19 septiembre, 2017. Por

Rozalén

Hablamos con la manchega, uno de los últimos fenómenos de la canción española
Rozalén

En cuanto me siento delante suyo y me nota el acento argentino, le quema en la boca: “¿Eres argentino? Pues te doy una exclusiva que no sabe nadie: voy a telonear a Joaquín Sabina en los conciertos que va a dar en el Luna Park”. Veinte minutos después interrumpiríamos nuestra conversación cuando le traen el disco (o “mi hijo”, como ella lo llama) por primera vez y su propio llanto la obligaría a tomarse un tiempo para que retomemos la entrevista.

Rozalén es una niña con zapatos nuevos todo el rato. Normal: Cuando el río suena… no sólo es su mejor colección de canciones, sino la más ambiciosa tanto en su dimensión sonora como discursiva. Profundiza en cuestiones especialmente duras de su árbol genealógico (el celibato, la memoria histórica, la violencia de género, el feminismo, ETA…) con una sonrisa que suena a quejío (y viceversa), trazando un puente entre la España que se mira desde dentro del corazón y a kilómetros de distancia.

Nos sentamos con la manchega para hablar de la dimensión política, progresista y discursiva del disco, pero también acerca de qué hace una chica como ella en una industria como ésta.

“Si voy con la violencia de cara no me van a escuchar: lo que yo intento es que haya un diálogo, que podamos hablar y debatir sobre estas cosas”

 

Me parece un disco más reflexivo, y en realidad no hay muchos ramalazos a ese aire “circense” con el que se definían algunas de tus canciones, o esa idea de “buenrollera” que se tenía de ti. ¿Por qué te salió un disco tan profundo?

Porque las historias que hay detrás son muy potentes. Hay historias que no me las puedo tomar con guasa. Por eso aproveché las canciones de amor y desamor echar un poquito más de cachondeo. He intentado que se respire el buen rollo, pero no tanto como en los anteriores porque yo ahora estoy más madurita, también (o eso espero) (ríe). Pero tocaba temas más serios y ha sido más complicado sacar el lado positivo en algunos temas.

Viendo las conversaciones con tu abuela y los temas que tratas con ella, parece como si el disco fuera un documental tanto de tu árbol genealógico como de la historia de España. ¿Estaba esa idea?

No lo buscaba, pero se ha dado así. Las historias en las que son protagonistas mi abuela o mis padres son historias que ha vivido la gente de este país también: somos el segundo país del mundo con más número de desaparecidos, aunque no se hable de eso, y es normal que en muchas familias hayan vivido algo parecido a lo que canto yo en Justo; luego, el tema del celibato es algo más universal, pero hubo una época, en la que le tocó a mi padre y que yo canto en Amor prohibido, que era más duro de vivir.

Pero sí, sin quererlo, y aunque yo me pusiese a contar mi historia, me he dado cuenta de que estaba contando también la historia de buena parte de la población española, y que somos una misma cosa.

¿Es la de Justo la historia más dura a nivel familiar de las que cuentas y cantas? Con ese: “calla, no remuevas la herida, llora siempre en silencio, no levantes rencores, que este pueblo es tan pequeño”. ¿O quizás Amor prohibido, por venir precisamente de ese amor?

Ya he estado probando cantar en directo canciones como Justo o Amor prohibido y me cuesta un cojón. Me costó mucho componer también la de El hijo de la abuela: es un tema tan delicado y una historia tan rara de explicar que tuve que darle mil vueltas, he empollado mucho sobre el principio de ETA, sobre lo que ocurrió… no está contado casi en ningún sitio. Mi abuela me contó mucho, Miguel también… pero he intentado darle un montón de vueltas para no hablar del tema político y contar sólo la historia personal para que cada uno saque sus propias conclusiones.

“Somos el segundo país del mundo con más número de desaparecidos, aunque no se hable de eso: es normal que en muchas familias hayan vivido algo parecido a lo que canto yo en Justo”

 

¿Y crees que has conseguido esa neutralidad? Hablando de un etarra no es fácil que el oyente no intente ver un posicionamiento… ¿No tienes miedo a malas interpretaciones?

Si hay malas interpretaciones es porque no han escuchado todo el disco. Las canciones de temas más delicados las he hecho más pensando en quienes no piensan como yo que los que sí piensan como yo; si no, hubiese sido más punky, pero quiero contar la historia de modo tal que la pueda escuchar alguien que no piensa como yo. La de Justo se la he cantado a gente que no piensa como yo y han llorado como perras: quiero precisamente eso, porque si voy con la violencia de cara no me van a escuchar, y lo que yo intento es que haya un diálogo, que podamos hablar y debatir sobre estas cosas.

Mi familia ya de por sí es muy rara, porque es una familia muy católica y tradicional pero también hay ideas muy progresistas. No quería meterme en política directamente aunque soy consciente que al cantar sobre estas cuestiones estoy haciendo política. Está hecho todo con un montón de respeto y amor para que no me cierre la puerta nadie.

¿Es La puerta violeta la canción que releva aquella Malo de Bebe a nivel popular? ¿Hace falta hacer canciones que a la vez denuncien y reconstruyan problemáticas como las de la violencia de género y que se le dé mayor espacio mediático?

La puerta violeta quizá es más sutil, menos guerrera que el Malo de Bebe. Yo soy súper fan de Bebe y ha hecho muchísimo bien por la mujer y por las cantautoras de otro perfil; pero yo con esta canción quería entrar más en el feminismo y no sólo en la denuncia sobre el maltrato. Hay muchas imágenes que te pueden llevar a muchos sitios: hablo más de la represión que de los golpes. La canción nació de una vivencia personal, de una regresión consciente, y mi cabeza me llevaba a esas imágenes y acabé viendo la metáfora perfecta ahí.

Además, la canción es muy pegadiza, y sí que puede ayudar a que se cante mucho. También creo que hay cada vez menos miedo a hablar de feminismo, y que la gente ya lo va entendiendo como sinónimo de igualdad: lo contrario de machismo es hembrismo. A mí me encantaría que las adolescentes vayan siendo conscientes de algunos tics que sigue habiendo en el amor romántico, y que esta canción sirva para educar. Es una manera de que se comiencen a preguntar cosas, al menos de manera muy sutil.

En los últimos tiempos ha habido algunas figuras muy mediáticas haciendo comentarios algo desafortunados. Y quizá sin mala intención, sino más bien por desconocimiento, por no tener tan interiorizado el significado de feminismo… ¿No crees que por culpa de estos mensajes erróneos o por una mala utilización del feminismo como logotipo de camisetas de H&M puede acabar teniendo interpretaciones ambiguas?

Sí, creo que eso pasa y que aún hay conflicto en los términos, pero sí que pienso que cada vez hay más posicionamiento, y que hay mucha gente que es feminista y no lo sabe. Si ya estuviera todo hecho y no muriesen asesinadas tantas mujeres quizá no sería necesario alzar tanto la voz. Pero no puede ser que en 2017 sigan pasando estas cosas, en un país que se supone que estamos avanzados a muchos niveles como es España. Trabajar desde la igualdad es feminismo: debemos ser feministas si queremos evolucionar.

“Trabajar desde la igualdad es feminismo: debemos ser feministas si queremos evolucionar”

 

Hablando del sonido del disco, hay canciones como Respect en un rollo drum’n’bass, o El hijo de la abuela parece un cruce entre el rap de Ana Tijoux y el sonido de Juanes. ¿No tienes miedo a que quien se acerca por tu faceta más cancionista le choquen giros así de radicales? ¿O crees que quien quiero a Rozalén la tiene que querer por su capacidad de ser radical sin perder sus marcas de agua?

Quien me considere sólo melódica o cantautora buenrollera es que no ha escuchado a fondo mis discos anteriores. Siempre hemos jugado con muchos sonidos. A mí me encanta la música urbana, el hip-hop, estudio y canto muchísimo la rítmica de los raperos, aunque desde el respeto.

Somos una banda sin prejuicios: estamos tocando tanto en festivales punkis como en eventos de Cadena Dial. Me gusta que de Rozalén te puedas esperar cualquier cosa. Encima yo, que vengo de la musicología y la musicoterapia, la música para mí es todo: me vale coger un ritmo de reggaetón con una letra feminista y luego cantarte una Violeta Parra y luego una de drum’n’bass: busco sorprender todo el rato. Que quede claro que no sé ni lo que voy a hacer en el futuro.

Has hablado a veces de ese concepto de ‘ciudadana del mundo’ en vez de ‘marca España’. Recuerdo incluso una entrevista en la que dijiste que Sabina te había definido como “la nueva Chavela Vargas”. ¿Hay algo de cantora universal, de Torre de Babel sonora?

Sí, puede ser; pero si bien a mí se me ve mucho de esa influencia de la música latinoamericana porque la consumo a saco, pero yo tengo mucho del folclore español: yo empecé tocando la bandurria, las jotas manchegas me las sé a saco y lo llevo por bandera, hablo mucho de mi tierra manchega… Las banderas me parecen una estupidez enorme: a mí me gusta presumir tanto de mi tierra como de la acogida que tengo en México o en Argentina. Yo voy a intentar tirando de mi raíz y seguir aprendiendo de todo lo que voy a conocer.

“Me la pela ser número 1: yo quiero una carrera de fondo”

 

Es verdad que en tu voz está ese quejío medio coplero, ese llanto que se rompe en canciones como Amor prohibido, por ejemplo. ¿Por dónde dirías que te sale más esa raíz, ese arraigo a la tierra?

Tengo algunos giros que la gente me dice que si es flamenco, pero como le tengo tanto respeto y amo tanto al género nunca diría que hago flamenco. Tengo alguna cosita que sí puede ser coplera porque mi madre me cantaba mucho de pequeña y yo empecé cantando copla; pero creo que de lo que más tengo es de folk manchego, de las jotas, que es una manera de cantar súper de raíz. Y al tratar los temas sí que se me ve mucho el humor de mi tierra: los manchegos somos muy sarcásticos, nos busca buscarle ese tono a todo.

Antes mencionabas la versión de Volver a los 17, de Violeta Parra. Hay una frase que dice “al malo solo el cariño lo vuelve puro y sincero”. ¿Crees en eso, en la redención como elemento rehabilitador?

Sí. De hecho, si tuviera que elegir una frase de esa canción elegiría esa. Incluso hace unas semanas, después de lo que pasó en Barcelona, compartí la canción de Girasoles y me acordé de esa frase: no quiero tener pensar que el mundo es una mierda y que sólo hay gente mala. Cada vez que alguien se acerca a ti con un acto feo hay un por qué detrás. Es verdad que nadie nos tenemos que comer las mochilas de nadie, pero hay un por qué detrás de cada cosa. Y por lo general tiene que ver con la falta de amor y de cariño. Entiendo que también hay gente que, por mucho que le des, hay un momento en que tiras la toalla. Pero creo mucho en esa frase y en eso que dices del “poder rehabilitador del amor”.

Uno de los “invitados” es Pepe Mujica, en una de las canciones más críticas y reconstructoras del disco, Girasoles. ¿Es el político-modelo que tienes? ¿Te representa más él que los movimientos políticos de aquí o hay alguien que aquí te despierta un sentimiento similar?

Aquí conecto con bastantes políticos, pero con Pepe Mujica, si bien hay cosas que no me gustan de lo que hace, tiene algo que me cuesta mucho encontrar en la clase política: cuando habla, me lo creo. Y además él lanza mensajes que tiene mucho que ver con las maneras de mi abuela. Sé que en Uruguay hay mucha gente que no piensa como él o que no le tiene cariño; pero puse su discurso también porque como siempre se critica a los políticos, me gustaba poner una frase de un político de ahora que es buena, y que es constructiva.

“Pepe Mujica tiene algo que me cuesta mucho encontrar en la clase política: cuando habla, me lo creo”

 

¿Ves a tu abuela en Pepe Mujica?

Hay cosas que sí: su manera de hablar, de vivir la vida, de acariciar el perro cuando le hacen las entrevistas. Me lo creo. Y me gusta que el simple hecho de la intuición que tengo de lo que creo que representa me alcance para que me sirva como ejemplo.

Recuerdo que cuando empezó el “Fenómeno Rozalén” decías que te había pillado por sorpresa. Y también decías que era muy difícil ser coherente con todo, mantener un discurso progresista y estar en una casa discográfica como Sony, que se identifica con la mecánica más capitalista de la industria. ¿Te sigue gustando o te has ido acoplando? ¿Hasta qué punto te es complicado y te cuesta convivir con ello?

Ser coherente en esta vida con el sistema que hay es imposible: no tendría un iPhone, no comería en determinados sitios… es casi imposible. Pero sí que creo que con las herramientas que tengo ahora mismo sí me siento feliz y me siento coherente: duermo tranquila. Es cierto que está Sony Music, es RLM, está Universal… son multinacionales, pero yo trabajo con personas que están entusiasmadas con mi proyecto y empujan para que yo llegue donde quiero.

No me arrepiento en absoluto de haber firmado. Yo sigo cantando en la calle, además, y ellos en ningún momento me han cortado las alas: me dejan como palomita suelta. En ningún momento me han puesto líneas rojas para que hable de lo que quiera o apoye el proyecto que quiera. Cuando llegué aquí con estos temas creía que me iban a matar; y lo que me encontré es a gente diciéndome que me apoyaban con lo que yo quisiera y que fuera adelante con todo.

Es verdad que en las últimas semanas te dejaste ver por sitios en donde te fogueaste al principio: salas como Libertad 8 o el festiva de la canción del Campo de la Cebada.

Siempre que puedo hago conciertos en lugares pequeñas, voy a ver a mis colegas, tiro de colaboraciones con mis compañeros de siempre… Estoy muy bien rodeada y creo que queda muy demostrado que no se me ha ido la cabeza.

“Las banderas me parecen una estupidez: me gusta presumir tanto de mi tierra como de la acogida que tengo en Latinoamérica”

 

¿Y tienes nostalgia de ser una artista con menos presiones, de poder tocar mirando a la cara a un metro la expresión de la gente?

Sí, un poco sí. Por eso en cuanto surge la oportunidad vuelvo a tocar en sitios así. Pero estoy muy agradecido con lo que me está pasando. Lo que sí echo de menos es tener más tiempo para hacer las cosas que hacía antes de manera anónima; pero sigo yendo a manifestaciones, sigo siendo activista y ahora como tengo más altavoz no paran de llegarme ONGs y asociaciones benéficas para que apoye su causa. Todo lo que puedo hacer lo hago.

¿Te has sentido utilizada (aunque sea en el buen sentido) por estas organizaciones benéficas?

Es que me utilizan, claro. Me quieren utilizar porque consideran que gracias a mí pueden conseguir llegar a tener mayor alcance en sus reclamos. Yo entiendo que sea así. A veces miro el WhatsApp y veo a veinte personas pidiéndome cosas, y echo un poco de menos cuando no era solo para eso. Pero entiendo que es el momento, y me lo piden porque ahora estoy en el punto de dar yo. Sí que me gustaría que a veces me preguntaran más cómo estoy yo, pero sé que el lugar que ocupo ahora es el de intentar dar más yo.

“No quiero tener pensar que el mundo es una mierda y que sólo hay gente mala. Cada vez que alguien se acerca a ti con un acto feo hay un por qué detrás”

 

Este año celebraste la segunda edición del LeturAlma en tu pueblo de Albacete. Hablas de “fomentar la vida en el mundo rural”. ¿Está viéndose efecto, crees que el público está más concienciado?

Creo que sí. En el pueblo me lo dicen, además. Afortunadamente el festival se ha llenado estos dos años que se ha hecho, pero también ha crecido un poco el turismo el resto del año: mucha gente que no conocía la Sierra del Segura, aunque sólo sea por la excusa de que yo me he criado allí ha empezado a ir. Yo quiero creer que no me lo dicen para quedar bien, que es en serio. Pero la putada es que la gente no se va a vivir allí porque no hay centros de salud, el colegio tiene muy pocos niños… No sé de qué manera se podría hacer más: pero que haya más turismo es un adelanto.

¿No se han acercado grupos políticos para articular algún tipo de propuesta de la que tú formes parte?

Por ahora no. Lo que hacen es no darme problemas y me lo facilitan todo. Pero el primer año puse yo el dinero, y este segundo puse una entrada, pero la que invierte soy yo: porque me apetece y me lo puedo permitir. Pero claro, mi pueblo es uno de los más endeudados de España. Pero a las administraciones les interesan otras cosas.

“A veces miro el WhatsApp y veo a veinte personas pidiéndome cosas, y echo un poco de menos cuando no era solo para eso”

 

¿Te pesó el hecho de ser número 1 para componer el nuevo disco? ¿Hubo presión?

Es que lo del número 1 es un poco virtual, también. Este mes, por ejemplo, hay mil lanzamientos que pueden serlo. Y el objetivo no es eso, no creo que vayamos a serlo. Entiendo que para el departamento de marketing es buenísimo y que ayuda a que se venda más, pero a mí me la pela ser número 1: yo quiero una carrera de fondo. Quiero que el disco se compre durante tiempo y que las canciones lleguen.

¿Crees que tus canciones son imperecederas, y que dentro de 20 años su valor discursivo seguirá teniendo actualidad?

Me encantaría que así fuera, trabajo para ello.

Hace unos días se puso en circulación un manifiesto para que el Ministerio de Cultura proteja a los autores y se “refunde la SGAE”. ¿Has firmado? ¿Qué modelo es el que más te gustaría?

No la he firmado porque ni me enteré. En ese sentido soy súper torpe con esto porque no sé ni lo que está pasando ahí dentro: me cuentan cosas de un lado y de otro, y debería preguntar más porque son mis derechos, pero lo que está clarísimo es que algo gordo falla ahí y hay que cambiarlo, y me parece muy bien que la gente se haya puesto la pila. En cuanto pare un poco con toda la vorágine del disco me voy a informar porque estoy perdidísima. Lo que está claro es que es muy raro que estemos en el mismo sitio artistas y editores: la competencia juntos.

“Tocamos tanto en festivales punkis como en eventos de Cadena Dial: me gusta que de Rozalén te puedas esperar cualquier cosa”

 

Es curioso que los músicos os estéis uniendo ahora y a raíz de esto. Antes era raro ver a Malú con un grupo indie y un cantautor y un rockero viejo. ¿Echas más de menos más unión en el gremio luchando por derechos comunes?

Sí creo que hay comunicación pero por sectores o “escenas”. Debería haber más comunicación, pero luego mírame a mí: soy la primera que está fallando porque no sé ni lo que está pasando. Necesitamos estar todos uno al lado de otro porque hay que estar ahí.

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