23 junio, 2017. Por

Selfie

Las aventuras de un pijo en Lavapiés
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Imagínate a un ministro del PP acusado de fraude, alzamiento de bienes, blanqueo de capitales, corrupción urbanística, malversación de fondos públicos, tráfico de influencias, delitos fiscales, estafa procesal, falsedad documental, cohecho, apropiación indebida, prevaricación y administración desleal. Sé que es difícil, lo sé, pero haz un esfuerzo e imagínate por un momento que esto pudiera pasar en nuestro país.

Pues bien, ese ministro tiene un hijo, un hijo que, por supuesto, se parece a Francisco Nicolás, Willy Bárcenas, Alejandro Agag o a cualquiera de los que tienes en mente. En la película, ese chico se llama Bosco, como el de Tesis, igual de pijo y de superdotado capilar que los anteriores aunque menos psicópata que el de Amenábar.

Sigamos. Ese ministro, por muy raro que nos pueda llegar a parecer, ingresa en prisión, y automáticamente, cada uno de los miembros de su familia y amigos se desentienden y se buscan la vida como pueden. Bosco está solo, sin familia, sin dinero. De repente, todos los suyos le dan la espalda y encuentra refugio en las personas y en los lugares más opuestos e insospechados. Y todo, desde que se entera de lo de su padre viendo la TV hasta el posterior proceso de decadencia, es filmado o auto-filmado por una cámara a modo de reality.

El protagonista, es decir, Bosco, es Santiago Alverú, un tipo que parece haber nacido para interpretar este personaje. Alverú es un chico inquieto al que le debemos, entre otras cosas, la existencia de los Premios Yago. También se le puede ver en YouTube haciendo stand-up comedy o como reportero en su canal ¡Semejante Ramera!

El joven guionista y director Víctor García León es quien está detrás del proyecto. Recomiendo muy mucho su ópera prima Más pena que gloria, en la que, el desencanto y lo entrañable de aquellos años de instituto, servían para hacer un retrato de la vida de un loser.

Algo parecido sucede en Selfie, solo que aquí somos testigos de esa metamorfosis de winner a loser que experimenta Bosco. Una metamorfosis que García León aprovecha para explorar esa España de la izquierda y la derecha, del Madrid y del Barça, de la Monarquía y la República. Esas dos Españas, tan reconocibles y autóctonas, a veces separadas tan sólo por una delgada línea. Selfie es una fresca, valiente, mordaz y necesaria comedia low cost con forma de falso documental que aprovecha sus recursos al máximo y que ha conseguido varios premios en festivales como Málaga y Alicante.

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