26 octubre, 2017. Por

SES

Hablamos con una de las artistas más clarividentes de la canción gallega contemporánea
SES

La cantareira coruñesa María Xosé Silvar, más conocida como SES, llegó a la música por casualidad tras un concurso de maquetas hace diez años en el que eclipsó al compositor Santiago Auserón. Con el gallego como arma y su voz resonando ante las injusticias, son cuatro los discos que tiene a sus espaldas: Admirando a condición, Co xenio destrozado, Tronzar os valos y Opoñerse á extinción. Discos en los que a golpe de canciones va tejiendo su música esta trabajadora incansable que ya prepara nuevo disco para final de año.

Por sus letras y sonidos recorren sus profesoras de canto, aquellas aldeanas gallegas, anónimas, esclavas de una tierra en la que no tuvieron derechos. Su contacto con las personas mayores le hace expresar música tradicional y llevar la humildad por bandera tanto dentro como fuera de los escenarios.

“Hay una noción de que el gallego es una lengua de ignorantes y de paletos, lo que hace que a los gallegos les dé vergüenza hablar su idiomaˮ

 

De filóloga a dedicarte a la música… ¿Cómo empezó tu carrera? ¿En qué momento apareciste en solitario?

Todo empezó por casualidad. Un grupo de amigos, que no teníamos ninguna pretensión de dedicarnos a la música, nos presentamos a un concurso de maquetas que apadrinaba Santiago Auserón con la canción Canto aquí canto na Habana. Fíjate qué pretensión teníamos de ganar, que el concurso acababa un viernes y la enviamos el jueves. Era por votación popular, pero lo que no sabíamos era que Auserón elegía a uno de los grupos, y nos escogió a nosotros. A raíz de ello, empezamos a dar muchos conciertos, en total 31 en un año. Un grupo –Chámalle Xis– que en su vida había dado un concierto. Y, al final, me hicieron un par de propuestas y me decanté por una de ellas, que era estar en solitario.

Tu primer disco no te gustó, ¿por qué?

Porque no lo produje yo. No tengo voluntad de ser una intérprete, alguien que se caracterice por tener una técnica bocal brutal. A mí lo que me interesa es hacer canciones. Cuando alguien te produce, el que paga manda. Siempre tienes que ceder en ciertas cuestiones, y el mundo de la música es un mundo muy machista. A veces, con más agresividad, a veces, con más paternalismo. Lo que hacen es básicamente comerte.

Lo que escucho en ese disco no soy yo. Me parece un disco de pachanga. A mí me gusta mucho el folclore, pero una cosa es el folclore y otra la pachanga. El folclore bien entendido, bien presentado, desde Nano Stern hasta Juan Luis Guerra, y otra cosa es la pachanga barata de Los 40 principales.

A partir del segundo disco, me ofrecieron producirme y dije que no. Algo muy importante que le digo a todas aquellas mujeres de dentro de la música que me quieran escuchar: si te equivocas, equivócate tú. No pagues errores ajenos.

El título de tu último disco es Opoñerse á extinción. ¿Qué se está extinguiendo?

Por un lado, se está extinguiendo la idiosincrasia humana, que es natural, pasional, solidaria, empática, en el sentido más positivo del término, fruto de un sistema liberal que nos ha hecho ver a nuestros congéneres como mobiliario urbano. Ves a una persona tirada en la calle y la ves como si fuera un banco y pasas por encima de ella como quien pasa por encima de un banco. Y, por otro lado, mi idioma, como todos los idiomas que no tienen un soporte y, en este caso, no tiene una representación política.

En los 80-90, la inmensa mayoría de los gallegos eran gallego-parlantes. El último estudio que ha salido este año muestra que solo el 18% de los niños gallegos conocen la lengua, lo que quiere decir que a la lengua le queda muy poco de vida porque una lengua que no hablan los niños se muere. Y nosotros tenemos una pirámide completamente inversa porque Galicia es rural, además de por las maravillosas políticas que permiten a las mujeres tener hijos y seguir siendo personas trabajadoras con una facilidad asombrosa.

Además, hay una noción de que el gallego es una lengua de ignorantes y de paletos, que ha sido promocionado por los gobiernos de derechas, lo que hace que a los gallegos les dé vergüenza hablar su idioma.

¿La música es tu altavoz para sacar la rabia ante las injusticias?

Sí, pero yo también hablo. Hay gente que es tímida y en los conciertos es donde más se expresa, pero yo en los conciertos hablo muchísimo y como me dijo una vez un vasco: “tú a veces cantas”. Digo muchas cosas en las canciones y en los conciertos, pero también digo muchas cosas en mi vida diaria. Quiero decir, no soy una persona que tiene la música como vía de expresión, yo siempre he sido muy extrovertida.

“Shakira ha pasado de tocar con una guitarra con pantalones vaqueros y camisa a estar aullando dentro de una jaula con unas mallas color carne y con unas canciones sin contenido”

 

¿Escribir -componer- es para ti una necesidad?

Sí, pero no en la medida que a veces escucho a los autores. Tengo una necesidad imperiosa de divertirme, de pasarlo bien, y a mí me divierte muchísimo cantar, grabar canciones. Es una necesidad a ese nivel. Creo en la necesidad absoluta de la pasión y ahora en el mundo de la música el que levanta más la ceja es el más listo. Hay una apología del cinismo. Parece que ser pasional es ser tonto, y no lo es. Cada uno siente como siente, pero yo soy alguien muy pasional, cuando me gusta algo, me gusta muchísimo.

¿Qué denuncias sociales sueles destacar más?

Lo más necesario que veo es promover el respeto por la diversidad, tanto a nivel sexual, de género, socioeconómico… El mundo ha decidido que hay hombres y mujeres y ha decidido negar lo demás. Es el heteropatriarcado, pero además imponer una dualidad de género falsa. Además, ninguna de las que estamos luchando por una igualdad luchamos en vano o somos rebeldes sin causa porque es lo que se está vendiendo en esta sociedad que se llama a sí misma democracia del bienestar. Se ha conseguido convencer a la población de que cuando me quejo de que, en mi mundo, mi gremio, hay machismo, es que me lo invento.

El otro día me preguntaban por el repunte de mujeres vocalistas en el mundo musical… El día que haya el mismo número de bajistas mujeres que hombres, o baterías, o técnicas de sonido y de luz, técnicas de estudio, de productoras musicales, incluso de jefas de seguridad, ese día podremos hablar de una equidad. El simple hecho de que alguien lo pregunte ya da cuenta de la ceguera en la que vivimos.

¿Crees que por ser mujer lo tienes más difícil en el mundo de la música?

Claro, pero como en todos los ámbitos. Si la gente que trabaja en la música niega el machismo o es mala persona o está ciega.

¿Te consideras referente feminista en la música?

Feminista, sí, referente no lo sé. Lo tendrán que decir otros. Sí que me preguntan por libros que he leído, por ejemplo, y me encanta que lo hagan porque nos enseñan a las mujeres a competir, y tiene que haber sororidad. El hecho de que nos eduquen en competir y que las mujeres sean criticadas por mujeres, me da mucha pena. Cuando la gente me pregunta, que qué me parece que el 70% de los que van a tus conciertos sean mujeres, yo les digo que orgullo porque es mucho más complicado que una mujer te escuche y vea en ti la humildad de de defender la justicia y de denunciar el abuso de las que somos sometidas, como gente con diversidad funcional, la homofobia…

El hecho de que las mujeres me pregunten o me tomen cariño es lo más bonito. ¿Tú sabes lo que es que venga una señora de 60 años que en su vida se ha comprado nada porque se lo ha dado todo a sus hijos, que ha sido una esclava, que ha sido trabajadora en su casa, sin derechos, y que te diga: no tengo más que tus discos y le dije a mi marido te quedas en casa que me voy con las amigas a ver a Sés? Tener ocio, que no han tenido vida como nosotras, son solo mamás sin derecho a nada.

“Solo el 18% de los niños gallegos conocen la lengua, lo que quiere decir que a la lengua le queda muy poco de vida: una lengua que no es hablada por los niños, se muere”

 

En alguna entrevista has comentado que ahora la sociedad es más machista, ¿por qué?

Hace poco hice una entrevista en la que dije que Shakira empezó a cantar vestida, con su guitarra, que cantaba canciones con contenidos sociales, y el peso de la industria cayó sobre ella y la hizo sucumbir a tener la necesidad de presentarse ante el público como el sistema y las grandes empresas quieren que se presente, es decir, ha sido una víctima. Ha pasado de tocar con una guitarra con pantalones vaqueros y camisa a estar aullando dentro de una jaula con unas mallas color carne y con unas canciones sin contenido. La realidad es que el peso es tal que, aunque tú llegues con mucha personalidad y talento como fue su caso, o eres una persona muy consciente, humilde y fuerte, o van a acabar cosificándote. No es un mensaje negativo hacia su persona y así fue como se leyó en esa entrevista.

El ‘síndrome Shakira’ le llamo a llegar al mundo de la industria y el peso caer sobre ti. Si le das la espalda y dices yo me voy a producir, ella habría tenido su público, pero no hubiese sido un fenómeno a nivel mundial y eso es una decisión personal. El problema es que te conviertes en un referente y estás enseñándole a las niñas que para triunfar en el mundo de la música tienes que ser así.

Creo que este tipo de cantantes, como Shakira, Beyoncé, tienen que sufrir muchísimo al ver su decadencia física porque los años pasan. Las críticas a su físico porque se han reducido a un físico. Algo que a Adele no le pasa, ha sabido vender su música, o como le pasaba a Amy Winehouse: tan sensible, tan poderosa como Tina Turner, cantaba y hacía tremendos temazos. El problema es: ¿por qué un niño quiere ser futbolista? Porque ve futbolistas en la televisión. Si se proyectara el fútbol femenino como el masculino, ¿no crees que las niñas querrían ser futbolistas?

Por este tipo de ejemplos, ¿es por lo que ves que ahora la sociedad es más machista?

Solo tienes que valorar lo que se proyecta en el ámbito de la música, la objetivación sexual de la mujer. Mira, por ejemplo, cuando yo era joven triunfaban desde Rosana a Ella baila sola, y actualmente no hay tantas mujeres cantautoras como en los años 90.

Nada ha cambiado realmente. Lo que vemos en la televisión es que las presentadoras de telediario, por ejemplo, antes eran personas como Rosa María Mateo y ahora hay que ser modelo para serlo. Todo lo que se proyecta es tener un físico y no ser periodista. Y en los hombres no es así. Me tengo que tragar que George Clooney es un sex simbol.

Lo que se promueve es la pedofilia. Yo veía Son Goku y ahora Disney Channel, que es el canal terrorista por excelencia, sexualiza niñas, telenovelas de niñas híper maquilladas, híper repeinadas, teniendo escarceos con el profesor… También, era impensable que yo con 14 años fuera al colegio maquillada y con el pelo planchado y con tacones. No hay diferencia ahora entre una niña de 12 años y una de 18 o 25 estéticamente.

¿Qué es lo que menos soportas de la industria musical?

El machismo. Por un motivo, porque ni aunque pudiese o tuviese un físico despampanante no quisiera ser un objeto sexual. Cuando me subo a un escenario, no tengo ningún interés en que los que estén abajo comenten que soy guapa o que tengo un buen cuerpo. Yo lo único que pretendo, como la mayoría de los hombres, es mostrar mis canciones. Y se hace muy difícil algo tan fácil como eso. Que te tengas que enfrentar a preguntas como: por qué vistes así cuando yo siempre voy con una camiseta y pantalón negro, a que comenten si ganas peso.

Además, se da por sentado que mis canciones me las producen, me las arreglan, me las escriben… O entrar en un estudio y que te traten como si tuvieras menos conocimientos que los hombres. Es muy fácil insultar siendo mujer como meterse con los homosexuales en una sociedad que es tan homófoba. Vivimos en una sociedad cada vez más inculta e ignorante. Las reformas del sistema educativo han hecho que la gente se atonte más, crea borregos. La televisión es un circo, un telediario, por ejemplo, que habla de las mechas de Sara Carbonero, el libro de Belén Esteban es el más vendido…

“Si la gente que trabaja en la música niega el machismo o es mala persona o está ciega”

 

En este sentido, en una ocasión dijiste: “La gente consume cosas que se visten de cultura y que no lo son. Son contenidos basura”, ¿qué solemos consumir que creemos que son cultura?

No solo lo que te comentaba. El cine es súper machista, que está en su mayoría perpetuando los roles de género. Nunca hay una heroína, la mujer que aparece en la película es la segunda de a bordo de una trama romántica o el sex simbol de la película o la mujer de tal hombre. ¿Cuándo aparece vestida y con peso en el argumento?

El ámbito televisivo, el ámbito musical… Todo esto se considera cultura y, ¿dónde está la cultura?

¿Cómo describirías la música que haces?

Yo no hago música, hago canciones. No me dedico a un género ni tengo un discurso musical porque tampoco tengo la preparación que se requiere para tener discurso musical. Yo tengo discurso poético, textual, hago canciones que suenan a rock, a folclore hispanoamericano, a blues… Mis discos se parecen más a un libro de relatos que a una novela.

¿Qué hay de diferente en este último disco frente a los anteriores?

No hay mucha diferencia. La diferencia es el aprendizaje sobre todo a nivel técnico. Son muy parecidos todos los discos en el sentido estético, sobre todo en el contenido porque cuando hago un disco me tiene que gustar a mí: ni me gusta que sea todo muy potente, ni todo muy calmado, intento hacer una obra que la escuches y no te resulte pesada. Hago canciones continuamente y ni siquiera tienen ningún tipo de cronología.

Eres cantareira, ¿dónde has aprendido la música tradicional?

La he aprendido en las escuelas de música tradicional y escuchando a gente mayor. Gran parte de mi consumo musical ha sido de trabajo de campo, de grabaciones de gente mayor. Temas recogidos en las aldeas que cantan señoras muy mayores. Son ellas mis profesoras de canto. Mujeres anónimas y esclavas en su mayoría de un mundo que no les dio derecho a nada y que cantan con una melancolía tan trágica como maravillosa. Ellas son esclavas del campo y de una sociedad que se olvida.

¿Tus abuelos cómo han influido en ello?

Mucho. Con dos de ellos me crié, que eran más adelantados que mi madre porque vivieron los años 60 en Inglaterra. Siempre me enseñaron el amor por la cultura de los libros. Entre esa realidad, y mis abuelos del campo que fueron muy trabajadores. Mi abuela era panadera, con siete hijos, y con un caballo andaba todos los días 40 kilómetros. Se levantaba a los 4 de la mañana para amasar el pan y coser y venderlo en los pueblos. De mis abuelos aprendí la suficiencia, la dignidad, la humildad. Lo que es tan importante porque no lo hay. Yo nunca conoceré el sufrimiento de ellos ni el trabajo de ellos, sobre todo de ellas, ni la falta de libertad.

“Existe tanta insatisfacción que la gente busca odio como vía de escape”

 

¿Hacia dónde quieres ir? ¿Cuáles son tus objetivos?

No tengo objetivos. No soy nada ambiciosa. Mi objetivo es trabajar. He trabajado en otro tipo de trabajos y llegué a la música muy mayor. Acabo un disco y empiezo otro. Saco nuevo disco en diciembre. Xavier Ferreiro, mi amigo, con el que hago los discos, siempre me dice: “mientras los demás hablan, tú trabaja. Graba, no te pares a hablar de tu carrera”.

Hay dos tipos de músicos. Los que tienen la música como fin y otros como medio. La mayoría la tienen como medio, como medio de conseguir prestigio social, dinero, reconocimiento, mérito… Están los menos, que son los que tienen la música como fin, mi fin es la música. Yo no dejo de dormir porque no gane dinero, el dinero va y viene. Mi padre murió cuando yo tenía 30 años y mi familia se cansó de repetirme: “vive, porque no sabes hasta cuándo vas a estar vivo”.

Cuando más feliz me siento es cuando hago un tema y me gusta. Si soy sincera y lo muestro como a mí me gusta, yo creo que hago más que si planteándome cómo hacer las portadas. Me aburren las portadas. En el último disco compramos fotos a fotógrafos de conciertos.

¿Adónde huir? ¿Adónde escapar? ¿Dónde encontrar un poco de cordura? ¿A quién o qué podemos apelar?

Soy de la opinión de que deberían habilitar un continente para las personas que estamos en contra de todo lo que estamos viviendo. ¿Cómo huyo del mundo? ¿Cómo huyo del despropósito, del absurdo que me rodea? ¿Cómo huyo de la apología de la violencia? ¿Cómo huyo de la apología de la discriminación? De un mundo en el que es mejor violar a alguien que decir quiero que mi país sea independiente. ¿Cómo huyo de este sinsentido?

En un continente donde la gente tenga el derecho de vivir en paz. Yo tengo mi forma de pensar, pero creo en la palabra, y creo que la podemos emplear, aunque pensemos diferente. El problema es que yo considere que tú por ser homosexual o socialista, cualquier cuestionamiento político, sexual, social…, eres digno de ser apaleado o asesinado. Estoy a favor de la creación de un estado federal que respete las culturas diferentes y, por eso, no me convierto en una violenta. ¿Cómo puedo huir de un mundo en el que la gente odia? Yo no odio. Yo creo en el diálogo, en sentarse con las personas a hablar.

“Algo muy importante que le digo a todas aquellas mujeres de dentro de la música que me quieran escuchar: si te equivocas, equivócate tú. No pagues errores ajenos”

 

Existe tanta insatisfacción, que la gente busca odio como vía de escape. Muchas veces me han hecho sentir que me consideraban violenta por defender algo en contra. Yo no lo soy. Si tú estás a favor de un estado federal o eres independentista eres etarra. Sin embargo, que vaya la Guardia Civil a pegar, él no es violento, cumple con su deber. Si en mi trabajo el jefe me dice: tienes que apalear, en ese momento pido el finiquito. Como ser humano, hay cosas que no voy a hacer. Defender lo indefendible.

Que nos habiliten algo para los que pensamos que se puede vivir de otra manera. Y que se puede vivir feliz y dejar vivir, y comer y dejar comer.

Gira
28.10: Reigosa (A Pastoriza). I Foliada de Reigosa
31.10: Santiago de Compostela. Gala aRitmar Galiza e Portugal
09.11: Castellón. Auditori y Palau de Congressos (Fira Trovam)
10.11: Valencia. Sala Matisse
21.11: Vitoria-Gasteiz. Parral Taberna

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