31 octubre, 2018. Por

Pre-Rosalías

Diez propuestas cercanas a la de Rosalía, mucho antes que Rosalía
Pre-Rosalías

Rosalía es buena, muy buena, buenísima. Es incuestionable no solo su valía como cantante (quizá no tanto como cantaora) e intérprete, sino también la importancia de un perfil como el suyo: una mujer joven y con una idea tan vanguardista como comercial de su propuesta, edificada por ella misma, recibiendo el calor tanto de la facción más alternativa y quisquillosa como del mainstream y de los engranajes más oligofrénicos de la industria musical más comercial.

Su propuesta ha conseguido transversalizar y universalizar el flamenco: sus canciones suenan desde en reality shows o festivales de indie hasta en la casa de las Kardashians o Emily Ratajkowski; desde J Balvin a Pharrell Williams, Pablo Alborán, C. Tangana o Juanes se la rifan para colaborar; y la mirada que va desde Pedro Almodóvar al Sónar, La Bienal de Flamenco de Sevilla, la Quinta Avenida neoyorquina o los late nights más respetados del mundo la quieren para sí. Su propuesta ha, incluso, abierto debates de interés cultural y sociológico.

Su manera de enlazar la música urbana más vanguardista con el flamenco más racial y una noción pop del siglo XXI la han convertido en LA artista del momento, no solo en España, sino en el mundo entero, por méritos propios y dos impresionantes singles de adelanto que están revolucionando los cimientos del nuevo pop, como Malamente y Pienso en tu mirá. Pero, ¿ha sido la única artista que ha hecho una propuesta por llevar la raíz flamenca hacia otro lugar? Si no fue la única, ¿por qué a ella sí y a otras no? ¿Por esonobismo y aprobación? ¿Por una cuestión de contexto temporal? ¿Por falta de quórum?

A unas horas de su masiva presentación en Madrid amparada por Red Bull Música; y a dos días de que Sony Music publique el esperadísimo El Mal Querer, hablamos de las Rosalías antes de Rosalía que no obtuvieron ni el mismo favor y clamor popular ni mediático.

CAMELA

Mientras no paraban de sonar en radios, tómbolas, coches (de choque y urbanos) y bajos fondos, Ángeles y el Dioni eran una suerte de hazmerreír tanto para la crítica como para el público más presuntamente sesudo y exigente. Sin embargo, Camela fueron y son uno de los grupos más revolucionarios del pop español de las últimas tres décadas: consiguieron mezclar los primeros esbozos de una música electrónica de corte bakala con melodías ultraveloces que cantaban a los devaneos del amor en el universo de las clases medias trabajadoras.

Si bien en los últimos años se ha reivindicado por parte de periodistas como el azote del hipsterismo Víctor Lenore o medios de aprobación hipster como el Tentaciones de El País, el único gato al agua que se llevó el ahora dúo ha sido el de haber vendido millones de copias de sus discos y de ser un fenómeno sociológico pop y caló. Pero no, ellos no han sido invitados por Jools Holland a su late night.

MALA RODRÍGUEZ

Las comparaciones son odiosas, pero algunos gestos claman al cielo. Rosalía tenía siete años cuando María Rodríguez, desde aquel entonces y para siempre La Mala Rodríguez, publicaba Lujo ibérico, un álbum que pateó el tablero de un por entonces minoritario pero en expansión circuito de hip-hop estatal.

No hay ninguna rapera en español (no solo española) que haya conseguido imponer más himnos generacionales, a la vez que haya conseguido trasladar la raza del cante andaluz a la métrica y la arquitectura hip-pop (con P) de la música urbana. Se atrevió a cantar contra la violencia de género antes de que fuera uno de los temas de la agenda estatal; se ha disparado en el pie con álbumes vanguardistas como Dirty Bailarina; ha tenido desavenencias con su sello en la época de Bruja; ha encandilado por igual a amantes del pop comercial, el rock transgresivo y el pop alternativo, ha sido incluida entre las artistas favoritas de Barack Obama… pero no, no ha tenido su póster en Times Square.

LAS NIÑAS

Fueron tres años muy ricos y de mucha expansión comercial. Normal, el trío sevillano tenía entre sus filas a Alba Molina, hija de Lole y Manuel, uno de los dúos más vanguardistas e icónicos de aquel “nuevo flamenco” que revolucionó los cimientos de la música de raíz allá por los años ’70.

Pero la propuesta del trío sevillano que integraba Alba junto a Aurora Power y Vicky Luna iba bastante más allá: unas bases de hip-hop con ciertos toques old school, pero con algunas inyecciones propias de la música alternativa de nuevo siglo, que eran entrelazadas con una inevitable raíz flamenca especialmente comprometida; pero sin olvidar conexiones con el funk de la Motown o los ritmos fusión tan en boga en aquellos años.

Sus letras, contra la violencia machista y contra la Guerra de Irak, hizo que fueran vetadas en TVE; y canciones como Ojú fueron himnos generacionales lamentablemente efímeros. Si una propuesta como la de Las Niñas hubiera aparecido hoy, no hay duda de que serían portada de Pitchfork.

OJOS DE BRUJO

En el tránsito del siglo XX al XXI se necesitaban propuestas que nos inviten a pensar en una suerte de puente o de tránsito entre la música de raíz y la proyección del futuro. De ahí que el mal llamado mestizaje consiguió llevar la idea de fusión a un universo que trascendía lo elemental. En ese circuito, heredero de los postulados impuestos por Mano Negra años atrás, ascendía en Barcelona, cuna de aquel movimiento, un proyecto liderado por Marina “La Canillas”.

Ojos de Brujo fueron un grupo especialmente internacional, aunque siempre escudriñados en el circuito de la world music: publicaron siete álbumes, entre discos oficiales, directos y remezclas, pero no consiguieron trascender el sambenito de “grupo fusión”. En España, era raro encontrárselo en hábitats de música alternativa, más allá de aquellos que hacían hueco a propuestas herederas del rock urbano o el punk radical.

A pesar de haber tenido el beneplácito y contar con colaboradores que iban desde Manolo García a Tote King, Orishas, Los Van Van, Martirio, Pepe Habichuela o Asian Dub Foundation y de recorrer medio mundo, hoy en día es un proyecto olvidado, al que prácticamente ni siquiera se menciona como influencia de muchos de los que vinieron después. Y sí, es lamentable.

PAPÁ LEVANTE

Parecía un grupo de coña, y hasta en cierta medida es posible que lo haya sido. A pesar de su efímera vida, su nivel de producción y de ventas ha sido encomiable: tres discos en seis años, el primero de ello Triple Disco de Platino, y el segundo Disco de Oro.

Con la bajada de las ventas, este experimento por entremezclar las raíces orientales de la música andalusí con bases electrónicas y urbanas, a medio camino entre el trip-hop y el proto-chill-out, desapareció como el propio sexteto del que Gala Évora era su cara más visible. Sus letras, más bien infantiles, dejaron una imagen de producto prefabricado y efímero, absolutamente dependiente de su funcionalidad comercial.

Sin embargo, las intenciones y la idea del proyecto aplicaron en su propuesta eso de mezclar la raíz del flamenco más árabe con las cavilaciones de la nueva música pop. Pero sus discos están en el Cash Converters, y no en Rough Trade.

FUEL FANDANGO

Hoy en día es uno de los proyectos con vocación más internacional. Llevan apenas ocho años, pero no han dado ni un paso atrás. Las bases de Ale Acosta, que había militado en The Mojo Project, fueron llevas a un nuevo terreno gracias al carisma, presencia y voz de Nita, una camaleónica cantante que tuvo formación flamenca y acercamiento a la música negra.

Eso es lo que han trasladado en Fuel Fandango: un mix de texturas electrónicas, cavilaciones funk, melodías pop, sonoridades de guitarras más cerca al blues-rock y unos estribillos poderosos. Poco se habla de las similitudes que existen entre Rosalía y Fuel Fandango, y no solo a nivel musical, sino de universo estético (y sin pagarle a Canadá): las comparaciones suelen centrarse en La Mala Rodríguez.

Sin embargo, Fuel Fandango han demostrado tanto en España como en el extranjero, y su flamante fichaje por la agencia internacional Industria Works puede hacernos pensar en que es posible que los veamos con mayor asiduidad en medios y en las historias de Instagram de celebrities globales. Aunque, hoy por hoy, y aunque han hecho méritos y compuesto discazos para conseguirlo, no son ellos los que están acaparando las miradas del mundo entero.

LE PARODY

Una vez, cuando entrevisté a Sole Parody, me dijo: “lo que quiero es llevar el flamenco a las raves”. Lo dijo hace ya unos cuantos años, cuando compuso Hondo, uno de los mejores discos que se hayan escrito y publicado en España en lo que llevamos de siglo. Sin embargo, y a pesar del intento de la artista andaluza por acercarse a los engranajes del sistema (licenció aquel disco con Warner Music, y tuvo otros aliados discográficos internacionales), no ha conseguido trascender del circuito underground.

Apenas han sido un puñado de festivales los que se han hecho con los servicios de una propuesta que se mueve entre la saeta, la copla y el cante flamenco más heterodoxo, y la música electrónica y urbana, paseando desde el trap al downtempo. Ella sigue fiel acercando la música a los institutos, los barrios y los centros sociales. Con un intento porque se valore su propuesta por parte de los capos de la industria parece que ha bastado.

CHAMBAO

La Mari sí ha alcanzado expansión internacional, sobre todo gracias a su colaboración con Ricky Martin en el MTV Unplugged. Pero ha sido más bien difícil quitarle una serie de sambenitos que la siguen persiguiendo, a pesar de llevar lustros mutando su propuesta en diferentes direcciones.

Es la inventora del flamenco-chill, sí, pero su proyecto se ha acercado a la rumba, a los folclores latinoamericanos, a la canción pop, a la idea de canción fusión lo más amplia posible. Ha colaborado con artistas de muchos perfiles, y en España ha conseguido reiniciar su proyecto hasta el punto de sepultar, hace solo unos meses, la “marca Chambao”, para sacar chapa de su apodo, “La Mari”.

A pesar de ello, sigue siendo una artista identificada con los dos o tres hits con los que trascendió en sus primeros años, y desde los programadores de festivales de música alternativa (más allá de los de rock kalimotxero) siguen haciendo caso omiso a una de las propuestas más raciales, honestas y en movimiento surgidas en España en este siglo.

MARÍA ISABEL

Ni en mil programas de Juan y Medio y de revisiones de Lluvia de estrellas nos encontraremos una niña con más garbo, falta de vergüenza y actitud flamenca que María Isabel. Su inocencia y su carisma con tan solo nueve años era bestial: hizo que España ganase el Festival Eurovisión Junior en 2004 gracias a aquella Antes muerta que sencilla.

Por mucha gracia que os pueda hacer, la propuesta de la onubense no engañaba a nadie: eran canciones para niños que jugaban a ser mayores, y que entremezclaban cadencias, actitud y estética flamenca con pop urbano, e incluso hip-hop. Vamos, la misma mezcla que Rosalía practica casi quince años después y más depurada.

No sería de extrañar que títulos como No me toques las palmas que me conozco, Mira niño, ¿Onda vas Marisabel? o La noche y tu voz fueran canciones de El Mal Querer. Sin embargo, son de aquella pequeña María Isabel López, que las cantó cuando tenía diez años. Ole.

RUISEÑORA

No han necesitado participar de certámenes tipo Me llaman copla, ni tener la autorización de María del Monte. Elia Maqueda y Atilio González llevan años militando en diferentes proyectos de corte indie pop del circuito madrileño más subterráneo; pero en Ruiseñora trasmutan a neocopleros de pro.

Las letras parecen de Marifé de Triana o La Niña de la Puebla, y su música suena tan cerca del antes de ayer como de pasado mañana: unas bases electrónicas sencillas y con un corte de baja fidelidad, que se encaraman en letras que bien podrían ser poemas de Lorca, que lanzan frases como puñales de romanticismo sangrante: “Si alguna vez me ves caer / no temas, confía en mí / que me levantaré. / Y si alguna vez no haces pie / Ten fe, déjate llevar / que la corriente sabe”.

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