23 enero, 2017. Por

Rufus T. Firefly

El ácido lisérgico que mana del alma
Rufus T. Firefly

El reconocimiento tardó cerca de una década, varios LPs y EPs y decenas de conciertos a sus espaldas; pero Rufus T. Firefly han vivido unos últimos dos años en los que, por fin, crítica, público y promotores se alinearon para celebrar al combo de Aranjuez como uno de los grupos indispensables del circuito alternativo.

Ese disco-bisagra fue Nueve. Ahora, tras dos inesperadas bajas en el seno de una banda que funcionaba como una familia, Rufus T. Firefly se rearman, idean un nuevo concepto en su cabeza sonoro (el de la “psicodelia de la naturaleza”: tan lisérgico como progresivo y rutilante) y dan a luz su álbum más ambicioso (y observado) hasta la fecha: Magnolia, motivo por el cual nos reunimos en una cafetería con los supervivientes Víctor Cabezuelo, Julia Martín-Maestro y una de las nuevas incorporaciones a la banda, Miguel de Lucas.

Notodo: De alguna manera es el primer álbum de una nueva era, ya sin Sara [Oliveira] al bajo, ni Alberto [Rey] a los teclados; y con la continuidad de Carlos [Campos] a la guitarra pero con menos presencia y exposición en entrevistas, etc. ¿Ha sido muy diferente el proceso? ¿Ha sido más difícil psicológicamente hacer un disco sin pilares fundamentales en el seno de la banda como ellos?

Víctor Cabezuelo: Sí que es verdad que las salidas de Alberto y Sara nos dejaron un poco trastocados: nosotros siempre hemos sido un grupo de amigos que se juntaron casi sin puta idea de tocar, con las ganas de hacer algo bonito juntos, y que sucediera de esa manera ha sido un poco extraño. Pero también hemos pensado que conocemos a mucha gente que se dedica a la música, muchos de ellos muy amigos, que podían hacer que se mantenga el espíritu original de la banda y cambiar a gente querida por gente igual de querida. Y hemos metido a tocar a Rodrigo [Cominero] que es un amigo de Aranjuez y a Miguel [de Lucas] que es un musicazo súper contrastado [NdeR: es bajista de Mucho y fue bajista de The Sunday Drivers, entre otros] y además se ha hecho dueño de la banda (risas).

Miguel de Lucas: Víctor y yo tocamos en Mucho, y ya hacía tiempo que veníamos hablando porque estaba preocupado porque sabía que Sara se iba a pirar y que Alberto se había ido, y aunque tenían ganas de seguir no sabían bien por dónde salir. O al menos esa es la visión que yo tenía desde fuera. Y cuando me mostró las maquetas del disco en el que ya habían trabajado Sara y él, estuve encantado de formar parte del proyecto. Además, al compartir banda y oficina de contratación [Emerge] fue todo mucho más fácil y familiar. Desde el primer momento me he sentido muy acogido y muy querido.

No hay ningún talento en ningún artista, sólo obedece órdenes: es un médium

Notodo: ¿Y os habéis planteado hasta qué punto Rufus T. Firefly puede seguir siendo Rufus T. Firefly sin pilares fundamentales? ¿Hasta qué punto una marca puede seguir teniendo ese “sello de autenticidad”, de algún modo?

Víctor: Lo que pasa en Rufus es que compositivamente siempre he estado yo al frente, y el resto aporta su personalidad, su impronta. Pero hemos hecho lo mismo que hacíamos antes, aunque ahora con personas diferentes: no digo que sea ni mejor ni peor, pero ahora se puede ver la personalidad de Miguel en el bajo a saco, por ejemplo, sin seguir el patrón anterior de lo que hacía Sara, sino vistiendo las canciones a su manera. Y me parece positivo que cada persona que participe en el proyecto aporte su luz.

Miguel: Yo creo que Víctor ya había ideado un disco que cambiaba algunas cosas de la forma de los últimos discos de Rufus. No digo ni que sea mejor ni peor que lo que hizo antes, pero yo al escuchar las maquetas escuché algo con lo que estaba familiarizado en Mucho, del que formamos parte ambos y del que él en el último disco aportó muchísimo: esa psicodelia espesa que no es tan fácil de gestionar. Yo tengo un defecto terrible, y es que soy un bajista que sólo sabe hacer una movida, pero esa movida que sé hacer la hago medio bien. En este disco se nota mucho que Julia se ha empapado del setentismo, que hay una pegada diferente, y entiendo que muchas veces es difícil que un músico se adapte a ciertos cambios de tercio: es otro lugar musical. A lo mejor ese cambio iba muy ligado al sonido de Magnolia, que es muy particular.

Julia Martín-Maestro: A nivel personal o sentimental sí que creo que hemos estado muy unidos al concepto de ‘grupo’, con una relación muy intensa, casi familiar. El cambio ha sido más a nivel personal que profesional; pero ha permitido que lo profesional evolucione de una forma diferente, para poder ocupar esas carencias emocionales que podíamos tener a nivel personal como grupo en esos primeros momentos del impacto del cambio tras tantos años juntos trabajando. Y creo que ha sido positivo, porque no nos hemos estancado, que es el miedo que nos daba. Hemos cambiado el chip.

Notodo: Es el disco siguiente a Nueve, que es un disco bisagra, donde llegasteis a sitios donde antes no llegabais o costaba más. ¿Habéis trabajado con la presión que da la expectación?

Víctor: Había mucha presión pero a nivel interno: yo escuchaba de repente cosas que pasaban en Nueve y me preguntaba cómo coño habíamos hecho eso. Todo el rato tenía en la cabeza dar un paso adelante, hacer un disco mejor, y ha sido un proceso de volverse muy loco: cada canción tiene ocho o nueve demos diferentes, y es una bestialidad.

Julia: Al final cuando tienes un problema a nivel personal o se te va alguien importante lo centras todo en lo profesional. Y esa especie de “tristeza buena” está impregnada en esas horas de curro que se nota que tiene el disco.

Miguel: A mí me parece un acto muy valiente el no pensar en ese patrón de canciones que tan bien habían funcionado en Nueve, quitarte el corsé antes de que te lo pongan, y hacer la frikada que tú quieres hacer, y luego ya se verá cómo se lleva a la práctica. Y para mí es un ejercicio de honestidad total querer hacer lo que te da la puta gana y como tú sientes que ves la música. Incluso a pesar de que sean canciones con un componente tan progresivo y espeso. Yo creo que los discos molones se hacen con presión pero también con libertad.

Queremos defender las cosas maravillosas que hay en el mundo a pesar de que seamos una especie horrible

Notodo: Decís que el disco es un alegato “en defensa del arte, el amor y la naturaleza”. ¿Es el leitmotiv de Magnolia? ¿Es un disco de concepto, con una narración definida?

Víctor: Se cuentan diferentes historias, y todas tienen que ver con lo que has dicho. Me di cuenta que en los discos anteriores estaba todo el rato quejándome de todo y diciendo lo jodido que estaba todo el rato, y qué mierda de vida y desplegando mis inseguridades… No creo que en los otros discos estuviera equivocado, pero también que después de diez años cantando a esas cosas no he conseguido cambiar nada: ni de mi vida ni del mundo. E igual es que no podemos cambiar nada, pero sí intentar ofrecer cosas bonitas al mundo. Y yo quería defender las cosas maravillosas que hay en el mundo a pesar de que seamos una especie horrible: también somos capaces de hacer obras de arte y de querernos. Y eso es lo que quería ensalzar.

Notodo: Habláis de una “psicodelia de la naturaleza” y mencionáis a García Lorca como uno de los capitanes conceptuales de eso. ¿Dónde se ve el elixir lorquiano en este disco?

Víctor: Lorca es uno de mis poetas favoritos y lo he leído mogollón, y al final siempre algo se queda de lo que lees. Hay una frase muy significativa de él, que dice que los artistas somos como una especie de médium que la naturaleza utiliza para poder explicar su grandeza. Y nada más: no hay ningún talento en ningún artista, sólo obedece órdenes. No sé cómo han salido estas canciones, y si me pongo a pensar no sé cómo he hecho ninguna canción en mi vida. Dar paseos por los Jardines de Aranjuez o el monte de El Bierzo me dan algunas claves de lugares que creo que me han resultado inspiradores para que se dispare algo que me mueva a hacer canciones y a hablar de las cosas bonitas.

Notodo: Hablando de la idea de médium, entre otras metáforas tú utilizas “la pegada de John Bonham” para explicar el amor, por ejemplo…

Miguel: Es una manera de acercarte a momentos conmovedores, utilizar a símbolos como adjetivos.

Víctor: Son cosas que te han hecho llorar de felicidad. Es como el amor, que no se puede explicar. Me recuerda a un capítulo de Los Simpsons en donde Homer le dice a Marge: “eres tan guapa como Leia y tan lista como Yoda” (risas). Yo hice un poco lo mismo.

La música no está en los festivales: está en los garitos

Notodo: Ahora que traes a Los Simpsons… en el disco hay muchos guiños a la cultura pop: desde canciones dedicadas a Jeff Buckley como referencias en letras que van desde Led Zeppelin a Pulp Fiction o Cisne Negro. ¿Hay algo de homenaje a la cultura pop, de canto a las musas?

Víctor: Todo el disco es un homenaje a nuestra infancia y a las cosas bonitas que han pasado por nuestra vida hasta este momento. He intentado hacer un pequeño resumen de cosas muy significativas, como El Halcón Milenario, que marcó mi infancia; Pulp Fiction, que es una de mis películas favoritas; referentes como Totoro… hay un montón de movidas.

Notodo: Me da la sensación de que Conjunto vacío era más duro o más recio; Nueve tenía líneas más limpias y definidas, más pop quizás; y que Magnolia es más lisérgico, como un viaje de ácido. Seguramente aparezca mucho la comparación a Tame Impala en las críticas que se hagan del disco. ¿Habéis trabajado acercaros a patrones concretos, en ese sentido?

Víctor: Hay una canción, Magnolia, que literalmente es eso que dices: un viaje de ácido. O al menos lo intentamos. La idea en realidad del sonido de este disco era mezclar bases setenteras como Led Zeppelin o Pink Floyd con otros referentes contemporáneos de la nueva psicodelia, como Tame Impala, MGMT o Apparat, por ejemplo. Pero era muy importante que la base sonase muy clásico: a unos 70s modernos. Y a partir de ahí fuimos construyendo el resto del disco.

Miguel: Incluso yo veo aires de la Motown: si le metes una pandereta y unas chicas haciendo los coros suena total. Para mí el disco responde al concepto de la psicodelia contemporánea al 100%: en los ’70 se trataba más de meter sitares y recurrir a momentos instrumentales eternos. Ahora es más asequible al oyente la psicodelia. Pero creo que en estas canciones sí hay meneos completamente inesperados: no es estrofa-puente-estribillo, sino que hay giros completamente impredecibles. Es un disco de psicodelia, un álbum de género, pero actualizada y pasada por el filtro personal de la banda. Todo son pajarillos musicales que te sobrevuelan.

Notodo: ¿Echáis de menos que en el circuito alternativo español se tire más de referentes de aquel rock psicodélico, sea Led Zeppelin o Frank Zappa, The Mamas and the Papas, Iron Butterfly… y no tanto de ‘grupos de tendencia’ como Tame Impala, Toy, etc.?

Miguel: Ahora mismo hay una pseudo-tendencia en la que eso está pasando. Un ejemplo del circuito alternativo actual pueden ser Solo Astra: me parecen un grupo muy bestia, que miran más allá. Los Mucho pretendemos hacer eso, también. Hay un grupo de Baleares que no recuerdo su nombre que también tiene un aire de psicodelia tipo Beatles

Julia: Y a nivel internacional grupos como Temples o los Lemon Twigs están haciendo eso, también.

No queremos ser vanguardistas, sino hacer la música que nos sale de dentro

Notodo: ¿Y os sentís identificados en el circuito que os movéis? Veo que grupos como vosotros, Havalina, Pasajero, Neuman… con cadencias más rockeras, estáis metidos en un nicho de indie más suave, más solemne y épico. No sé si estáis cómodos en esa zona o si os gustaría que el rock tuviera circuitos más definidos.

Víctor: Quizás estamos cometiendo el error de pensar que lo que pasa en los festivales es algo significativo de lo que pasa en la música. Creo que no tiene nada que ver. ¿Cuántos grupos puede haber en Madrid? ¿Tres o cuatro mil? ¿Y cuántos tocan en los festivales? ¿Cinco, diez? No creo que los festivales sean algo representativo de lo que pasa en la escena madrileña: creo que en la escena hay grupos de rock flipantes y el problema es que los festivales se convierten en cifras, en empresas que tienen que cubrir un cupo de venta de entradas. Nosotros tenemos la suerte de poder tocar en algunos y lo agradecemos porque te ve mucha gente, pero yo en realidad creo que la música está en otro lado…

Notodo: ¿En dónde dirías que está?

Víctor: La música está en los garitos. Es verdad que cada vez cuesta más dar conciertos en bares y pubs porque las salas tienen que subir el alquiler porque no llegan, tienen que cerrar antes, pagar por una licencia especial, etc, y es una pescadilla que se muerde la cola. Del mismo modo que a lo mejor hay un festival que quizás cuesta 20 € y van 30 grupos y luego la gente no quiere pagar 10 € por ver a cada una de esas bandas en sala. No sé, es una situación complicada.

Miguel: Yo, desde mi experiencia de cuando tocaba en The Sunday Drivers, que tuvimos la suerte de tocar un par de años por Europa, y los festivales en Europa no se centran en un estilo de música: he estado en festivales en Suiza, por ejemplo, en el que podías ver a un grupo de heavy, otro de hip-hop, otro de pop, otro de cumbia. Y en cuatro horas podías vivir esa diversidad y esa convivencia. No digo que haya que hacer un FITUR de la música, pero sí me gustaría que los programadores se empapen un poco más de la calidad musical y no de las cifras de ventas. Sé que es difícil, porque si un solo grupo consigue venderte 5.000 abonos para el festival es una maravilla; pero el festival acaba siendo de ese grupo que lo peta, como satelitelizando el cartel. Y sí que luego estamos otros grupos por ahí, pero somos como “la excepción”, la nota exótica, casi.

Aun así estamos muy agradecidos de poder tocar en festivales. El otro día lo hablaba con El Meister de Corizonas, que me decía: “los festivales nos están salvando la vida”. Pero eso no quiere decir que tengamos que dejar de lado los garitos: ahí está la música.

Notodo: Manu Cabezalí dice que sois “la banda más vanguardista del país”. ¿Hay algo de cierto?

Víctor: Manu nos mira con buenos ojos, no es objetivo (risas). No creo que seamos la banda más vanguardista del país pero sí que somos una banda que siempre mira hacia adelante. Tampoco queremos ser vanguardia ni referentes de nada, solo hacer lo que nos sale de dentro: nos flipa la música, estamos todo el rato buscando grupos nuevos, enviándonos vídeos y cosas entre nosotros…

Después de diez años cantando a cosas que me hacen sentir mal no conseguí cambiar nada: ni de mi vida ni del mundo

Notodo: Seguís trabajando con él, sigue siendo vuestro socio, como un miembro invisible. ¿Os veis trabajando en algún momento con otro productor?

Víctor: No creo. Podría llegar a haber un disco de Rufus con un productor más, pero Manu tendría que estar ahí. Para mí su participación es fundamental: él sabe llegar hacia donde yo le explico con un lenguaje muy poco explícito. Yo le digo “la pegada de John Bonham” y él me dice: “amor” (risas).

Miguel: También hay que decir bien alto que la mitad de la producción de este disco es Víctor: tanto Víctor como Julia, con la maqueta en casa, avanzan muchísimo el sonido del disco. Manu luego le da forma.

Víctor: Manu consigue canalizar toda esa energía y poner algo de cabeza. Simplificar y decirme: “Víctor, de estas 200 pistas de teclado que hemos pasado vamos a meter solo 180” (risas).

Miguel: Y le jode dejar esas veinte fuera, ¿eh? (risas)

Notodo: Las guarda y  saca un disco de rarezas luego.

Todos: (Risas)

Notodo: Trabajar con una alianza fuerte como la que tenéis con Manu es verdad que hace que el crecimiento juntos sea continuo, pero no sé hasta qué punto también puede limitarte no ver más allá de esa fuerza de la costumbre…

Víctor: Sí, es posible. Pero creo que en el momento que veamos que no podamos llegar, y lo digo tanto por Manu como por Dany Richter de El lado izquierdo, el estudio donde grabamos siempre, creo que sumaríamos a alguien en lugar de cambiar; porque creo que hay cosas que funcionan, y funcionan bien: nunca he sentido la sensación ni con Manu ni con Dany de estar condicionándonos en ningún sentido. Escuchar Conjunto Vacío y escuchas Magnolia y no tienen nada que ver, y lo hemos hecho las mismas personas. Creo que podríamos hacer lo que quisiéramos con ellos. Si dentro de dos años queremos hacer un disco de electrónica pura y dura sé que con ellos podré hacerlo.

Los discos molones se hacen con presión pero también con libertad

Notodo: Últimamente habéis mencionado muchos referentes de música electrónica. Hace un rato, mismamente, mencionasteis a Apparat. No sé hasta qué punto hay un movimiento de la banda hacia un sonido más electrónico…

Julia: Cuando la gente me preguntaba cómo iba a sonar el disco yo siempre hablaba de música electrónica. Artistas como Apparat o Four Tet son influencia muy grande: han conseguido que algo que no es real parezca real, como es el tratamiento de las baterías que hacen. Me parece increíble poder naturalizar cosas electrónicas.

Víctor: Yo creo que Apparat es uno de los grandes genios de la historia de la música con diferencia. Verlo en directo es impresionante: son como ocho personas tocando algo que no tienes ni idea de cómo explicar. Yo creo que Thom Yorke se pone vídeos de Apparat para hacer canciones y copiarlo (risas). Es un flipe.

Notodo: Sigue apareciendo el nombre de Thom Yorke o de Radiohead y sigues siendo un fiel defensor a ultranza de ellos y la crítica sigue mencionando sus nombres al hablar de Rufus T. Firefly. No sé si sigue siendo el tótem, el modelo eterno a seguir para vosotros como grupo.

Víctor: Es uno de ellos y siempre lo será. El año pasado estuve viéndolos en Portugal y fue un arrase: en un sitio inmenso hicieron una especie de concierto de jazz, tocando súper bajito con todo el mundo mudo y era una masterclass de clase y de limpieza a absoluta. Para mí son el ejemplo de bandaza: tienen una capacidad de concentración que casi no existe en el circuito. No me gusta meterme en discusiones en redes, pero a veces hay que salir en defensa de las cosas que te conmueven cuando se meten con ellos.

Notodo: Ahora que sois dos Mucho dentro de Rufus, por más que Martí [Perarnau] ‘lidere’ más esa banda, ¿tenéis muy clara la delimitación de dónde van las ideas para una banda y dónde a otra?

Miguel: Es que los motores creativos de cada banda están muy claros. Es verdad que a nivel arreglos alguna vez hemos identificado cosas de una banda en otra, y hay una especie de coexistencia…

Víctor: Lo guay es que luego podemos pillar las pistas y meterlas en el disco de la otra banda (risas).

Todo el disco es un homenaje a nuestra infancia y a las cosas bonitas que han pasado por nuestra vida

Notodo: Podéis hacer un Muchus T. Firefly (risas). ¿Tenéis pensado hacer un show audiovisual como planteasteis en algunos conciertos de la gira de Nueve?

Víctor: Siempre que podamos por las condiciones del escenario y la sala me gustaría poder plantearlo como una especie de viaje a nivel sonoro y visual: si podemos hacerlo con proyecciones será increíble, y si no trataremos de decorar el escenario de alguna manera bonita como para que la gente durante esa hora y media de concierto se sienta en un sitio diferente.

Notodo: ¿Qué creéis que va a pasar con Magnolia y qué os gustaría que pase?

Víctor: No me gusta tener expectativas de las cosas, sino ir pasito a pasito. Si tengo que pedir algo es que nos permita hacer otro mejor la próxima vez.

Miguel: Yo quiero tocar en todas las ciudades.

Julia: Yo estoy de acuerdo con los dos.

Miguel: Al final, esta profesión que tenemos es pública y notoria: trabajamos para que nos vean. Y no poder llamar a la gente de otras ciudades porque no tenemos conciertos es como si nos capan, nos daría una sensación de angustia.

Gira:
03.03: Murcia. Sala Muzik (Microsonidos)
04.03: Huesca. El Veintiuno
24.03: Córdoba. Sala Hangar
25.03: Toledo. Sala Pícaro
07.04: Zaragoza. Sala Vivalavida
08.04: Segovia. WIC
13-16.04: Benicàssim. San San Festival
22.04: Madrid. Ochoymedio
18.05: Barcelona. Sidecar
19.05: Valencia. Wah Wah
23.06: Isla Cristina (Huelva). Festival AnfiRock
13-15.07: Caldas de Reis. PortAmérica
18-19.08: Burela. Festival Osa do Mar

Rufus T. Firefly