15 marzo, 2018. Por

Primer amor

Un recital hosco y bizarro; un ejercicio de virtuosismo interpretativo
Primer amor

Una marmórea mesa de autopsia/disección. Y un plafón enorme que asciende y desciende cambiando de color para iluminar a nuestro protagonista: mamífero de alma oscura o simplemente abandonada (a la sazón, un hombre), que narra, frío como el mármol sobre el que reposa su yacente cuerpo, una historia de amor sui generis y más bien deprimente. El momento álgido de enamoramiento de este señor es cuando escribe el nombre de su amada en una boñiga de vaca. No hay más que decir

Primer amor fue estrenada en el Festival Grec de 2010 y ha vuelto a las tablas. Ahora a la Sala Francisco Nieva del Teatro Valle-Inclán, en versión de José Sanchís Sinisterra desarrollada por Miquel Górriz y Àlex Ollé a partir de una idea de Moisés Maicas y Pere Arquillué. Este último, único actor en escena, que expone un trabajo sencilamente extraordinario.

«Un Pere Arquillué que regala una de las mejores interpretaciones de la cartelera en un recital hosco y bizarro repleto de tics y que hipnotiza»

“Yo no entendía a las mujeres por entonces. Lo que es más, aún no las entiendo. A los hombres menos. Tampoco a los animales. Lo que mejor entiendo, que no es mucho decir, son mis dolores”. En su breve texto (alrededor de 19 páginas) Beckett invierte las historias de amor románticas. Su protagonista niega el amor, la vida y cualquier rastro de empatía o rasgo de humanidad. Sus observaciones despiertan de vez en cuando una risa fría y extrañada en un público que no sabe muy bien a dónde se dirige el asunto pero que disfruta con un relato bastante freak (con hits como “Se quitó todo con una lentitud tal que inflamaría a un elefante, todo menos las medias, calculadas tal vez para hacer que mi concupiscencia hirviera. Fue entonces cuando noté que era bizca”) y un auténtico ejercicio de virtuosismo interpretativo.

Porque la pieza merece la pena, sobre todo, por la enorme labor de su protagonista: un Pere Arquillué que regala una de las mejores interpretaciones de la cartelera en un recital hosco y bizarro (en la acepción tanto francesa como castellana del término) repleto de tics, con un dominio ejemplar de la palabra y la entonación (es increíble cómo juega este hombre con los vocablos) y que hipnotiza en el papel de este hombre. Un señor que tiene el horror dentro y “que hubiera necesitado otros amores quizás. Pero el amor no se consigue por encargo”.

Primer amor