14 febrero, 2018. Por

Rosana

La memoria sentimental de las canciones de acero inolvidable
Rosana

Parece que fue ayer, pero pasaron más de veinte años de la publicación del álbum que pondría el nombre de pila de Rosana Arbelo en el mapa mundial del pop de autor. Más de dos décadas en las que la compositora canaria ni se ha roto ni se ha rajado, sino que ha marcado una línea de canción absolutamente propia, una marca de agua que ha mutado en diferentes direcciones pero que ha mantenido su nombre y su registro como uno de los más importantes para entender la evolución de la canción de autor en español.

Hace unos meses nos reunimos con ella para hablar de En la memoria de la piel, un álbum en el que impone un giro más eléctrico y ecléctico, abriendo un nuevo melón en su sonido, pero persiguiendo ese retrato humano, luminoso, de mirada positiva. Este fin de semana, vestirá de largo este cancionero en el concierto más importante de una gira que ya lleva más de un año pateando escenarios, y que aterrizará el viernes 16 de febrero en el madrileño WiZink Center.

Hablamos con la canaria no solo de este nuevo cancionero y este nuevo giro, sino también de compromiso o neutralidad, de hasta dónde se puede desnudar uno sin desnudar su vida privada y sobre cómo se ve el futuro desde una de las miradas más límpidas de la canción hispanohablante.

“Me tomo los discos como una película: está la historia, que es la canción; y luego está el paisaje en donde se desarrolla. En todas las películas hay algún ‘te quiero’, pero el sitio donde desarrolla nunca es el mismo”

 

Tardaste cinco años en sacar un disco de canciones nuevas. No sé si ese disco de duetos condicionó la espera o si hubo un poco de “crisis de la hoja en blanco”.

No, no, para nada. Sí es cierto que ¡¡Buenos días, mundo!! fue el disco anterior con canciones nuevas; pero cuando sacamos 8 lunas también volví a salir de gira. Y al final, una media de una gira nuestra de dos años y algo no baja… y por eso se dilató tanto la publicación de En la memoria de la piel. Pero, para ponerte un ejemplo: yo acabé la gira de 8 lunas en junio de 2015, y en julio ya estaba escribiendo las canciones, y tardé hasta principios de 2016, que cuando me vi que no tenía nada más que contar y que había acumulado como 50 canciones decidí tirar para adelante con lo que tenía, que ya estaba muy satisfecha.

Podrías haber sacado un Salmón, como Calamaro.

(Risas) Sí, totalmente. Pero no, no me veo haciendo ese tipo de discos ahora mismo…

De algún modo, con 8 lunas recapitulaste, repasaste tu cancionero. No sé si hay que considerar En la memoria de la piel como el primer disco de una nueva era.

No fue algo hecho aposta ni forzado; pero sí te diría que, de manera natural, es lo que ocurrió. La forma de componerlo, incluso, las estructuras y el concepto de producción y de sonoridad del álbum hay un nuevo comienzo. Sé que quedaría de la hostia que hablase de “reinicio” o de algún tipo de “búsqueda conceptual”; pero si ha pasado esto ha sido de forma completamente natural.

¿Cuáles dirías que son los puntuales de esa especie de cambio de paradigma?

Yo destacaría, para empezar, el protagonismo que tiene el sonido orgánico de la batería: prácticamente es un disco a batería y voz, y a partir de ese paisaje se va articulando todo lo demás. Me he comido muchísimo más la cabeza a partir de las cadencias rítmicas y de las posibilidades del sonido de la batería. Hasta ahora, la parte orgánica de mis discos era menos enérgica y menos eléctrica, tirando más hacia la intimidad de lo acústico. Ahora hay mucha guitarra eléctrica de base. Por primera vez en mi carrera creo que hay un equilibrio entre la música orgánica y los sonidos programados, que a lo mejor sí destacaban en otros discos.

¿Este ánimo por incluir cosas nuevas es porque te estabas aburriendo de ti misma?

No. Pero sí que me tomo los discos como una película: está la historia, que es la canción; y luego está el paisaje en donde se desarrolla. En todas las películas hay algún ‘te quiero’, pero el sitio donde desarrolla nunca es el mismo. Y para mí la producción es un poco eso: encontrar dónde se está desarrollando esa historia. Y ese sonido llega por la necesidad misma de las canciones, el lugar donde me han acabado llevando.

“Mientras hay medio mundo intentando hablar de las cosas que nos separan, yo sigo insistiendo en las cosas que nos unen”

 

Supongo que, de todos modos, la ‘marca Rosana’ sigue teniendo memoria, y que identificas cosas adheridas en estas nuevas canciones, por mucho que te hayas abierto a otras.

Sí, por supuesto: toda la parte emocional, sobre todo. Mientras hay medio mundo intentando hablar de las cosas que nos separan, yo sigo insistiendo en las cosas que nos unen. Y creo que ese es el punto de fusión entre la Rosana de antes de En la memoria de la piel y la de después.

Sueles decir que los discos acaban siendo un reflejo de tu estado de ánimo. Tus últimos discos tienen un halo muy luminoso. ¿Realmente corresponde a tu estado de ánimo o consideras que este tipo de canciones más positivas y luminosas forman parte de tus marcas de agua como compositora?

No, yo nada lo proceso por la cabeza: ni la vida ni las canciones. Mi manera de componer es siempre quedándome en pelotas ante el papel en blanco. Nunca pienso en lo que voy a contar: lo cuento y luego soy la primera que se sorprende al ver que me ha salido hablar de determinadas cosas. Realmente mis discos son el reflejo de quién soy yo en el momento en que los hago; o qué es lo que me importa, qué es lo que me emociona…

Sin embargo, sí que siempre has remarcado mucho que quieres salvaguardar tu parcela privada. ¿Cómo consigues desnudarte ante el papel sin que también dejes a la vista ciertas cosas de tu vida privada?

Porque yo en mis canciones hablo de un desnudo integral mío, que es el que me corresponde desnudar, el que decido yo. Luego, yo comparto, como todo el mundo, la vida con un montón de gente que no forma parte ni de mi trabajo ni de mis canciones. Realmente, más que guardar, conservar o proteger mi vida privada, intento sentir que formo parte de la vida y del mundo como el resto de la humanidad: sentir que puedo salir a la calle, ir de compras…

“Más que proteger mi vida privada, intento sentir que formo parte del mundo como el resto de la humanidad: sentir que puedo salir a la calle, ir de compras…”

 

¿Y puedes hacerlo?

Sí, ni lo dudes. Me miran, me guiñan el ojo, a veces me piden una foto y tal, pero si hay una cosa que me encanta es que la gente me da lo que le he pedido. Recuerdo que, al principio, con el boom de mis primeras canciones y tras vender muchos millones de copias de mis discos, mucha gente me decía que me vaya a vivir fuera… pero yo siempre pensé que tenía que hacerle sentir a la gente que yo soy una persona normal, como ellos, pero que un día en vez de ir a la oficina o a la tienda a trabajar, va a dar un concierto a un sitio como Las Ventas o el Palacio de los Deportes. Pero al día siguiente también tendré que ir al supermercado a llenar la nevera. Y eso la gente me lo ha regalado. Es un agradecimiento continuo lo que se me genera. Pero en las canciones la que se derrama soy yo: no meto a segundas personas.

Antes te mencionaba ese carácter positivo o luminoso de tus últimos discos. No sé si en años como los que estamos viviendo últimamente cuesta más encontrar la cara positiva a las cosas.

No, creo que al contrario: cuanto más hay que pelear uno más tiene que sonreír. Si es ficticio no vale. Pero la sonrisa es una línea curva que todo lo endereza. El camino que uno hace será mejor dejando caricias que cicatrices. Eso tiene más que ver con ver siempre el lado bueno, y es algo que tengo en el código genético: en mi casa siempre se ha pensado que lo que no es pa’ bueno es pa’ mejor. Por eso, de manera natural, me regodeo más bien poco en la parte mala.

¿No se te ha achacado mucho en estos años cierta neutralidad política, cierta distancia de las problemáticas del día a día?

No, porque yo creo que he sido honesta también en eso. Mi fe real está en el ser humano. Lo he dicho muchas veces y lo seguiré diciendo: cualquier cosa que divida, a mí no me gusta. En el momento en el que te empiezan a etiquetar y encasillar por haber dicho tal o cual cosa, y no dar permiso de mutar, me parece que mata la vida. Y no es que esté buscando una forma elegante de decir: “no me mojo”.

Realmente me gusta componer a corazón abierto, y lo que realmente me importa, de verdad y por encima de todo lo demás, es el ser humano. Me parece que, en el fondo real, el de las cosas importantes, no somos tan diferentes. No conozco a nadie que lo pellizques y no salte. Muchas veces pienso si la política no se hizo para dividir a la gente, realmente.

“Mi manera de componer es siempre quedándome en pelotas ante el papel en blanco. Nunca pienso en lo que voy a contar: lo cuento y luego soy la primera que se sorprende”

 

Es un mensaje que conecta con esa idea de “amar con carácter urgente” para solucionar los problemas. Tiene un punto hippie e idealista, incluso.

Sí, puede ser. Pero es que el día que uno etiqueta las cosas, las pone a la venta. No me gustan las etiquetas ni siquiera para los géneros musicales. ¡Es música, qué más da! Si te llega y te emociona o si no te llega y no te emociona.

Yo recuerdo que, en tus inicios, algunas de las canciones que más éxito tuvieron fueron las más melancólicas. ¿Hubo algún cambio de chip en algún momento?

Para mí, mis discos, hasta hace relativamente poco, eran como una invitación a mi cumpleaños: y luego estaba mi cumpleaños, que eran los conciertos. Pero un día me di cuenta de que lo que quería es que no hubiera tanta diferencia entre mis discos y mis directos. Cuando me di cuenta de eso es cuando empecé a acercar la sonoridad de una cosa a la otra; y quizá a partir de entonces es cuando se empezó a notar más.

La sonoridad de una guitarra española siempre, por mucha púa que le metas, va a tener ese registro más íntimo y melancólico, le da esa peculiaridad. Pero, por ejemplo, si pillas canciones como No sé mañana de mi primer disco y le dices a los Guns’N’Roses que hagan una versión rockera, no sonaría tan melancólica y bajonera. No es tanto que ahora componga de otra manera, sino que he cambiado el empaque, el sonido con el que visto las historias.

Ya que me trasladas a tu primer disco, aprovecho: ¿en algún momento te ha pesado o perseguido el carácter icónico de tus primeros discos? Sobre todo, el primero, Lunas rotas.

(Ríe) No. Yo soy consciente de que estoy aquí porque todo eso me ha traído hasta aquí: cualquiera de mis canciones, de mis conciertos, de mis encuentros con gente, de mis entrevistas… todo forma parte de lo que soy. Y soy súper agradecida con eso. Pero sí que agradezco mucho cuando viene alguien y me dice: “este es tu mejor trabajo”. A veces hasta me sorprendo yo, porque sí que de manera automática se ha adjudicado a discos como el primero o el tercero una relevancia icónica, como dices.

Hay un anuncio de televisión que me recuerda mucho a esto de lo que estamos hablando: salían dos hermanos, uno de unos 7 años y otro de 4; estaban sentados en una mesa y el más grande tenía un tocho de fotografías y le mostraba fotos de uno y de otro… y el más pequeño tenía menos fotos, claro, y miraba ambos montones de fotos y había diferencia. Y el más grande se dio cuenta, lo miró y le dijo: “no te preocupes, solo es que yo llegué antes”.

Es normal que ninguna canción creada hoy pueda pelear en las mismas condiciones con lo que llevan peleado las primeras. Y aun así, con esas siempre habrá pasado el doble. Por eso no me lo planteo como algo que tenga que superar.

“Es normal que ninguna canción creada hoy pueda pelear en las mismas condiciones con lo que llevan peleado las primeras. Pero no me lo planteo como algo que tenga que superar”

 

¿No tienes ya esa presión de vender discos, de crear un nuevo himno…?

No, ni de coña. Sobre todo, porque cuando llegas a los conciertos y ves que la gente se sabe las últimas canciones, sientes que están haciendo el camino contigo. No creo ni que las canciones ni nada en la vida sean para competir, sino para compartir. Evidentemente mola mucho cuando alguien llega y destaca tu último trabajo; pero nunca como competencia. Aunque pasado mañana este disco venda 23 millones de copias, mis otros discos serán igual o más importantes.

Hay una canción de este disco que me ha llamado la atención, concretamente: Si dejo, que tiene una mezcla de blues, pero también de bolero.

Total, sí. Es una canción que crea una fusión entre ambos palos, yo también es de las que más cariño le tengo de este disco…

¿Es una manera de abrir camino hacia otros lugares que hasta ahora no habías explorado tanto? Como sí lo habías hecho igual con la canción de autor pop o ciertos ramalazos de las músicas latinas.

Sí, completamente. En directo igual sí me permitía más licencias, pero en el disco era menos atrevida. Yo creo que la peculiaridad de esa canción es esa: la melodía es muy abolerada, pero tal y como está cantada la voz, va más al blues.

“Cuanto más hay que pelear uno más tiene que sonreír. La sonrisa es una línea curva que todo lo endereza. El camino que uno hace será mejor dejando caricias que cicatrices”

También me llamó la atención esa Con una hora menos, una mirada a tu tierra canaria. No sé si en tiempos de reivindicaciones, tú también te sientes más canaria que española.

¡No! Yo me siento tan española como canaria; pero sí que salió de manera natural y me di cuenta que andaba poniendo expresiones muy canarias, como “andar del tingo al tango”… pero salió de manera completamente espontánea, salió y ya está. Lo que sí es verdad es que luego, a la hora de llevarla al disco, me apetecía meter un timple canario, que tiene una sonoridad parecida al charango sudamericano.

¿Cómo te gustaría que creciese este disco?

Me conformo con que la gente le dé una oportunidad, que lo conozca. Y una vez lo conozcan, que decidan si le regalan un trozo de su vida o no.

Gira
16.02: Madrid. WiZink Center
09.03: Gijón. Teatro Jovellanos
10.03: Pontevedra. Auditorio Sede Afundación
16.03: Badajoz. Teatro López de Ayala
17.03: Salamanca. CAEM
23.03: Roquetas de Mar (Almería). Teatro Auditorio
06.04: Lugo. Auditorio Gustavo Freire
13.04: Tudela (Navarra). Teatro Gaztambide
14.04: San Sebastián. Teatro Victoria Eugenia Antzokia
12.05: Logroño. Rioja Forum
26.05: Huelva. Gran Teatro de Huelva

Rosana