22 junio, 2017. Por

Rocío Márquez

La última estrella del nuevo flamenco brilla en su propio firmamento
Rocío Márquez

¿Puede convivir la técnica más limpia con el salvajismo más desencarnado? ¿Existen puntos comunes entre la teoría más objetiva y la tradición folclórica más ancestral? ¿En qué punto se puede encontrar el flamenco con cavilaciones más propias de la música contemporánea, la clásica o el jazz? ¿Hasta dónde puede reiniciarse el flamenco?

Rocío Márquez lleva años teniendo respuestas a todas esas preguntas y unas cuantas más. No por nada se la tilda de “revolucionaria flamenca”: su cante va unido no solo al conocimiento y la práctica de un cante de raíz, sino también a sus investigaciones para una tesis doctoral que está redimensionando el espacio de la música tradicional a un nuevo nivel de divulgación y estudio.

De un encargo del Teatro Real para homenajear a García Lorca, la cantaora onubense acabó articulando Firmamento, un disco revolucionario y completamente desprovisto de géneros y prejuicios: un manual de puro movimiento que, además, cambia la mirada individual por una mirada colectiva que no se olvida de reivindicar cuestiones relacionadas con el género, la política y los límites estéticos. Hablamos con ella, que hoy jueves 22 de junio se presentará en el Pavón Teatro Kamikaze como uno de los platos fuertes de la Suma Flamenca.

“No tiene sentido querer seguir con el mismo discurso de hace un siglo: yo he nacido cuando he nacido, he tenido las experiencias que he tenido, no he pasado hambre, no he pasado una guerra, he tenido la oportunidad de estudiar”

 

Hablas de que el disco es una especie de “conciencia sobre la dulce tiranía, esa que desprende los colores de la política, género y estética”. ¿Hasta qué punto es un disco triplemente reivindicativo?

El proyecto surgió a partir de un encargo que nos hicieron en el Teatro Real. Como era una actividad en paralelo a la ópera flamenca que hizo Mauricio Otero sobre Lorca, a mí cuando me llegó la propuesta de homenajear a Lorca me sentí muy halagada, pero me preguntaba hasta qué punto podía aportar mínimamente algo para homenajear a su figura: ten en cuenta que los flamencos se han acercado muchísimo a Lorca y han hecho muchas obras maestras. Por eso pensé recurrir al tema de la tímbrica y los colores, y ahí fue la primera vez que yo actué con Proyecto Lorca, a los que ya había visto actuar con Israel Galván o Tomás de Perrate pero nunca habíamos trabajado juntos. La sensación fue tan buena después de haber hecho eso que nos pusimos a desarrollar la idea. Y es ahí donde empieza todo.

Lo que pasa que es cierto que poco a poco fue basándose en más pilares: al pensar las letras y las músicas me apetecía mucho incorporar cosas mías, y tener por un lado una mirada más femenina porque por razones obvias me siento más identificado con eso, y por otro hablar de temas sociales, de género, ecológicos, porque ahora mismo son los temas que más tengo en la cabeza y en el corazón, y es más una necesidad que parte de un plan premeditado. Pero sí que al final acabó teniendo mucho carácter y mucho peso esa parte reivindicativa, pero fue canción a canción: con Christina Rosenvinge, que aporta la letra del romance de la Almendrita, yo había quedado antes de todo este proceso, después de que me viniera a ver a un concierto…

El último disco de Christina también es bastante reivindicativo.

Sí, totalmente, es maravilloso. Le dije que me encantaba cómo componía y esa misma noche apalabramos hacer algo juntas. Luego, en el tema de Huelva tenía claro que tenía que estar el tema de la contaminación, y es un encargo que le hicimos a María Salgado. Luego, hay temas como el de los Caracoles con el tema de los refugiados, y se lo comenté a Isabel Escudero, de la que me había bebido totalmente su libro Alfileres. Coplas libertarias. Pero ha ido apareciendo todo de manera muy natural, muy poco a poco.

“Hay muchos flamencos que se posicionaron en el bando republicano y los mataron. Lo que pasa que después es verdad que el sistema lo usó y se lo apropió como imagen de España”

 

Me da la sensación de que en Firmamento hay una mirada más colectiva, más hacia lo general, lo común. Por lo general, al flamenco suele identificársele con una mirada pasional más individual.

No te creas, el flamenco ha sido súper reivindicativo, también: Menese, El Cabrero, Manuel Gerena… estamos hablando de gente que se revelaron muy cerca del franquismo, y de hecho los llegaron a meter en el calabozo. El flamenco siempre ha sido la voz del pueblo. También es cierto que hay muchísimas letras más hacia adentro. Es cierto lo que dices que hay una imagen como del flamenco más “individualizado”, pero creo que es necesario para seguir caminando pensar las cosas en colectivo, y pensar desde la actualidad y desde lo social.

“Desde el siglo XIX, cuando se introdujo el cante, se lleva diciendo que la pureza flamenca se iba a perder”

 

¿Te molesta esa imagen que mucha gente tiene del flamenco de “música del régimen”?

Es curioso que mucha gente tenga esa percepción: hay muchos flamencos que se posicionaron en el bando republicano y los mataron. Lo que pasa que después es verdad que el sistema lo usó y se lo apropió como imagen de España. Y también hubo muchos artistas que tuvieron que tragarse lo que había para poder darle el pan a sus hijos, y tiraron pa’lante. Pero hubo muchos que se posicionaron del otro lado y los mataron. Pero eso no se recuerda, por lo general, lamentablemente.

Abres el disco diciendo “el primer rayo de luz que rompa al amanecer nos devuelve aquella imagen de lo que no nos dejaron ser”. ¿Hasta qué punto a ti te cuesta seguir batallando por romper con la idea de canon flamenco tradicional? ¿Es difícil seguir abriendo melones en un circuito que muchos entienden como muy fundamentalista?

El fundamentalismo y el hermetismo existe y va a continuar existiendo, y es algo que tenemos que asumir los artistas. Es muy curioso porque este es un dilema que existe desde el principio de los tiempos en el flamenco, y es un tema que está siempre presente. A finales del siglo XIX, la revista Demófilo, que estudiaba la cultura folclórica, sobre todo andaluza, escribía algo parecido a que la pureza flamenca se iba a perder por culpa de Silverio Franconetti, que fue el que metió el cante en los café-cantantes y los profesionalizó. Y al profesionalizarse, ya decían que se iba a perder esa pureza. Y sin embargo de aquello aparecieron figuras como La Niña de los Peines, Manolo Caracol, Pepe Marchena… que son considerados los artistas esenciales del flamenco. Es un debate que ha existido desde siempre y que seguramente seguirá existiendo siempre.

Para mí es un debate que ya está resuelto: la historia ha contestado. Lo otro son gustos estéticos, y es maravilloso que cada uno lo vea de una manera. Pero a mí me acaba cansando un poco este debate eterno; sobre todo porque son líneas, palos y maneras de tratar la música tradicional que llevan conviviendo desde hace décadas. Como pasa en cualquier otro género musical o en cualquier otra expresión artística. No solo no pasa nada porque haya diferentes líneas conviviendo, sino que enriquece el género, sin lugar a dudas.

“El flamenco siempre ha sido la voz del pueblo”

 

No es raro encontrar la etiqueta de “revolucionaria flamenca” cuando hablan de ti. ¿Te sientes así o, como dices, estás cansada de este sambenito? ¿Crees que hace justicia la etiqueta?

Hombre, yo creo que sí que hago un trabajo muy arriesgado: en el momento en el que quitas la guitarra y pones una formación instrumental que puede parecer de jazz pero acaba sonando a música clásica y contemporánea acercándose a la música tradicional, es evidente que hay una revolución, un cambio, una mirada diferente.

Además, hemos querido mirar a lo popular, y hay guiños a Paquito de Rivera en las idas y vueltas… es un viaje para mí. Hay mucha gente que me dice: “a mí me gusta, pero lo que haces no es flamenco”. Y bueno, si ellos tienen la necesidad de etiquetarme y no le parece flamenco es su opinión y yo se la respeto. Yo no tengo la necesidad de si es flamenco o no lo es, o de si soy revolucionaria o no. Es música, y lo importante es que la escuchen.

En el baile está más claro: en el mismo festival te encuentras a Farruquito e Israel Galván, a Manuela Carrasco y a Rocío Molina. Sería fantástico que en el cante pasara igual.

“Intentar mantener cosas que están muertas es lo que no tiene coherencia: que me cuenten algo que no han vivido, mantener un discurso que no es propio de su tiempo”

 

¿Queda algo de la influencia lorquiana con la que nació el encargo original de tu show con el Proyecto Lorca; o con esa transformación poco a poco se fue perdiendo la influencia lorquiana?

Lo que queda más cerca de esa influencia son los bonus tracks del disco: las tres suites que están grabadas en directo de aquella presentación en el Teatro Real de Madrid. No quería volverlas a grabar: si aquellos fue el germen y el origen, me apetecía que se viera así. En el resto del disco no veo mucho a Lorca, pero no es algo que me preocupe: nos sirvió como punto de partida, pero no está tan latente como en esos bonus tracks.

Lo que sí me preocupaba tener a la hora de trabajar en el disco era la sensación que tuvimos al actuar en directo, y lo hemos conseguido. Yo me suelo encontrar cómoda en los procesos, en la investigación, el trabajo previo… pero para conseguir sentirte bien en el directo necesitas redescubrirte, ver cosas de ti que no tienes tan caladas. A nivel artístico conseguir eso es lo que más me pone.

Antes hablábamos de tu alianza con esas voces femeninas: María Salgado, Christina Rosenvinge, Isabel Escudero… ¿hay también un subtexto de flamenco feminista? En los últimos años algunas voces femeninas del flamenco habéis tenido especial exposición. No sé si ves que las cosas están cambiando, de alguna manera.

Poco a poco vamos andando para esa igualdad. Es verdad que para las voces femeninas flamencas es muy buen momento y hay aportaciones muy interesantes. No sé si es que soy muy positiva, pero me encanta el momento que se está viviendo en el flamenco; y desde mi punto de vista como mujer y pensando en las mujeres, creo que hay un cartelón maravilloso.

“En el momento en el que quitas la guitarra y pones una formación instrumental que puede parecer de jazz pero acaba sonando a música clásica y contemporánea acercándose a la música tradicional, es evidente que hay una revolución, un cambio, una mirada diferente”

 

Tú compartes roster con artistas como Rosalía y Sílvia Pérez Cruz.

Cierto. También hemos trabajado las tres con Refree, lo que nos condiciona bastante: tenemos carreras y puntos de vista a la hora de afrontar el flamenco muy diferentes pero también tenemos muchísimas cosas en común. Y me gusta que sea así, creo que enriquece: cuantas más visiones y más variadas, mejor.

Acabas de entregar una tesis doctoral sobre la técnica vocal, donde dices que no hay una sola técnica ni una única manera de afrontar el cante. ¿Fue más una especie de desafío a la ciencia en valor de ese instinto individual salvaje?

El flamenco está entrando en el mundo académico de una forma arrolladora: existe un doctorado sobre flamenco, está entrando en los programas universitarios… Y a mí me motivaba ver que había una asignatura que se llamaba La técnica vocal en el flamenco en el Conservatorio, y que sin embargo no hubiese un programa para seguir me parece que nos tenemos que poner las pilas.

Me apetecía que los artistas de mi generación que sientan esas ganas de acercarse a otras metodologías vieran que se pueden aportar cosas para hacer el camino andando. Ni más ni menos. A mí me hubiera gustado encontrarme un programa sobre técnica vocal en flamenco. Hay veces que hay cosas que puedes facilitar, y esa era mi intención.

¿Hasta qué punto crees que afectó el proceso de la tesis a la articulación del discurso de Firmamento, y viceversa?

Afectó totalmente. De hecho, todo el curso que hice para sacarme el doctorado es de las cosas que más me ha condicionado a nivel artístico y expresivo. Me ha hecho reflexionar sobre cuestiones que igual no hubiera pensado. Te abre la cabeza, con todo lo bueno que trae.

Hay grietas muy potentes de la teoría a la práctica y de la práctica a la teoría; pero mis últimos discos están totalmente marcados por la parte teórica, aunque después yo, cuando llegue el momento de subirme a un escenario, intento que pese más el corazón de la cabeza. Pero en todo ese proceso de aprendizaje intento asesorarme por los cocos más brillantes que conozco. Y ahí está Refree, Pedro G. Romero, los musicazos Antonio Moreno, Juan M. Jiménez y Daniel Marente… y esto ha sido entre todos, un trabajo de grupo totalmente.

“Mis últimos discos están totalmente marcados por la parte teórica, aunque después intento que pese más el corazón de la cabeza”

 

Y a la hora de cantar, teniendo tantos conocimientos académicos, ¿cómo haces para que se siga viendo la entraña, la parte más salvaje del cante? ¿Tienes ahí una especie de bicefalia expresiva?

No, para mí no es un problema: es totalmente complementario. Sí que es cierto que a nivel de afición es un paso que todavía queda por andar: muchas veces parece que tener formación académica resta más que sumar. Y yo siempre digo que hoy en día, la realidad que vivimos no tiene nada que ver con la que había hace casi un siglo. No tiene sentido querer seguir con el mismo discurso de hace un siglo: los que lo hacen están convirtiendo al flamenco en algo museístico, algo que no se puede tocar. Hacer eso es que no vaya en consonancia con lo que hay.

Yo he nacido cuando he nacido, he tenido las experiencias que he tenido, no he pasado hambre, no he pasado una guerra, he tenido la oportunidad de estudiar y la he aprovechado… En este discurso yo sí tengo una respuesta, que existe y tiene mucha fuerza a nivel de aficionado ortodoxo: para mí mantener cosas que están muertas es lo que no tiene coherencia, que alguien me cuente algo que no ha vivido, que alguien intente mantener un discurso que no es propio de su tiempo. Llega un momento en el que no se le puede dar la espalda a lo que está ocurriendo, a la realidad y al hoy; si no, lo matamos nosotros mismos.

¿Hasta qué punto crees que el conocimiento o la percepción que la juventud tiene del flamenco es apropiada?

Yo creo que es un momento muy positivo. Ahora el flamenco se está incorporando en conservatorios, escuelas privadas, en algunas públicas, en universidades, empiezan a abrirse grados… Y teniendo en cuenta la que está cayendo a nivel de apoyo de la cultura, no creo que el flamenco salga peor parado que otras áreas de la cultura.

Quizá echo de menos que tenga una proyección mediática mayor: en las televisiones el flamenco tiene espacios mínimos, y estaría muy bien poder tener más espacios. Pero no solo con el flamenco, sino con cualquier rama de la cultura. Las grandes plataformas mediáticas están más preocupadas en el entretenimiento que en el enriquecimiento. Pero afortunadamente hay muchos otros medios que estáis en otra línea y con los que se puede hablar de otro tipo de cuestiones.

Rocío Márquez