17 diciembre, 2018. Por

Shica & Gutman

El mestizaje flamencotrónico encuentra una vía alternativa a Rosalía
Shica & Gutman

El momento y el lugar indicado influyen casi siempre en ese primer impacto. Si tus coordenadas espaciotemporales te fallan, puede que se te haga cuesta arriba. Espero encarecidamente que Shica & Gutman, el proyecto que comparten la neofolclórica ceutí Elsa Rovayo (más conocida por su álter ego y proyecto de La Shica) y el productor argentino Didi Gutman (cara visible de Brazilian Girls, Masa o el supergrupo Meteoros que compartía con Ale Sergi de Miranda!, Julieta Venegas y el productor Cachorro López), consiga superar el silencio generalizado que se está imponiendo a uno de los proyectos más revolucionarios de este año, posiblemente por la carga que otro proyecto de unas raíces conceptuales similares como el de Rosalía ha acabado aparando el grueso de las miradas.

La misma mente mestiza que cada uno lleva aplicando a los proyectos en los que han militado pone en práctica ahora un curioso centauro musical: la raíz coplera de trazas funky pero estructuras pop de ella; y la transversalidad sonora, entre la electrónica y el modernismo de las texturas pop aplicadas a diferentes campos de batalla sónicos de él. El resultado es un cancionero que propone curiosas postales que nos lleva a transitar la copla futurista, la performance poptrónica, el dub aflamencado o el pop de ida y vuelta, con un pie en el pasado mañana y otro en el antes de ayer.

«No deberíamos tener que elegir entre la propuesta de Rosalía y El Guincho y la de Shica & Gutman. Lo malo no es que dos conceptos de raíz similares coincidan en espacio y tiempo; lo malo es estar dando la espalda mediáticamente a una de ellas, que pluralizan, transversalizan y amplifican una manera de afrontar la fusión de géneros y el aprovechamiento de sinergias entre las músicas que nos atraviesan»

No es baladí la putada de coincidir en fechas y sitio con Rosalía. Shica & Gutman exploran, sobre todo, las conexiones que hay en la construcción de canciones pop con ritmos que proceden de diferentes palos del flamenco y la copla, pero con unas herramientas de producción propias de la electrónica de vanguardia. Si acaso, la alianza de Rosalía con El Guincho explora más la experimentalidad y teatralidad de las cosas, llevando a una dimensión y un lenguaje contemporáneo esa mirada mestiza, apoyado en los matices de la música pop de mañana, pero sin perder de vista las estructuras de la tradición y el manejo de la música urbana.

El hándicap que tiene el disco de Shica & Gutman con respecto a El Mal Querer es no solo su bagaje y su trayectoria (que no se moleste, pero por edad, podría ser el padre de Rosalía; y el factor sorpresa de las maneras de La Shica ya se ha perdido: lleva más de una década siendo una voz muy reconocible), sino que, a la hora de buscar nuevas texturas y matices, hay momentos en que recuerdan a algunas exploraciones previas de otros artistas. Dicho de otra manera, hay momentos en que Shica & Gutman suenan a evolución de algo conocido; mientras que lo de Rosalía es nuevo incluso para los nuevos.

«El resultado de este debut es un cancionero que propone curiosas postales que nos lleva a transitar la copla futurista, la performance poptrónica, el dub aflamencado o el pop de ida y vuelta, con un pie en el pasado mañana y otro en el antes de ayer»

No es de extrañar que en estas diez canciones encontremos desde boleros-copla que inventan un palo como el ‘cablerío’ (Esos ojitos negros); lanzan miradas empoderadas con ritmo de procesión de una Semana Santa aplicada a una Sevilla futurista y alejada de la representación de Vox (Fondona); dejan ecos a la primera Bebe tanto cuando tratan el medio tiempo indietrónico de estructura calamaresca (La Noche) como cuando electronizan una balada al piano (Luz); se inventan el cuplé bakala empoderado (Adela tiene un cuchillo); se acercan a una especie de nueva-new-wave con aires a Julieta Venegas (Mujer rota); suenan a trip-hop poplero, como si Najwa produjese un disco con Javier Limón (Lullaby); y, sobre todo, reutilizan estructuras del flamenco para aplicarlas tanto en una especie de nana sinuosa y con aires a Rosalía (Arriba las manos) como a la rave coplera que imaginan proyectos como Pony Bravo o Le Parody (Flamenco) o al urban andaluz con el que jugaban Junior Míguez o Las Niñas (Ganas de bailar).

No deberíamos tener que elegir entre la propuesta de Rosalía y El Guincho y la de Shica & Gutman. Lo malo no es que dos conceptos de raíz similares coincidan en espacio y tiempo; lo malo es estar dando la espalda mediáticamente a una de ellas, que pluralizan, transversalizan y amplifican una manera de afrontar la fusión de géneros y el aprovechamiento de sinergias entre las músicas que nos atraviesan.

Shica & Gutman