7 mayo, 2018. Por

#sexpact

Una reflexión madura e inteligente sobre la paternidad disfrazada de comedia adolescente
#sexpact

Desde la noche de los tiempos, Hollywood parece empeñado en “enriquecer” los conocimientos de la juventud sobre el sexo y la afectividad a través de un goteo constante de comedias centradas en los últimos días de instituto o los primeros que los post-adolescentes pasan en la universidad. Hablo de cintas como American Pie (Paul Weitz, 1999), que no son más que grotescas odas al capullo, banalizaciones de la masculinidad tóxica o, directamente, exaltaciones de la cosificación de la mujer desde pubertad. Por suerte las cosas están cambiando y, si una película es estupendo ejemplo de ello, es #sexpact (Kay Cannon, 2018). Una comedia adolescente que utiliza como reclamo el poner a la guionista de la trilogía Dando la Nota detrás de las cámaras y que da, por fin, en el clavo con muchos de los temas que dicho género llevaba años necesitando tratar con sinceridad.

“‘#sexpact’ se aleja de las bromas sexistas y de mal gusto y triunfa de manera apoteósica al demostrar que se pueden producir 100 minutos desternillantes con una concepción del humor sana, actual, madura e integradora”

Mitchell (John Cena) y Lisa (Leslie Mann) son, respectivamente, padres modelélicos, enrollados y liberales de sus respectivas hijas, Julie (Kathryn Newton) y Kayla (Geraldine Wiswanathan). Hunter (Ike Barinholtz), más que padre modelo, es el típico desastre, divorciado y exiliado de la comunidad que siempre anda poniendo en ridículo a su hija Sam (Gideon Adlon). Pero estos tres adultos están condenados a entenderse porque Julie, Kayla y Sam llevan toda la infancia y la adolescencia siendo inseparables. Ahora terminan el instituto y, por si enfrentarse a sus nidos vacíos no fuera suficiente, los padres descubren que sus perfectas adolescentes planean perder la virginidad en la noche del baile de graduación. Histéricos y temiendo que sus pequeñas hagan algo de lo que se arrepientan para siempre, los tras adultos se embarcan en una frenética persecución que les lleva por todas las fiestas por las que pasan sus hijas y sus amigos.

Kay Cannon aleja #sexpact de las vergonzantes concatenaciones de bromas sexistas y de mal gusto y triunfa de manera apoteósica al demostrar que se pueden producir 100 minutos desternillantes con una concepción del humor sana, actual, madura e integradora. Y, encima, sin depender de manidos números musicales para atraer la atención. Ello se logra desplazando el centro de la broma de las flaquezas e inseguridades de los adolescentes a los miedos y neuras de sus padres. Y lo hace sin perder de vista que éstos muchas veces tienen su origen en las mismas “comedias” que durante décadas han alimentado un modelo depredador de la masculinidad, con “héroes” que se comportaban como auténticos abusones y “princesas” con la profundidad dramática o capacidad de decisión de una servilleta de bar.

“Cannon no tiene miedo a la hora de subvertir muchos de los tópicos de la comedia adolescente”

En #sexpact las tornas cambian completamente: no sólo son las chicas las que deciden tomar el control de su sexualidad en la noche del baile del instituto, sino que a medida que avanza la película vamos comprobando lo elaboradas que son sus dudas, situaciones personales y decisiones. Julie, Kayla y Sam son personajes arquetípicos pero absolutamente adorables porque son brillantes, autónomos y, ante todo, las únicas protagonistas de sus historias. En lugar de ir babeando detrás de sus respectivos intereses románticos o poniendo en ridículo a la que tenga dudas sobre si cumplir o no el pacto, las tres jovenzuelas son una tierna exaltación de la amistad y de los errores y aciertos que todos hemos cometido a los 18 años (aunque tengo mis dudas acerca de si dos chicas tan “guays” como Julie y Kayla se juntarían con una nerd como Sam).

El choque generacional y otros terrores nocturnos

No obstante, ellas no son lo que más brilla de #sexpact. Porque, por mucho que se venda como tal, no estamos ante una comedia adolescente. Aquí los verdaderos protagonistas son los padres que, apoyados en la sensacional compenetración entre la vis cómica de Mann y Cena, son los que hacen el ridículo y despiertan la complicidad con los espectadores gag tras gag. Es a través de ellos cómo nos llega el encomiable mensaje de que incluso la paternidad más perfecta y amorosa (y, con sus defectos, los tres son bastante padrazos) está marcada por las propias inseguridades, las cuales se intentan transmitir a la prole.

“No es una película sobre el despertar sexual de unas adolescentes, sino sobre el inevitable momento en el que todo padre ha de dejar que sus pequeños caminen solos y cometan sus propios errores”

Cannon no tiene miedo a la hora de subvertir muchos de los tópicos de la comedia adolescente. En cuanto a los padres, John Cena y su alucinante capacidad para la autoparodia, que en este caso pasa por interpretar al elemento más sensible y tierno del “equipo” o la desestigmatización (sin pasar por la sexualización) de la madre soltera o del divorcio. También se agradece la entrañable naturalidad con la que se introduce la homosexualidad en la trama, un peculiar pero refrescante mensaje sobre las drogas y constante afán (muy sano) por quitarle hierro al sexo con, incluso, algún desnudo frontal masculino (sin que haya ninguno femenino).

#sexpact no es una película sobre el despertar sexual de unas adolescentes, sino sobre el inevitable momento en el que todo padre ha de dejar que sus pequeños caminen solos y cometan sus propios errores. Y al hacerlo de una forma tronchante es cómo se corona como una comedia sobresaliente. No vamos a negar que hay un tramo de unos 15 minutos hacia la mitad de la película en la que los chistes escatológicos marcan un parón en el ritmo. Pero el guión sabe retomar el hilo del relato para marcarse un tramo final nuevamente divertido y tierno. Así que estamos ante una comedia inesperada, eficaz, inteligente y fresca que, por fin, ofrece algo nuevo en su propio género. Muy recomendable.

Juventud, divino tesoro

#sexpact