12 junio, 2018. Por

Sense8: Amor Vincit Omnia

El último canto de la serie a la universalidad de los sentimientos
Sense8: Amor Vincit Omnia

Todo tiene su fin. Incluso una de las series más bellas, originales, minusvaloradas, innovadoras/transgresoras y empáticas de los últimos años. Desde su mismo inicio, Sense8 ha estado en el filo de la navaja de la cancelación: el riesgo de ofrecer algo nuevo. Nuevo, y muy caro al estar rodada en localizaciones reales de Alemania, Islandia, Kenia, Estados Unidos, México, Corea del Sur, India y el Reino Unido. El 2 de junio de 2017 llegaría la fatídica noticia: Netflix anunciaba que la cancelaba, tras dos temporadas, y sin darle un auténtico final. Un genuino ultraje para sus fans de todo el mundo.

La red se inundó de mensajes airados con hastags como #RenewSense8 (#RenovadSense8) o #BringBackSense8 (#TraedDeVueltaSense8) para exigir una renovación. La plataforma terminó por conceder un capítulo especial de cierre: 150 minutos para despedirnos de Will, Riley, Capheus, Sun, Lito, Kala, Wolfgang y Nomi.

Sense8 es la segunda gran obra de su carrera, tras la primera Matrix, de las –ahora- hermanas Wachowski, en colaboración con el veterano guionista J. Michael Straczynski (Babylon 5, El intercambio, Ninja Assassin…). La historia de Sense8 es la de un “clan” de sensates: ocho personajes, repartidos por distintas partes del mundo, que a priori no tienen nada en común -hay una activista de los derechos LGTB transexual, una alta ejecutiva coreana que practica en secreto artes marciales, una música islandesa, un policía de Chicago, un profesional del crimen alemán, un conductor de autobús en la peligrosa Nairobi, un galán de culebrones atormentado por su oculta homosexualidad (interpretado por el español Miguel Ángel Silvestre), una encantadora chica india de buena familia a punto de contraer matrimonio-…. sin embargo, poco a poco, a través de visiones, de imágenes que asaltan sus mentes en los momentos más imprevistos, se dan cuenta de que están misteriosamente conectados: pueden compartir experiencias, conocimientos, pueden comunicarse con otros de ese grupo de personas, incluso estando a miles de kilómetros de distancia. Y una extraña organización está muy interesada en ellos y empieza a seguir sus pasos, así que esos ocho “elegidos” deberán averiguar qué los une antes de que sea demasiado tarde.

“Se puede definir Sense8 como un inmenso canto a la universalidad de los sentimientos, a la empatía entre culturas, a las aspiraciones de amor y libertad que yacen en todo corazón humano. Esto ha convertido a Sense8 en una de las series más reivindicativas y abiertamente progresistas que hemos podido ver”

A lo largo de veinticuatro capítulos, la historia de los sensates se ha enredado y amplificado: hemos aprendido que no son los únicos de su especie, sino parte de un nuevo paso de la evolución humana; que su origen es más antiguo de lo que pensábamos y que cuentan con una mitología propia; y cuáles son los planes y objetivos de la cada vez más todopoderosa organización que los persigue. Uno de los grandes atractivos de Sense8 es el equilibrio entre intimismo y acción trepidante –por no referirnos a sus explícitas, elegantes y distintivas secuencias de sexo-.

Gran parte del metraje se ha centrado en los dramas íntimos de sus protagonistas y en el modo en que se van enlazando con los de los demás. Al respecto, se puede definir Sense8 como un inmenso canto a la universalidad de los sentimientos, a la empatía entre culturas, a las aspiraciones de amor y libertad que yacen en todo corazón humano. Esto ha convertidoa  Sense8 en una de las series más reivindicativas y abiertamente progresistas que hemos podido ver. Y rodado con la habilidad fílmica característica  de las Wachowski, con una puesta escena, una banda sonora y fotografía sencillamente magníficas.

“La fantástica escena final del último episodio deja claro cuál es el mensaje: la única manera de sobrevivir es amarnos los unos a los otros”

Sobre el capítulo final en sí, titulado Amor Vincit Omnia, el principal aspecto negativo es la necesidad de sus creadores de comprimir las tramas previstas para la frustrada tercera temporada en el espacio temporal que ocuparían tres episodios de la serie de la longitud habitual: es normal que ciertos elementos resulten esquemáticos o simples esbozos: como el “santuario” de los sensates o el pasado de sus dos principales antagonistas, que hubiera requerido más minutos. Por otro lado, las escenas de acción, aún siendo espectaculares, están algo menos pulidas de lo que nos tenían acostumbrados.

Por el lado positivo, l@s creadores se las arreglan para relatarnos una conclusión tremendamente fiel al espíritu de la serie, muy dinámica y entretenida e, incluso, con bastante humor, que se las arregla para dar a cada uno de los protagonistas –y a los principales secundarios- su momento de gloria. Hay mucha emoción, una música genial, mucha amistad y, por supuesto, bastante sexo. La fantástica escena final deja claro cuál es el mensaje: la única manera de sobrevivir es amarnos los unos a los otros.

Sense8: Amor Vincit Omnia