15 noviembre, 2017. Por

Robe en Madrid

Belleza sonora, transgresión y Chiquito de la Calzada: así fue el concierto del líder de Extremoduro en el Wizink Center
Robe en Madrid

La lindeza y el dramatismo de un violín, el de Carlitos Pérez, ponía el punto inicial al antepenúltimo concierto de la gira Bienvenidos al temporal de Roberto Iniesta, Robe, cuyo equipo de músicos son igual de protagonistas que él, el mismísimo ex líder de Extremoduro.

Se trataba del concierto que el extremeño y su gente daba por segunda vez este año en la capital madrileña. Primero en el teatro Circo Price en junio, y esta vez en el antiguo Palacio de Deportes de Madrid, y los últimos coletazos serán en Palma de Mallorca y Bilbao. Robe (Plasencia, 1962) se abría paso para despertar conciencias y colarse en los corazones de los allí presentes con 18 temas, todos ellos de sus dos discos en solitario: Lo que aletea en nuestras cabezas (2015) y Destrozares. Canciones para el final de los tiempos (2016), excepto Si te vas de Material Defectuoso (2011) de Extremoduro, banda de rock con la que el de Plasencia estuvo tres décadas dando guerra.

Con una primera parte más pausada, para saborear las letras y la música desde la quietud, un Robe sentado invitaba a dejarse llevar por temas como El cielo cambió de forma, Querré lo prohibido, o Donde se rompen las olas. Incluso, hizo un homenaje al reciente fallecido Chiquito de la Calzada presentando Por ser un pervertido con: “Esta canción no va de fistros pecadores ni de pecadoras, sino de guarrerida sexuá”.

Viento, cuerda y batería sumergían hacia el hartazgo de mundo que el artista expresa en Hoy al mundo renuncio, y recitaba su Nana cruel, dedicada expresamente a uno de los niños refugiados que a diario muere ahogado en el Mediterráneo: “Duerme que ahí afuera solo hay monstruos, solo hay gente que te compra y que te vende, que te odia, que te miente, que te roba, que te mata, que te viola y que no siente nada”. Letra que se clavaba en las entrañas de los allí presentes.

“Hizo un homenaje al reciente fallecido Chiquito de la Calzada presentando Por ser un pervertido con: “Esta canción no va de fistros pecadores ni de pecadoras, sino de guarrerida sexuá”

 

Y es que Robe sigue transgrediendo. Una transgresión que realiza a través de la belleza e intensidad de sus sonidos, de los instrumentos de su equipo: Alber Fuentes a la batería, Álvaro Rodríguez Barroso al piano, teclados y acordeón; David Lerman, bajo, saxo y clarinete; Carlitos Pérez al violín y Lorenzo González al bajo, además de los agudos espectaculares y perfectos de este último, sin un ápice de caer en el error, que en ocasiones no se distinguen del chillido del violín.

El ensimismamiento por la explosión de arte que los asistentes presenciaban solo fue interrumpido por un afable Robe que pedía que se dejara de grabar lo allí vivido. “Veo que algunos estáis empeñados en grabar. Solo os pido que no molestéis a nadie y que no me enfoquéis a mí como antes he visto hacer a uno porque me voy a la calle, cojo un saco de piedras, y a alguno le doy”.

Con La canción más triste y su bella entrada a piano, Robe y los suyos despedían la primera parte del recital con una sublime explosión de rabia y dolor,  en la que de corrido se habían marcado nueve temas, para hacer un parón de veinte minutos que los asistentes podían dedicar a beber y ‘el rollo de siempre’.

“Robe supo, por medio del vacío, la desazón, la oscuridad y el amor, tocar la fibra, remover por dentro y estremecer”

 

La segunda parte, la vuelta del poeta, fue apoteósica. Haciendo un guiño a su tierra, entonó el principio de Extremaydura, provocando en sus seguidores una exaltación y regocijo, derivando en Cartas desde Gaia. Continuó el placentino recorriendo sus temas a golpe de voz y guitarra. De manera urgente, Puta Humanidad, Del tiempo perdido y Contra todos fueron algunos de ellos.

Como colofón, flanqueado por violín y clarinete, Robe regalaba su Si te vas de Extremoduro y finalizaba con Un suspiro acompasado y un “Hasta siempre” mezclado con su sonrisa entrañable. Sin duda, Robe supo, por medio del vacío, la desazón, la oscuridad y el amor, tocar la fibra, remover por dentro y estremecer a todo aquel que dejó mecerse por sus casi dos horas de música.

Robe en Madrid