece de la nada, en la bahía de Tokio. Una criatura no identificado, dotada de un poder terrible. Aunque, en este caso, evoluciona en unos pocos minutos de la forma de una criatura marina con branquias (por las que expulsa chorros de sangre) al Godzilla clásico, con varios estadios intermedios. En ese sentido, la película es sorprendente por su fidelidad a la dinámica de las viejas películas de Godzilla.

Por un lado, tenemos al monstruo, avanzando hacia Tokio, destruyéndolo todo a su paso. Por el otro, a científicos, políticos y militares, trabajando en común, planeando la evacuación de las zonas arrasadas a su paso, buscando el modo de detenerlo, calibrando alternativas. La personalidad de todos los protagonistas (humanos) se capta con rapidez: hay funcionarios ineficaces, otros acobardados por la situación, algunos sacrificados y audaces. En ese sentido, la película contiene varias cargas de profundidad críticas hacia la burocracia y la clase política japonesa, Sin embargo, las escenas de “despachos” son tan ágiles que no ralentizan en absoluto la película, sino que incrementan la tensión a medida que todas las medidas que se toman contra el monstruo fallan, una tras otra.

No sabemos si fue iniciativa propia o una propuesta audaz y afortunada, pero la idea de confiar la dirección de la película a Hideaki Anno, creador del anime de culto Neon Genesis Evangelion, que renovaba el tradicional género de los mechas (robots gigantes) con un fuerte componente psicológico y una muy elaborada mitología. El toque de Anno se percibe en el ritmo implacable, en la seriedad con la que aborda la trama política y las trágicas consecuencias de los ataques del monstruo, así como en las impresionantes secuencias de acción, que combinan con habilidad las maquetas, los escenarios reales y unos muy moderados CGI, con los que obtienen unos resultados mucho más brillantes (y espeluznantes), un Godzilla mucho más aterrador que el de la película de Gareth Edwards.

Shin Godzilla es, sin duda, la mejor película de Godzilla desde la original, y desde luego la más inteligente y dinámica. Todos los admiradores del gran lagarto del País del Sol Naciente están de enhorabuena.

Shin Godzilla