9 octubre, 2018. Por

Saul Leiter: In Search of Beauty

Cómo alcanzar la intimidad con un pintor-fotógrafo a través de su obra
Saul Leiter: In Search of Beauty

Fue un referente de la fotografía urbana neoyorkina, una de las ciudades más policromáticas del mundo. Hijo de un importante rabino talmúdico, comenzó su educación como rabino en Cleveland y al mismo tiempo, logró cierto éxito como pintor. Saul Leiter comenzó su obra en blanco y negro, pero hacia la década de los cincuenta comenzó a trabajar en color como un auténtico pionero, cuando ningún fotógrafo serio se interesaba en el cromatismo. Y es que los pintores-fotógrafos son los mejores, porque saben mirar el color como nadie.

Esa mirada especial es lo que destaca en la fotografía en color de Leiter. Lo escondido, la sombra, la luz de la penumbra que envuelve todo entendiendo el color como una forma de blanco y negro. Ahora, la exposición In search of beauty, que podrá verse en la Fundación Foto Colectania hasta el 21 de octubre, ilustra todas las facetas del autor norteamericano durante seis décadas.

«Las instantáneas de Leiter son fotografías donde el espectador se transforma de pronto en un compinche del fotógrafo y logra una intimidad especial con él»

Muchos grandes maestros, entre ellos el mismísimo Cartier-Bresson eludieron el color; sin embargo, Leiter hizo del cromatismo su marca personal que combinaba con sus encuadres naturales, reflejos y esa constante revelación de  sí mismo como un fisgón que merodea por la calle oculto entre las sombras. Las instantáneas de Leiter forman un imaginario habitado por reflejos, gotas de lluvia, taxis amarillos, marcos de puertas, escaparates, rojos vibrantes… son fotografías donde el espectador se transforma de pronto en un compinche del fotógrafo y logra una intimidad especial con él. Y esto ocurre porque Leiter utiliza la fotografía, no como medio narrativo, sino como una forma de ver, inmortalizar e interpretar momentos.

Hay momentos de amor, de deshumanización de la ciudad y de personajes encuadrados en un espacio privilegiado que se convierte sin querer en una imagen para la posteridad. Cualquiera que haya vivido en la ciudad entiende sus fotos: la noche a través de los cristales del coche o del bus después de un día de trabajo, las miradas de los desconocidos…

En todos sus disparos encontramos además atisbos de las sombras de la cultura japonesa. A través de un espejo, de un cristal o de la nieve que cae. Son fotografías deformadas por el día a día, que interpretan esa realidad cotidiana que conocemos tan bien. Sus fotos no nos extrañan. Quizá porque fue menos un fotógrafo de gente que de la percepción misma. Su instinto de pintor le funcionó muy bien para enfatizar la ambigüedad espacial con una paleta rica y cuidadosamente cuidada.

«Sus fotos no nos extrañan. Quizá porque fue menos un fotógrafo de gente que de la percepción misma. Su instinto de pintor le funcionó muy bien para enfatizar la ambigüedad espacial con una paleta rica y cuidadosamente cuidada»

A la manera de Aaron Siskind o Harry Callahan, Leiter capturó las ilusiones pasajeras de la vida diaria con una precisión casi científica, pero que resulta muy poética a la vez. Aunque se puso de moda a partir de la década de los noventa cuando se realizaron varias exposiciones con su trabajo en la Howard Greenberg Gallery, se redescubrió para el gran público tres meses después de morir. El desdén de Leiter por la autopromoción fue uno de los factores que contribuyeron a ese olvido. «Hay una enorme ventaja en no ser importante», decía. Pero también solía decir, y quizá sea la frase que mejor lo defina: “No tengo una filosofía, tengo una cámara”.

Saul Leiter: In Search of Beauty