11 abril, 2017. Por

Rosalie Blum

Una descendiente lejana y defectuosa de Amelie
Rosalie Blum

Vincent (Kyan Khojandi) es un hombre de mediana edad sin historia. La vida se le pasa casi sin sentir en una ciudad de provincias francesa. Es peluquero, cuida de su gato y de su (insoportable) madre que lo tiraniza, tiene un buen amigo, Laurent, y una novia que reside en París con la que cada vez tiene menos lazos y que se está transformado en una especie de figura irreal. Su existencia discurre en un pantano de aburrimiento y depresión. Pero, de repente, se cruza con Rosalie Blum (Noemie Lvovsky), una mujer tan solitaria como él.

Cree haberla visto en otra ocasión, no recuerda exactamente donde, pero está seguro de que la conoce. En parte por hastío vital, en parte por curiosidad, decide investigar un poco. La sigue, y a medida que va descubriendo más sobre el mundo que la rodea, se va sintiendo más enganchado. Lo que no sabe es que Aude (Alice Isaaz), la joven y desorientada sobrina de Rosalie, se dará cuenta de que un desconocido está siguiendo a su tía. Y el perseguidor se convertirá, inadvertidamente, en perseguido.

Rosalie Blum, con sus personajes desubicados, un tanto patéticas y sin rumbo, pretende reflexionar desde esas bases sobre algunos grandes temas -el amor, la mistad, las relaciones familiares-, y en algunos momentos aislados lo consigue. La idea es que el curioso triángulo de los protagonistas forma una especie de cadena destinada a ayudarse los unos a los otros. Son personas que, simplemente, necesitan conectar con otros seres humanos, una segunda oportunidad para reconducir sus vidas.

Este es el argumento, a grandes rasgos, de esta película, adaptación de tres novelas gráficas de Camille Jourdy, ganadora del premio del público del último Festival de Cine de Gijón y debut de Julien Rappenau, hijo de un clásico del cine francés como Jean-Paul Rappeneau, director de Cyrano de Bergerac y El húsar en el tejado. Sin embargo, Rosalie Blum no tiene nada que ver con el cine de aventuras e historicista de progenitor: pertenece a un género también muy francés, la comedia agridulce llena de personajes más o menos estrafalarios con dramas minúsculos, un énfasis en las pequeñas grandes coincidencias, unos pequeños toques satíricos, un humor muy amable y un acabado, por así decirlo, “bonito” (en este caso, incluyen hasta Belle & Sebastian en la banda sonora).

Para expresarlo de forma concisa: Rosalie Blum es una descendiente lejana y defectuosa de ese superéxito que fue la Amelie de Jean-Pierre Jeunet. Una Amelie sin su inventiva, ingenio y capacidad subversiva: donde solo quedan las menudencias y el tono cursi. Es una película agradable, con muchos buenos sentimientos, que no molesta, pero que se olvida con extraordinaria facilidad.

Rosalie Blum