17 abril, 2017. Por

Ramoncín

Entrevistamos al primer y último punki de la industria musical española
Ramoncín

Se ha convertido en una especie de logotipo del rechazo de la industria musical 2.0. Se ha metido en jardines mediáticos tanto necesarios como innecesarios. Ha demostrado que no tiene pelos en la lengua y que no le importa pelear a la contra si cree en lo que defiende. De alguna manera, la figura de Ramoncín ha cobrado una nueva dimensión en los últimos años, pero estamos hablando de uno de los pioneros del punk y el rock urbano español, con cuarenta años sobre los escenarios y una obra transversal que incluye ensayos, diccionarios y labor de presentador o todólogo televisivo.

De algún modo, Ramoncín es (y esto no es irónico) el primer y último punk de la industria musical española: nos reunimos con él con motivo de la publicación de Quemando el tiempo (Warner Music, 2017), una caja que recopila en 3 CD y el DVD documental Una vida en el filo toda una carrera de éxitos, obstáculos y canciones. Hablamos de todo eso y más con él.

Notodo: Me da la sensación de que los últimos movimientos artísticos tuyos se anuncian como si siempre estuvieras volviendo. Esa idea de “vuelve Ramoncín” o de “penúltima” oportunidad de verte. ¿Tú tienes esa sensación?

Ramoncín: La tengo desde el segundo disco, desde hace cuarenta años (ríe). De hecho, tengo una portada en 1979 que anunciaba eso, “la vuelta de Ramoncín”, y yo publiqué mi primer disco en el año 1978. Luego yo encadené una cantidad de discos anuales y era una locura. Pero incluso cuando me pasé dos años sin grabar entre 1986 y 1988 ya oí lo mismo: que si volvía con Fe Ciega, que si me retiraba… Creo que es una cosa muy española y muy recurrente. Se resume en cuando me subo a un taxi y el taxista me dice: “oye, tú eres Ramoncín, ¿no? ¿Ya no cantas?”. Y le digo que sí, que acabo de sacar un disco y me dice que no se entera: y ese es el recurso de siempre.

“El PP se llevaría también mal con Quevedo, Cervantes, Lorca y Velázquez”

NTD: No sé si esta es una coyuntura diferente, después de haber superado tus batallas legales, celebrando los 40 años de trayectoria… Parece que tienes algo que reivindicar.

Ramoncín: Puede que haya un comeback distinto. Yo no he dejado de tener banda ni de tocar ni de grabar nunca: en los últimos siete años grabado tres discos y he estado tocando; pero sí que es verdad que estuvimos un poco solos defendiendo nuestro trabajo. Luego, la reedición que hicimos hace un par de años de Arañando la ciudad coincidió con un momento muy jodido y en el que era muy difícil hablar de eso; pero entre aquella reedición, este boxset que sacamos ahora, mi intención de volver a grabar a finales de año, la celebración de los 40 años, la preparación del set de directo en el que estamos metidos ahora mismo… dan señas de que sí que es un regreso distinto al de otros anteriores. Parece más de verdad ahora.

También ha pasado algo curioso: si te fijas en los artistas internacionales en los que nos miramos todos, la producción ha descendido de una manera lógica. Si yo estuviera grabando un disco cada año, ¿qué sería ahora? Hay que preguntarse si eso es necesario; y si lo necesitas, por qué lo necesitas. A lo mejor solo es por una cuestión de trabajo, de llenar el frigorífico. A mí eso es lo que me retiró una temporada: para mí tiene que haber una necesidad artística, cuando tienes un buen nivel de creación. Pero convertir tu trabajo creativo en una cadena de montaje es un error.

NTD: Recién me hablabas de la necesidad. Es cierto que en los últimos años ha habido algún que otro disco tuyo pero el grueso son recopilatorios y directos. ¿Tú sientes que te quedan cosas nuevas que decir, o que lo mejor ya está hecho?

Ramoncín: Cuando grabé Miedo a soñar en 1998, después del doble en directo de 1990 fue cojonudo porque hice lo que quería hacer: en los ’80 había estado tanto tiempo grabado seguido que pude tomarme mi tiempo para hacer las cosas. Cuando hice con el grupo el Cover Band me pasó algo parecido: quería probarme a ver si tenía las mañas para hacer un disco en los 2000, habiendo pasado tanto tiempo sin meterme en un estudio, y por eso decidí entrar solo a cantar, sin componer nada, sino versionando canciones que me gustaban en mi juventud. Y me vino de puta madre porque fue un máster de cómo hacer una cosa y darme cuenta de que controlo las nuevas herramientas. Y eso es lo que impulsó la grabación de Cuando el diablo canta. Si hubiera seguido el ritmo de publicación que abandoné en 1992, cuando la gente me decía que grabase lo que sea, que se iba a vender igual, cuando venía 400.000 copias de cada disco, igual no estábamos aquí hablando. Igual perdí ese espacio masivo pero gané en oxígeno, que es lo que ahora me permite seguir haciendo cosas.

“El mp3 es el Diablo: oír música en ese formato es como ver Las Meninas en un sello de Correos”

NTD: ¿Y cómo te llevas con tu repertorio antiguo? ¿Te cuesta ponerte en situación a la hora de cantar canciones que tienen entre 30 y 40 años?

Ramoncín: Con algunas sí. Esta es la primera vez desde que salió uno que se llamó Grandes éxitos que editó Hispavox sin consultarme, y que hizo que cuando se reedita algo mío quiero que tenga una razón, un añadido, como es el caso de este disco: me niego a hacer Grandes éxitos con lo que ya había, siento la necesidad de darle una vuelta, de añadir algo más, al menos remasterizarlo. Si miras Quemando el tiempo y miras mi repertorio verás que la mayor parte sigue estando en directo. Por eso mi relación con esos temas es buena, porque han seguido estando vigentes.

Pero hay canciones muy conocidas como Chuli, que no tiene sentido seguir cantando, y habla de un chaval de mi barrio que lo mataron cuando estaba robando un coche, y hay algo que no me permite cantarla, y yo sé lo que es: el Chuli era una mala persona, y aunque el que le mató era un hijo de puta y era peor, yo ahora no me consigo poner en situación para cantarla. Lo que sí me permitió una canción como esa es poder denunciar que un tipo medio militar podía tener una pistola en su casa y matar a un tipo. Pero ahora no me encuentro cómodo. Con Nu babe me pasa algo parecido, también. Pero tenemos cerca de cuarenta canciones preparadas que sí me representan y que me sigue gustando cantar.

NTD: ¿Crees que existe cierta correlación entre aquel Ramón punki y políticamente incorrecto de aquella entrevista con Mercedes Milá en los ’80; y el Ramón que sigue siendo políticamente incorrecto pero en otro tipo de agitación? ¿Crees que sigues siendo tan punki como antes o sois dos personas completamente diferentes?

Ramoncín: Yo soy punki a mi manera, lo tengo clarísimo: en lo que digo, en lo que hago, cuando canto o presento una canción como En el infierno, que tiene mucho que ver con aquello. El punk, que parecía una moda, es injusto tratarla así: el punk sucede en muchos sitios del mundo a la vez sin que la gente se ponga de acuerdo: aparecemos un grupo de personas en distintos sitios del mundo que nos cortamos el pelo, nos lo pintamos y hacemos canciones de tres minutos decididas a enfrentarse a todo. Supongo que con el hip-hop pasó lo mismo. Yo tengo una parte de actitud como frontman que tiene mucho que ver con eso, con cantarle a los ojos a la gente. Sí que ha habido una evolución, pero sigo pensando que canciones como Marica de terciopelo, que escribí con 17 años, sigue siendo la hostia. Igual con 60 intentar escribirla sería un error, como pedirle a Mick Jagger que componga ahora el Satisfaction. Pero el Ramoncín de 2017 no existiría sin el de 1978.

“Nunca he defendido el canon: defendí la remuneración compensatoria de la copia privada”

NTD: ¿Se puede separar al “Ramoncín músico” del “Ramoncín figura pública controvertida que se mete en ciertos jardines mediáticos”?

Ramoncín: (Ríe) Yo creo que no. Quedaría muy bien decir que sí, pero creo que nunca he sido dos personas. Además, no he entendido nunca eso de “llego a casa y soy Pepe”. Yo no puedo llegar a mi casa y no ser la misma persona que ha estado encima de un escenario. Y trato mi vida tal cual. Y precisamente porque cuando llego a mi casa soy quien soy, cuando me subo al escenario hago lo que hago; y los libros, discos y películas que hay en mi casa, y mi relación con mi familia, mis amigos y mis hijos es lo que me convierten en Ramoncín. A lo mejor tiene sentido en un intérprete, alguien que sabe ponerse un traje; pero yo no entiendo eso. Y creo que eso me pasa porque llevo una vida completamente normal.

Ayer, de hecho, me fui a sacar sangre. Yo podría haber llamado a una amiga mía que me saca sangre en una habitación apartado; o puedo hacer lo que hice: llegar al centro de salud, meter mi tarjeta, coger número, esperar sentado en la sala y ver a la gente murmurar mirándome, y me siento a que me saquen sangre. Y aunque luego la enfermera me mire sorprendida y diga “¡ay, eres Ramoncín!”, yo les tengo que responder: “Es que yo también me saco sangre”. Y luego coincide en que una cosa a la madre de mi primera hija porque habían trabajado juntas y se establece una relación muy normal. Pero se resume en eso: yo también meo en un bote y también me saco sangre. Y si quieren y son fans que se lo echen por encima (risas).

NTD: ¿Te molesta que se diga (y esto se dice ya desde los años ’80) que has pasado de ser punki a burgués?

Ramoncín: A mí eso me hace mucha gracia, siempre me ha parecido muy divertido. Pero lo bonito es que el tiempo pone a cada uno en su sitio. Pero qué putada que tengan que pasar veinte años para darles una lección a todos los que lo dicen. Yo creo que esa es la mayor gilipollez de todas las gilipolleces que he tenido que aguantar.

“Todos los que cuando palme van a hablar mal de mí; si supieran lo que pienso de ellos hablarían peor”

NTD: ¿Para tanto? Mira que se han dicho muchas cosas sobre ti…

Ramoncín: Es que eso es más grave de lo que parece. Porque el mundo del rock en España lleva teniendo un problema de fundamentalismo que aún no ha perdido desde hace décadas. Ahora se empieza a ver a alguien que se atreve a ir a un programa de televisión, que hacen Pasapalabra, que los llaman como jurados de un talent show, que los llaman a hacer playback y van… Cuando yo lo hacía me tachaban de hereje. “¿Cómo un rockero va a ese programa?”. ¿Pero qué me están contando? Que se vayan a tomar por culo. A mí me han llegado a preguntar si también era escritor: yo escribo mis canciones y sin embargo cuando publico un libro de poemas se sorprenden. He escrito diez libros y he hecho cosas que no ha hecho casi nadie en España; y que fuera, cuando lo hace quien lo hace, se le pone un monumento.

Resulta que Bruce Springsteen escribe su biografía, que es la hostia y en donde confiesa que es depresivo y no escribe la típica biografía de “nos follábamos a las groupies, nos metíamos de todo y tirábamos la tele por la ventana”, y todo el mundo lo levanta merecidamente en volandas. Yo he ensayos, he hecho un diccionario de jergas (El Tocho Cheli) que no existe uno igual en el mundo: nadie escribió un diccionario de jergas con 9.000 entradas y 13.000 acepciones. Había uno francés de argot y lo acabamos fundiendo. Pero si eso se produce en Francia o en el mundo sajón nadie lo pone en duda. Aquí parece que solo puedes hacer una cosa: si haces más, eres un intruso.

¿Sabes la cantidad de gente que he conocido? Yo tengo grandes amigos por escribir, por hacer tele y también por hacer mil cosas más. ¿Se creen que iba a sacrificar eso por solamente tener amigos que tocan rock, hablan de rock y solo beben cerveza y fuman porros? Por eso que digan que me he aburguesado me hacía mucha gracia: si de 365 días paso 200 días durmiendo en hoteles y cabeceando en la furgoneta, que vengan y me digan dónde está la burguesía en ese momento. Pero ahora me hace gracia.

“Llevo una vida normal: también meo en un bote y me saco sangre”

NTD: ¿Crees que hay sambenitos que se te han colocado que va a ser difícil limpiarlos? Sobre todo con el tema del canon de la SGAE: posiblemente el grueso de la gente tenga un recuerdo más inmediato por eso que por tu figura como artista.

Ramoncín: Hay cosas inevitables y que no van a cambiar nunca. Y que el día que me muera lo contará, y hablará de El rey del pollo frito y de la SGAE. Es inevitable, pero ya he renunciado a ello: no puedo perder más el tiempo. Y en el documental hablo de eso: uno intenta contar la vida de la manera más objetiva posible, porque hay una verdad relativa, hay una verdad maliciosa, hay una verdad inventada… Cuando yo voy a ver Hasta el último hombre de Mel Gibson voy a ver la película, no voy más allá: no me interesa si el tipo es un borracho o si dice tal o cual cosa. Pero, como se dice en España, hay que creerse de la misa la mitad.

Lo que no pienso hacer jamás es dedicarle un minuto de mi vida a odiar a alguien que no conozco; o a desdeñarlo porque me cae mal o piensa diferente a mí en política o tiene un aspecto diferente al que me gusta. No pienso gastar tiempo en eso, porque lo único que no se compra ni se vende es el tiempo. Y llegado a un punto regalar tiempo es el mayor error, salvo que lo inviertas en amor, amistad, cariño, bienestar… Habrá un tío en algún sitio que cuando yo salga seguirá diciendo: “el canon, la SGAE…”. Pero me niego rotundamente a invertir un segundo de mi vida en él: me da igual si se folla a las gallinas o lo que sea. Todo eso es puro ruido y confusión y alimenta el bulo como la pólvora. Es acojonante que los “medios serios”, sobre todo en televisión, haya adoptado las formas de la prensa rosa en vez de impregnar de objetividad y seriedad a la crónica social. Parece mentira que lo que haya ganado sea el mal gusto.

NTD: ¿Tú te arrepientes de haber entrado al trapo y permitir que se “alimente el bulo”, como dices?

Ramoncín: Todos entramos al trapo, es muy difícil a veces. Y yo salto. (Piensa un rato) Sí que hay cosas que no volvería a hacer si supiera las consecuencias. Decir otra cosa sería mentir. Yo diez años atrás defendería lo mismo, porque lo que yo estaba haciendo era defender unos derechos laborales, el derecho de cada uno. ¿Qué pasó? Que les hacía gracia. Los periódicos se reían de los manteros, de la piratería… Pregúntale ahora a los periódicos qué les pasa, y quizá no se hubieran reído tanto. Si yo hubiera sabido lo que viví estos años intentaría no hacerlo; pero conociéndome, lo haría exactamente igual. Pero sí que si lo llego a saber hubiera defendido a algunos en concreto y no a otros, pero es imposible. Me arrepiento de otras cosas: de no decirle más veces a mi vieja cuánto la quería, de no haber estado más tiempo con mis hijos… Cosas que de verdad configuran tu vida.

“Que me llamen burgués es la mayor gilipollez que se dijo nunca de mí”

NTD: En el DVD está el documental que incluyes junto a este triple disco, y ahí hay varios compañeros generacionales como Loquillo, Miguel Ríos, Johnny Cifuentes… Hubo una época que parecía que quien se ponía de tu lado podía salir escaldado. No sé qué relación tienes con tus compañeros de profesión: ¿cuentas los amigos con los dedos de una mano o hay gente que siempre estuvo ahí?

Ramoncín: Creo que mis amigos de verdad, que no tienen nada que ver con el negocio, no me fallaron ni uno. Y la familia igual. Quizá alguno al que se le vio el plumero, pero casos aislados. Incluso en algún caso puedo entenderlo, porque cuando caen bombas algunos deciden meterse en la trinchera y bueno, va, se lo paso, tampoco sería tan amigo mío. Pero es que la “profesión” no existe como tal. En el cine sí hay un concepto de ellos mismos y un compañerismo mucho mayor; supongo que tendrá que ver con el tratamiento que se les da: ellos tienen unos Goya, los músicos nada, o premios que dan casi risa.

En la música no hay colectivo como tal ni respeto: el enfrentamiento se hace en el propio colectivo, y hay una competencia muy jodida. Además, no todos los músicos son libres: yo sí. Seguro que habría algún músico que se cagaba en mis muertos o que estaba a favor de lo que yo decía y que no salía porque a lo mejor el mánager le decía que se esté quietecito, que tenían veinte bolos por delante ese año y que no vaya a cagarla por meterse en ese jardín. Y esto te lo aseguro, pero es una actitud muy de político. ¿Hay compañeros que son cómplices silenciosos, cobardes e hipócritas? Unos cuantos. Tener que oír a un tipo decir que no está a favor del canon y que sea el que más canon cobra eso es la hostia.

NTD: Nunca has querido decir el nombre.

Ramoncín: No, ni pienso. Él sabe quién es.

“No iba a dejar de hacer otras cosas por tener amigos que tocan rock, hablan de rock y sólo beben cerveza y fuman porros”

NTD: Se sospecha mucho de uno [NdeR: en aquel momento hubo una batalla pública con Joaquín Sabina].

Ramoncín: Me parece muy bien. Yo un día en el AVE le dije que era sencillo: que le mandase una carta a la SGAE diciendo que el dinero del canon en el que no cree se lo mandase a los huérfanos. Y a ese tío, sin embargo, se le considera un auténtico. Cuando yo vi eso dije: no me doy más hostias por gente como esta.

NTD: Tú defendías lo del canon hace unos años; pero ahora la mayor cantidad de ingresos de la industria es a través de la venta digital, que superaron a los formatos físicos. ¿Has cambiado algo tu discurso?

Ramoncín: Es que yo nunca he defendido el canon como tal, jamás: yo defendí la remuneración compensatoria de la copia privada. Cuando nos dimos cuenta que el soporte si no desaparecer iba a bajar de una forma brutal, al creador lo único que le quedaba era su derecho, y son tan respetables como los de los demás gremios. Yo siempre decía: ¿usted se imagina a un tipo que acaba de robar la levadura, la harina, la sal y el agua a un panadero, que esté en la acera de enfrente de la panadería vendiendo pan? ¿Alguien es capaz de ver eso y decir que está bien hecho? ¿A alguien le gustaría que le quitasen de la nómina la mitad porque sí?

Además, el canon no lo paga el usuario: lo paga la industria tecnológica, los Samsung, Sony, Apple, Microsoft, Nokia… ¿Qué pasó? Que el gobierno quitó el canon y lo cargó en los Presupuestos Generales del Estado, y en los últimos cuatro o cinco años lo paga la gente, incluso aquellos que no han comprado una copia de un disco en su vida. ¿Qué ha ocurrido ahora? Que han venido de Europa y le ha dicho al gobierno que de eso nada. Y a ver ahora cómo el gobierno le dice a quienes dejaron de pagar, que tienen que volver a hacerlo. Y eso es lo que yo explicaba una y otra vez. La remuneración compensatoria de la copia privada es el 1/1000 de lo que la industria tecnológica gana gracias a los derechos de sus productos.

“No todos los músicos son libres: yo sí. A más de uno le calló la boca su mánager”

Me parece bien que las ventas digitales crezcan, pero más me gustaría que empezasen a pagarnos: si Spotify o iTunes hubieran aparecido antes nos hubiéramos ahorrado todo eso. Yo estoy encantado de tener no sé cuántos miles de canciones que me compro encantado en iTunes. Pero no tiene sentido que Lady Gaga, por ejemplo, reciba 3.000 dólares de Spotify por tener millones de reproducciones. Por eso luego aparecen asociaciones como Tidal, porque lo que se gana es muy poco. A ver cómo se plantea, porque el CEO de Spotify dice que todavía pierden dinero. También la industria fue la culpable de hacer formatos físicos muy cutres. Ahora se están haciendo cosas más respetuosas y a precios razonables. Pero sí va a ser difícil convencer de comprar el formato físico a quien se ha criado en el formato digital: para mí el mp3 como formato es el Diablo. Para mí oír música en mp3 es como ver Las Meninas en un sello de Correos. Nos falta que la gente vaya al Museo del Prado y vea Las Meninas de frente y huela la pintura: que la gente escuche música como ahora mismo rechaza hacerlo.

NTD: Toda esta última parte de la conversación tiene mucho de debate político. ¿Cómo ves las últimas iniciativas en política cultural del gobierno?

Ramoncín: Creo que cuando el IVA subió al 21% era un IVA de venganza. Creo que ahora bajárselo a todo el mundo excepto al cine es cuanto menos curioso. Por alguna razón el gobierno del PP y en general los políticos del PP le tienen grima no a la cultura sino a la gente que la hace. Creo que el PP se llevaría también mal con Quevedo, Cervantes, Lorca y Velázquez. Como esos ya no están, esa cultura les interesa; pero la cultura viva que tienen que tratar con la que la generan, no les gusta. ¿Son los filisteos? No todos, pero una gran mayoría sí.

“Yo soy punki a mi manera: en lo que digo, en lo que hago, cuando canto”

Tampoco me gusta eso de apoyar a quienes sí están alineados ideológicamente con ellos y a otros no. Si la cultura se utiliza como un arma ideológica estamos jodidos, porque siempre habrá alguien que esté mal. La cultura tiene que ser como en Francia: política de estado. Y esté quien esté, eso no se puede tocar. Aquí vemos poco cine francés ni vemos la tele francesa ni oímos casi nada de música francesa, pero el éxito es de un nivel importantísimo: las recaudaciones de derechos de Francia es de 1.700 millones de euros; y la SGAE en España recauda 200 millones de euros. Con esto, queda dicho todo. La cultura en España está muy por encima de sectores que se valoran más desde el estado, como la restauración.

NTD: Antes decías que si te mueres harían una pieza hablando de ti como “El rey del pollo frito”, “el del canon”… ¿Qué cosas te gustaría que se dijesen de ti? O al menos, ¿qué cosas crees que harían justicia a tu figura pública y obra artística?

Ramoncín: Yo quiero que mis hijos me recuerden como un buen padre y mis amigos como un buen amigo: no quiero ir más allá. Pero antes de que me muera me gustaría decir: “todos aquellos que ahora cuando palme, cabrones, vais a hablar mal de mí; si supierais lo que pienso de vosotros, hablaríais peor”. Es una versión libre de una frase de Pitigrilli

NTD: Le añadiste el “cabrones”, ¿no?

Ramoncín: (Risas) Es que es acojonante. Cuando uno se muere cambia tu cualidad pero no tu calidad: uno no deja de ser malo cuando muere. El pensamiento que quede en los demás, ahí queda. Yo creo que a uno lo tienen que juzgar por lo que ha hecho en la vida. Y este país es muy injusto con muchos muertos. Creo que con Umbral, por ejemplo, este país no ha sido suficientemente justo: creo que podría haber sido un candidato al Premio Nobel como no hay ninguno. Ni los malos porque se mueren son buenos ni al revés.

“El rock en España tiene un problema de fundamentalismo que aún no ha superado”

NTD: ¿Esperas volver a tocar mucho después de editar este disco?

Ramoncín: Yo toco bastante, en realidad. Paro cuando mi mánager no me consigue bolos (ríe).

NTD: ¿Te gustaría ir a festivales, o después de lo del ViñaRock les tienes alergia?

Ramoncín: No soy muy amigo de festivales, pero en septiembre estaremos en uno en Madrid y en algún que otro sitio. Pero yo tengo un conflicto con los festivales más allá de lo del ViñaRock: a mí me gusta mi público y no veo esa idea de “ganarme” al público que no me conoce. Prefiero a 500 que son mi público a un sitio en donde hay 20.000 desconocidos que van a estar mirando a otro sitio.

NTD: ¿Y cómo ves que Los Del Río, Raphael, Los Chichos o el Dúo Dinámico hayan actuado en algunos festivales de música alternativa?

Ramoncín: Me parece una cosa muy pintoresca. Si les han tratado bien y han sido felices, de puta madre.

“Yo quiero ser cualquier cosa menos pintoresco”

NTD: Pero tú no te ves.

Ramoncín: (Ríe) No lo sé, voy a ver el devenir de las cosas. Voy a intentar que los festivales en los que toque estén en mi onda: tocar con Burning, Loquillo, etc.; pero que tengan que ver con mi territorio. Yo quiero ser cualquier cosa menos pintoresco.

Ramoncín