22 marzo, 2017. Por

Sed

Nadie sabe lo que oculto, nadie sabe lo que siento…
Sed

Sed, un texto de Alejandro Butrón Ibáñez dirigido por César Barló (cuya original puesta en escena de La tempestad sigue encandilando en La puerta estrecha), recala en el Teatro Lara. Una función tensa, seca y que plantea situaciones incómodas para aguijonear al espectador sentado en una silla que, a poco de empezar el espectáculo, se le va haciendo cada vez más dura. Y es que Sed plantea un tema tabú, incluso en una sociedad en la que parece que todo está ya más que hablado. Y este tema es la pedofilia. Y cómo un hombre puede plantear ante su pareja la atracción por menores y la manera de intentar afrontarlo (o no).

Sed es, ante todo, una función valiente y áspera, a pesar de su envoltorio escenográfico con coloridos bloques gigantes de lego. Una función que hurga en uno de los rincones más oscuros de las parafilias. Ya sólo por eso, merecería la pena acercarse al Teatro Lara, ya que la función desde luego sirve como revulsivo e incita al espectador a plantearse cuestiones incómodas.

En cuanto a la implicación del espectador en la historia (más allá de la dificultad de identificarse con el protagonista, claro está) hay otra dificultad. La primera, que resulta complicado aceptar que un hombre le pueda confesar eso a su mujer. Pero incluso una vez superado esto, resultan extrañas las reacciones de este personaje femenino (preocupada casi más porque no entiende que su marido prefiera a los niños sexualmente hablando antes que a ella). Sobre todo en un margen de tiempo tan breve como en el que se desarrolla la acción. En este sentido (y esto ya es una opinión completamente personal) me resultaba muy difícil creerme lo que me estaban contando en la función.

Aparte de esto, Sed ofrece dos interpretaciones muy interesantes de la mano de Mariano Rochman, con un personaje atribulado pero controlado, casi él mismo como un niño bloqueado sin saber muy bien qué hacer ni cómo evitar esos impulsos contra natura (ahí está el gran interés de la función: cómo presentar a un personaje de estas características, calificándose él mismo como un monstruo, sin intentar juzgarlo a priori), y Sauce Ena, que transita como en una montaña rusa a través de multitud de procesos y estados de ánimo en un papel de gran calado dramático.

En definitiva, un función incómoda y arriesgada de la que se sale con mal cuerpo. Y que se queda rondando en la cabeza durante largo tiempo. Y ya sólo conseguir algo así en los tiempos en los que estamos tiene un mérito innegable, la verdad.

Sed