3 noviembre, 2017. Por

Saura(s)

Guía sobre cómo radiografiar a un creador impenetrable e infranqueable
Saura(s)

De un lado, un director con la difícil tarea de realizar un documental profundizando en los sentimientos y la facción más íntima y privada de una gran figura del cine. Del otro lado, esa gran figura, prestándose a participar en ello, abriendo las puertas de su casa y dejándose “entrevistar” en encuentros con sus siete hijos, pero sin dar grandes respuestas, cerrándose en banda cuando estos intentan hacer que hable sobre sus sentimientos.

¿Cómo se puede desmontar a Carlos Saura, penetrar en su intimidad, narrar su historia, hablar de sus amores, de su figura como padre, como amante, como director, como artista; si él no está dispuesto a dejarse ni abrirse y se nos presenta impenetrable, inclaudicable, hermético hasta decir basta? En el caso de Félix Viscarret, su maniobra para conseguir hacer este documental con esas líneas rojas de base (que se habrá encontrado por sorpresa… ¿o no?) sobre Saura es bastante atípica: una suerte de cruce entre cine documental, historia metatextual de cine dentro de cine y hasta de convivencia a lo Gran Hermano, trasciende absolutamente todos los géneros para pararse ante la coraza del director de La caza, Cría cuervos… o Deprisa, deprisa.

“La capacidad de Saura para evitar los mordiscos a su intimidad acaba dibujando una especie de comedia surrealista, de “ensayo sobre una película”, imponiendo incluso una narrativa dentro de otra narrativa cada vez que Viscarret rompe la cuarta pared y entra en el set del rodaje”

 

Esta pareja de baile compuesta por Félix Viscarret y Carlos Saura acaba bailando sin bailar, tirando del curioso y caótico seno familiar (siete hijos: entre algunos se llevan más de veinte años), en un atípico documental que, por momentos, y en palabras del propio Saura, juega incluso con la idea de ser “una película de ficción donde todo es mentira: hay alguien que se parece a un tal Saura, pero no soy yo”; pero que acaba tocando con la profundidad que el icónico cineasta aragonés permite, cuestiones como la paternidad, el romanticismo, los afectos, el método de trabajar y, sobre todo, la nostalgia, la memoria y el recuerdo, algo de lo que Saura escapa a toda carrera cada vez que se le trae un extracto de alguna de sus películas, alguna fotografía de hace años o incluso alguna anécdota.

Félix Viscarret parte la baraja de lo que será la serie de (seis) documentales Cineastas contados, en los que realizadores jóvenes (o “contemporáneos”, llamemos a Daniel Sánchez Arévalo, Jonás Trueba, Virginia del Pino, Borja Cobeaga y Javier Rebollo) radiografiarán con sendas películas documentales a algunos de los realizadores más icónicos de la historia del cine español, desde Basilio Martín Patino a Francisco Regueiro, Enrique Urbizu, José Luis García Sánchez o Pedro Almodóvar.

“Una suerte de cruce entre cine documental, historia metatextual de cine dentro de cine y hasta de convivencia a lo Gran Hermano, trasciende absolutamente todos los géneros para pararse ante la coraza de Saura”

 

En Saura(s) no conoceremos a Saura como conocerías a cualquier otro cineasta del que se realiza una película documental. Conocerás trazas de él, maneras, ciertos modismos. Y detrás de esa especie de semblante serio que le da un plató prácticamente a oscuras, silencioso, con charlas de apariencia íntima entre uno de sus hijos y él, la capacidad de Saura para evitar los mordiscos a su intimidad acaba dibujando una especie de comedia surrealista, de “ensayo sobre una película”, imponiendo incluso una narrativa dentro de otra narrativa cada vez que Viscarret rompe la cuarta pared y entra en el set del rodaje sin dejar de grabar, recriminando cosas o intentando llevar la narración del film por diferentes derroteros, construyendo en una especie de work in progress con un movimiento impredecible una mirada casi tan personal como la del retratado.

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