6 junio, 2017. Por

Russian Red ha vuelto

Cómo vi (y viví) el regreso de Russian Red desde una pajarera
Russian Red ha vuelto

Entré cabreado. Bueno, no entré cabreado, pero a medida que iba subiendo las escaleras hasta la zona más alta del Teatro Fernando de Rojas en el Círculo de Bellas Artes me iban subiendo a la par los colores de la presión del mal de altura y las pocas ganas de ver desde una pajarera un show que se antojaba el reinicio de una de las artistas fundamentales del circuito ¿indie? estatal, esa enfant terrible, huidiza y con ángel escudriñada bajo su álter ego de Russian Red.

Y el cabreo no era por algún tipo de prejuicio u obligación impuesta para ver el primero de los dos pases que daría en dicho teatro el pasado viernes 2 de junio. Iba por otro lado mi cabrero: subirme hasta prácticamente el techo de la sala, en una zona vacía, no me iba a permitir disfrutar de la realidad del directo: vería el directo sin disfrutar de la escenografía, ningún músico me miraría de frente (ni yo a ellos), no podría valorar plenamente el show que Russian Red tendría preparado tras tres años de retiro voluntario. Pero, a pesar de la incomodidad y los malabarismos que los que estábamos en la pajarera del teatro teníamos que hacer para disfrutar del show lo más fielmente a aquellos que ocupaban la zona de butacas y el primer auditorio, todo cambió a los cinco segundos de actuación.

Ataviada con un abrigo de piel y un traje rojo (que luego se cambiaría), como una diva con tanto de folclórica neo-indie como de personaje invisible de alguna de las películas más excéntricas de David Lynch, Lourdes Hernández irrumpía sola en escena, con su guitarra eléctrica y un himno deslizándose en el micrófono: la ya histórica y clásica Cigarretes. Esa conquista inmediata (dos minutos después le caería el primer grito desde el público: «te echamos de menos»), con uno de los registros vocales y timbres más identificables de una artista en las últimas décadas, sería un presagio de que el reinicio mejoraría los últimos coletazos de su carrera cuando la aparcó en 2014 para mudarse a Los Ángeles.

El show, a medio camino entre el teatro musical, el concierto de estándares made in Las Vegas en Madrid Centro, el karaoke cool, el concierto-performance y la galería de curiosidades pop art, impuso una experiencia diferente: una dirección de escena en la que los músicos (una mezcla de antiguos compañeros como Brian Hunt o Juan Diego Gosálvez; y nuevos aliados como –el líder de Rufus T. Firefly y miembro de MuchoVíctor Cabezuelo a las teclas, la actriz Rocío León –que ya había demostrado en ManicPixieDreamGirl su buen hacer para el cante- a los coros y su marido y músico Zach Leigh a la guitarra) y los invitados ocasionales (el también músico Charlie Bautista y el bailarín-performer Adam Carpenter) también hacían las veces de actores y una Lourdes haciendo guiños al impasse de estos años con textos aprendidos, como si de una obra de teatro musical con subtexto desarrollado por una diva redicha (con todo lo bueno y malo que ello conlleva) en proceso de conquista de nuevos frentes se tratase.

Durante la cerca de hora y media de concierto, Lourdes iría perfilando un cancionero centrado en su flamante álbum de versiones Karaoke (premio especial para All That She Wants: su versión más conseguida), pero que también haría hueco a canciones icónicas de su repertorio, sobre todo de Fuerteventura (no faltarían ni Everyday Everynight ni The Sun The Trees, Fuerteventura o The Memory is Cruel) y algunas perlas de Agent Cooper (Michael P y Casper) y hasta aquella canción para Habitación en Roma (Loving Strangers); y demostrando que el cambio y el descanso le vino bien.

Y es que a pesar de que algunos compañeros de profesión reduzcan a «conservador y monótono» este último movimiento, como si llevar a su terreno personal un cancionero que habla no solo de ella sino que demuestra los puntos comunes que su música tiene con las power ballads y los hits de corte easy listening de los años ’80 y principios de los ’90, Russian Red no solo confirmó la necesidad de un álbum así para regresar revitalizada, sino que: 1) ofreció uno de los mejores shows de su carrera; 2) posicionó su propuesta de concierto en unos términos completamente diferentes a los de sus ‘compañeros de circuito’; y 3) opositó, a la vez, como icono musical de su generación y como actriz en potencia.

Ya lo cantó ella en The Memory is Cruel:

Ella no viene a casa esta noche
Ella dice que se ha ido para siempre.
Y te quedas en la casa
Donde ella va a vivir para siempre.

Y el recuerdo es cruel
Recuerda que no hay nadie nuevo
El tiempo no es más que una mentira
Si no viene a casa esta noche.

Pues Russian Red ha venido a casa esa noche. Y ha vuelto mejor que nunca.

Russian Red ha vuelto