26 diciembre, 2018. Por

Ramón Maiden

Si la manipulación del dibujo es un pecado… ¡bienvenidos al infierno!
Ramón Maiden

A principios del siglo XX, Duchamp le ponía bigote y perilla a la Mona Lisa con el fin de desacralizar el icono. Casi un siglo después se siguen tuneando los rostros de iconos femeninos; prueba de ello es la obra de Ramón Maiden –doncella en anglosajón- que se dedica a tatuar vírgenes, posters de pin-ups de los cuarenta y actrices de Hollywood endiosadas como Audrey Hepburn o la Dietrich.

El pecado es fascinante, y a Maiden siempre le ha gustado, especialmente a la hora de provocar controversias y remover conciencias sobre la moral tradicional y las injusticias sociales. Autodidacta, huye del academicismo y del purismo en la técnica; su formación, ideas y fuentes de inspiración son cambiantes, así como sus métodos. Nunca se ha enfocado en algo muy específico y siempre está en constante experimentación. Esta diversidad de técnicas le permite no solo ser creativo, sino también plasmar toda su vida, sus experiencias e intereses en esas vírgenes que parecen sufrir de verdad bajo el incisivo boli bic de Maiden.

Su soporte son estampas religiosas, románticas, modernistas, posters vintage, cubiertas de libros antiguos, postales, calendarios e incluso esculturas y sus armas, un boli bic unos rotuladores o tinta china, pero también los viajes, para ofrecernos nuevas lecturas, nuevas reflexiones, y mensajes. Su proceso de creación tiene mucho que ver con la búsqueda de esos soportes. Viajando por muchos países, hurgando en mercadillos, tiendas de antigüedades, ferias de arte antiguo o de coleccionistas consigue que cada obra tenga una historia detrás.

«Si tomamos como cierto aquello que decía Roland Barthes acerca de que el cuerpo nunca puede estar desnudo porque incluso cuando lo está, va vestido de cuerpo, los tatuajes con los que el artista reinterpreta sus personajes hacen de esta afirmación su bandera, y el cuerpo pasa a ser un lienzo en blanco en el que plasmar una fuerte carga estética y simbólica»

La muestra reúne más de 40 piezas, originales y obra editada, seleccionadas por él para mostrar una panorámica de su universo pictórico. Maiden nos invita a encontrarnos con él en un lugar muy sugerente, el infierno, en el que encontraremos pasión, hedonismo, denuncia social y la intención no solo de causar un impacto visual en el espectador sino también de transmitir un mensaje, un propósito empapado de historia, de religiones antiguas, de antropología, de cultura moderna americana y de política. Un intento de revisar aquellos momentos de la historia que le atraen o le repelen y de arrastrarnos con él a un mundo provocativo y subversivo donde apuñalar la moral católica.

Y es que Maiden se define como un dandi delincuente. Procedente de Roquetas, un barrio al que se conoce como “el Bronx de Barcelona” y cuyos maleantes tenían leyes de camaradería como la de no robar en el barrio. Quizá por eso aparte de las vírgenes y las pin ups también ha tomado como protagonistas a prostitutas, mafiosos… personajes que provienen de la imaginería popular y a los que su intervención imprima un nuevo sentido, en ocasiones inquietante.

Tiene además influencias para dar y tomar. Desde el surrealismo a la cultura pulp americana, la ilustración modernista checa, el cómic underground, hasta el arte sacro y algunos tatuadores y pintores como el mexicano Dr. Lakra o Cris Cleen. El tatuaje es un tesoro común a toda la humanidad. Si tomamos como cierto aquello que decía Roland Barthes acerca de que el cuerpo nunca puede estar desnudo porque incluso cuando lo está, va vestido de cuerpo, los tatuajes con los que el artista reinterpreta sus personajes hacen de esta afirmación su bandera, y el cuerpo pasa a ser un lienzo en blanco en el que plasmar una fuerte carga estética y simbólica.

«La manera que tiene Maiden de usar el tatuaje en su obra no solo refleja las vicisitudes de la humanidad, sino también sobre todo una profunda y visceral devoción por la tinta»

De hecho, no es casualidad que el propio artista tenga muchísimos tatuajes, reflejo de todos los momentos que han marcado su vida. Y es que la manera que tiene Maiden de usar el tatuaje en su obra no solo refleja las vicisitudes de la humanidad, sino también sobre todo una profunda y visceral devoción por la tinta.

Ramón Maiden