13 febrero, 2017. Por

Quentin Gas & Los Zíngaros

Flamencodelia, lisergia jonda, magrebismo ibérico
Quentin Gas & Los Zíngaros

Son semanas cargadas de sentimiento flamenco antiflamenco. Los herejes de la tradición, antifundamentalistas que presentan nuevos planteamientos a la hora de modelar música de raíz, están en su mes grande: los álbumes debut de Rosalía (la nueva musa de la canción flamenca salvaje, sí, pero también musa de La Fura dels Baus, Refree o C. Tangana) y Exquirla (el supergrupo que surge de la alianza entre el Niño de Elche y Toundra, considerado por muchos como una nueva oportunidad para el universo de Omega) se publican estos días. Pero igual deberíais mirar más hacia allá. Igual os encontráis con otra de esas joyas post-flamencas: Quentin Gas & Los Zíngaros.

FLAMENCODELIA, TRADICIÓN BEAT, LISERGIA JONDA

Podemos llamarlo como queramos, pero el nuevo ejercicio del combo sevillano que lidera el inefable Quentin Gas orbita esas zonas comunes entre flamenco y psicodelia que hemos podido oír en cimas puntuales del género: insinuaciones históricas como las de Enrique Morente, Lole y Manuel, Veneno o Camarón hasta Melange, José Domingo, Pony Bravo, Los Planetas o Sonic Youth, entre otros.

Ese es el hábitat de una banda que huele a arena del desierto de Mojave y que sabe a salmorejo lisérgico: una visita a la tierra de secano con una capacidad de movimiento que coquetea con la pasión del elixir lorquiano más progresivo (en Deserto rosso el Niño de Elche recita un extracto de un poema de García Lorca) a la vez que conecta con aires del sonido mod (Sultana), deconstruyan psicodélicamente una bulería beat (El pedío), dispara a horcajadas riffs que recuerdan a unos Queens of the Stone Age pasados de rebujito (Romance), tiran de raza gitana psicodelizada (Caravana II), nos sumen en un paisaje envenenado y progresivo tan cerca de Yes y Can como de Manolo Caracol (Mala puñalá), rehacen la música tradicional desde lo salvaje (Lebrija) y hasta flamenquizan el sonido industrial de bandas como La Débil (La luz del silencio).

MAGREBISMO IBÉRICO

A pesar de que esa colisión de flamenco y psicodelia sea, de algún modo, el discurso y leitmotiv en el que se articulen las marcas de agua más identificables del disco, posiblemente sean los giros magrebíes y esa mirada hacia una raíz oriental occidentalizada, con guiños en dirección Tinariwen, Bombino, Rachid Taha; proyectos estatales que iniciaron este perfil de exploraciones hace tiempo como es el caso de Mohama Saz o hasta de aquel experimental Argán de Carlos Goñi (o Revolver), los que conviertan esta Caravana en una suerte de banda sonora de película imaginaria hacia los confines unidos de las tierras secas del sur.

Y es que es en las canciones-puente, esos cortes instrumentales breves, en los que nos invitan a dormir en jaimas: cortes como Turkia, Persia o Tanger sirven como puntales explícitos de un sonido que se debate entre lo exótico y lo metafolclórico; pura música paisajística y post-geográfica, haciendo de la frontera un mapa sin trazados que va hilando la unión de culturas a través de un beat al que aún le queda mucha arena por sacudirse.

Quentin Gas & Los Zíngaros