19 diciembre, 2018. Por

Rojo

Un interesantísimo debate sobre el arte como pulsión vibrante
Rojo

Rothko: ¿Qué ves?
Ken: Rojo

Rojo, de John Logan, es una de esas funciones perfectamente escritas y construidas que han dado la vuelta al mundo en diferentes adaptaciones con vítores y premios múltiples (incluyendo unos cuantos Premios Tony). Ahora le toca el turno a la española, en versión de José Luis Collado y dirigida por Juan Echanove, quien sustituyó a Gerardo Vera por un problema de salud (ya solucionado). El mismo Echanove protagoniza la función junto a un Ricardo Gómez que sigue demostrando (después de La cocina o Mammón) que no se ha quedado anclado en su personaje de Carlitos de Cuéntame y que consigue hacer frente a retos de envergadura.

Y es que esta función que gira en torno al encargo que aceptó este artista (punta de lanza del expresionismo abstracto) para pintar unos murales del muy clasista restaurante Four Seasons de Nueva York (con sus dilema ético incluido) es una de esas funciones sólidas como una roca que te coge por las orejas y no te suelta hasta que se apagan las luces. Un duelo dialéctico acerca del amor por arte, las diferente maneras de afrontar la vida, el ocaso y el amanecer de una carrera y mil temas vitales más que llena la sala grande del Teatro Español noche tras noche.

“‘Rojo’ es un interesantísimo debate sobre el arte como pulsión vibrante (como los cuadros del artista) y Echanove consigue dirigir la función acertadamente, sin florituras, dejando el protagonismo a la palabra y la interpretación”

Logan dibujó un Rothko huraño y permanentemente a la defensiva que acepta a un nuevo ayudante/pupilo, con ganas inmensas de vivir y exprimir una carrera como artista en ciernes que a Rothko ya le pesa. Rojo es un interesantísimo debate sobre el arte como pulsión vibrante (como los cuadros del artista) y Echanove consigue dirigir la función acertadamente, sin florituras, dejando el protagonismo a la palabra y la interpretación. En ese taller (perfectamente ambientado) presidido por sus enormes lienzos, lucha contra sí mismo y contra la sociedad, contra las nuevas corrientes que saben que le desplazarán al igual que él y sus coetáneos acabaron con el cubismo. Y tiene miedo. Un miedo palpable ante ese negro que acabará por engullir su rojo.

La interpretación de Echanove es portentosa y consigue transmitir la volcánica personalidad del artista en un tour de force lleno de pasión por el arte (el pictórico y el escénico). Su presencia y absoluto dominio de los tiempos escénicos hace vibrar la función con una entrega que atraviesa el patio de butacas. Gómez, por su parte, como ese joven ayudante, no se amilana frente a su compañero y consigue salir más que airoso del nada fácil reto.

Rojo es ya uno de los éxitos de la temporada y se lo merece. Una obra perfecta en su concepción y ejecución, una función robusta y altamente disfrutable para todos aquellos que busquen vibrar con un teatro de calidad.

Rojo