24 octubre, 2018. Por

Romancero gitano

Nuria Espert expande el ‘Romancero gitano’ de Lorca a otra dimensión
Romancero gitano

«Yo hoy quisiera hacerme la ilusión de que estoy en mi cuarto y que ustedes son mis amigos,
porque lo que voy a hacer es decir poesías: carne mía, alegría mía, sentimiento mío.»

Así empezaba García Lorca la lectura de Romancero Gitano. Y así empieza Nuria Espert su recital en el Teatro de la Abadía, guiada por la experta mano de Lluís Pasqual (que, después de las recientes polémicas, parece que vuelve a la sanadora palabra de Lorca como si de un médico se tratara). Y lo que se puede vivir en esta iglesia escénica es una de esas mágicas ocasiones en las que la intimidad se apropia de la sala (en este caso además una tan especial como esta en cuestión) con una conexión muy difícil de explicar.

La Espert se vuelca delicadamente en esta labor no para recitar, sino para INTERPRETAR (así en mayúsculas) los versos de Lorca, utilizando todos los recursos dramáticos acumulados en su no corta trayectoria, transmutándose en diferentes personajes como si de una obra de teatro se tratase (y es que hay poemas como ese misterioso Romance Sonámbulo que precisamente eso es lo que es, nos dicen). Siendo el resultado es uno de esos montajes para el recuerdo que traspasan las almas de los presentes.

«Este ‘Romancero gitano’ es el misterio poético en escena, mismamente, que hace ‘carne nuestra, alegría nuestra, sentimiento nuestro’ las palabras de Lorca«

La puesta en escena de Pasqual es sencillísima, reducida a la mínima y clave expresión, y crea la atmósfera (casi onírica por momentos) idónea, con ese feérico diseño de iluminación de Pascal Mérat y el casi imperceptible, sutilísimo diseño, de sonido de Roc Mateu. Sin olvidar esa fila de butacas en escena, que rompe con la cuarta pared y con la distancia entre escena y patio. Menos es más, desde luego, sobre todo si se juntan unos monstruos de la escena como aquí.

En este Romancero gitano que no tiene más que un solo personaje según sus creadores, que es la pena («La pena que se filtra por el tuétano de los huesos y la savia de los árboles»), la actriz de 83 años (¡83!) desgrana la conferencia de Lorca, su Romancero y anécdotas personales como si estuviera en uno de esos «nidos de teatro» en los que recitaba a Lorca cuando era una jovenzuela. En apenas 60 minutos hay espacio para once de los poemas de este Romancero, algún que otro bonus track (el último de Poeta en Nueva York, «Grito de Roma», hiela la sangre), canciones de Paco Ibáñez, profundas y reveladoras reflexiones sobre el significado de la poesía de Lorca y hasta un popurrí (absolutamente memorable) que repasa algunas de las más famosas mujeres de Lorca (Yerma, Bodas de sangre, Doña Rosita la soltera…).

«En este ‘Romancero gitano’ que no tiene más que un solo personaje según sus creadores, que es la pena, la actriz de 83 años desgrana la conferencia de Lorca, su ‘Romancero’ y anécdotas personales como si estuviera en uno de esos «nidos de teatro» en los que recitaba a Lorca cuando era una jovenzuela»

Pasqual y Espert optan por el camino de la verdad y el respeto al alma y esencia lorquianas a la hora de volver a acercarse al poeta y presentarlo, de la manera más clara y cercana posible, al privilegiado espectador. Pelos de punta. Lo que han conseguido es uno de esos espectáculos que los estás viendo y sientes que son algo grande, muy grande (vamos, que si la Espert se quisiera retirar con esto, muy en lo alto lo haría), a pesar (o gracias a) su sencillez. Este Romancero gitano es el misterio poético en escena, mismamente, que hace carne nuestra, alegría nuestra, sentimiento nuestro las palabras de Lorca.

Romancero gitano