24 julio, 2017. Por

Pol Rodellar

Entrevistamos al dueño y señor de Chuck Norris (el fanzine, el actor no)
Pol Rodellar

El tipo estuvo detrás de la ya chapada tienda de discos (y fanzines y memorabilia DIY) Luchador Records y toca el bajo en Mujeres y en Jazz, dos bandas con nombres de esos que cuesta encontrar en Google. Algo que no pasa cuando tecleas su nombre: si lo hacéis, os van a aparecer sus perfiles y textos para VICE España, revista para donde escribe desde hace más de cuatro años.

Se llama Pol Rodellar y también tiene un hijo que duerme siestas largas, pero que se acaba de despertar: se llama Chuck Norris, y no es el actor, sino uno de los mejores fanzines (sí, siguen existiendo) de los últimos años (que puedes comprar aquí, por cierto): mucho texto, pocas imágenes y un tonel de seres humanos completamente ajados por la vida, dispuestos a morir y no luchar nunca por nada a cada segundo de sus miserables vidas.

Nosotros hablamos con Pol para preguntarle si era necesario regresar con un nuevo número de uno de los mejores fanzines del mundo y, de paso, para hablar de lefa, pollas, cocaína, grapas, kalimotxo, autoedición, Bukowski y VICE-versa (perdón).

“Me encanta dar salida a mis textos, a mis historias. Que salgan de mi cerebro. Que lo lean personas. Personas que, al leerlos, quieran follar conmigo”

 

Llevabas varios años sin publicar nuevo fanzine. ¿Por qué volver ahora? ¿Alguien te estaba esperando o lo haces solo por joder al personal?

El tema es que, básicamente, dentro de mi cabeza no ha existido la idea de cese, así que tampoco lo llamaría “un regreso”, pues nada nunca se ha detenido. Siempre he sabido que en algún momento vería la luz, es simplemente que este número ha tardado más en salir. El tema es que me he liado y este número ha tardado seis años en ser producido.

Un ejemplo de esta idea de continuidad serían los números especiales que he ido sacando entre números oficiales del Chuck Norris, el último fue del 2013, hace cuatro años. (Y el tipo tiene las pelotas de llamarlo “continuidad”).


Supongo que llegó un momento en el que pensé “joder, ya está bien de columpiarse, sácalo ya para el Gutter de este año”. Eso lo pensé el año pasado a pesar de que siempre he sido reticente a hacer estrenos en festivales y todo esto —todas estas inercias fanzineras no me importan demasiado; uno tiene que ir a su propio ritmo, no al ritmo de un “mercado de fanzines” o “escena fanzinera” o como quieras llamarlo—. El caso es que lo intenté sacar para ese festival de fanzines pero fallé estrepitosamente. Pese a fracasar, vi que había avanzado lo suficiente como para poder sacarlo para el siguiente Gutter Fest (el de este año), y esta vez sí que lo logré. Está bien marcarse fechas pero tampoco hay que obsesionarse ni estar subordinado a ellas.

Creo que, de alguna forma, me sentía moralmente mal por no sacar nada nuevo, ya que, joder, si me dedico a escribir tendría que ir sacando “mis trabajos” o lo que fuera. Pero claro, al pasarme el día escribiendo para VICE, lo último que me sale de dentro al llegar a casa es seguir escribiendo. Me apetece escuchar discos, defecar durante 30 minutos o quedarme una hora mirando por la ventana sin pensar en absolutamente nada. Así que, entre esto y temas personales (giras con el grupo de música, paternidad, apatía general, corazones rotos y adversidades tecnológicas) la cosa se fue demorando.

“Al pasarme el día escribiendo para VICE, lo último que me sale de dentro al llegar a casa es seguir escribiendo. Me apetece escuchar discos, defecar durante 30 minutos o quedarme una hora mirando por la ventana sin pensar en absolutamente nada”

 

¿Qué tipo de filia o culto raro tienes por Chuck Norris? ¿Es un homenaje real, falso o un atentado a lo que se supone que representa?

De hecho ahora el nombre me molesta, lo tendría que cambiar. Recuerdo que hubo una época en la que la gente relacionaba el fanzine con esas bromas que salieron de Chuck Norris, todo eso rollo de “Chuck Norris puede contar hasta infinito, dos veces” y todo eso.

En fin, a mí Chuck Norris (el actor) me importa una mierda, y tampoco es que me apasionen sus películas ni toda esa escena de thrillers de la Cannon. Pueden gustarme desde la ironía pero actualmente esto ya me cansa, me cansa consumir productos audiovisuales “por la broma”. Esta idea de utilizar el nombre de un actor “cutre” y famoso para un proyecto la saqué del grupo de hardcore de Illinois llamado Charles Bronson. Buenísimos, por cierto. La verdad es que tampoco fui muy original.

Puede que Chuck Norris (el actor) represente un poco todo lo que pretendía criticar en un principio a través del fanzine: la basura blanca, la estupidez general de occidente, la degradación humana, la mediocridad y todo esto. Pero la verdad es que el fanzine tampoco ha sido nunca un panfleto político ni nada de esto, al final lo importante es echarse unas risas y verse reflejado en historias de gente jodida.

Con el tiempo el nombre ha perdido el sentido, si es que nunca lo ha tenido. Pero sigo fiel a las tradiciones y lo mantengo. La verdad es que, si miramos los primeros números, el fanzine ha cambiado casi por completo excepto por el nombre y ese apartado llamado “Dr. Lefa”, donde se publican correos falsos con dudas sexuales mandados a nuestra redacción (sigh) y que contesta un supuesto sexólogo llamado Dr. Lefa.

Por lo general, siempre he luchado contra lo bonito y contra una estética vendible o agradable (en el fondo está maquetado para que los bloques de texto sean incómodos y no inciten a la compra coherente), así que tiene sentido que el fanzine siga teniendo este nombre de mierda pese a haber mejorado sustancialmente con los años (o eso creo yo).

¿El fanzine tiene cierta vocación underground? ¿O si te llaman de Blackie Books para publicar un “Chuck Norris reunidos” vas adelante con ello? Es decir, ¿sacas fanzines porque no te animas a sacar un libro?

No, en absoluto, no tengo mucha vocación underground con el fanzine pese a que siempre he seguido y me han influido mucho las corrientes limítrofes a la cultura “oficial”, como el hardcore y el punk, que me descubrieron canales alternativos de distribución de discos, promoción de conciertos, prensa y divulgación de arte y cultura.

Sí que me gusta autoeditarme y disfrutar de la libertad absoluta que me brinda este verbo (el verbo “autoeditar”) pero no me siento parte de ninguna escena underground fanzinera literaria, no conozco a mucha más gente que haga propuestas de fanzines compuestos por bloques de texto (existen pero no hay una correspondencia). Sí que coincido con peña que hace fanzines de cómics y dibujos pero, al llevar de cuatro a seis años sin hacer nada, he pasado de ser “autor” a “cliente” de todo esto. Así que hasta ahora (que “he vuelto”) me he sentido fuera de esa escena pero colega de gente de esa escena. Por lo general me codeo con mis colegas, y algunos de ellos hacen fanzines y otros no. Algunos tienen grupos y distris y otros no.

“Mi fanzine nunca ha sido un panfleto político ni nada de esto, al final lo importante es echarse unas risas y verse reflejado en historias de gente jodida”

 

Creo que con esta pregunta te refieres más bien a temas de “integridad”. La integridad del disidente o algo así, si me vendería a las terribles y malvadas garras del capitalismo y todo esto. Si me llaman de una editorial, ni que sea una editorial de mierda, estaré encantado de hacer un “Chuck Norris reunidos”. De hecho, en el pasado casi sale. Hace tiempo me propusieron hacer un libro digital con esta misma idea (¡imagínate, digital! Lo opuesto al papel grapado de un fanzine) y dije que sí. Era una editorial pequeña con una sensibilidad especial, un pequeño equipo de personas que amaban lo que hacían. Reuní varios textos para el invento pero al final la empresa se fue a la mierda, juntamente con la idea de esta compilación que tanto me ilusionaba. Podría hacer yo mismo este compendio, la verdad, e incluso tendría más sentido pero de momento prefiero hacer cosas nuevas a regocijarme en el pasado.

En fin, sí que publicaría un libro pero el fanzine, para mí, no es para nada un camino para llegar al formato libro. Este fanzine ya es algo en sí mismo, es su propio fin (un fin que me da la vida). La verdad es que me gusta mantenerme en este formato, como una especie de extraña integridad, pero no dudo que si alguien me propusiera editar algo, lo haría sin vacilar.

De todas formas me gusta la sencillez innata del fanzine (pese a que ahora gracias a ciertos medios tecnológicos y el abaratamiento de impresoras antiguas se hacen ediciones espectaculares) y el hecho de distribuirlo uno mismo por tiendas pequeñas. Entrar en canales de distribución más amplios sería raro, se perdería un poco el contacto directo entre el autor y el lector, esa sensación de estar comprando algo muy personal y muy recóndito. Es que, joder, me gusta eso de cargar con las copias del fanzine para repartirlas por las tiendas o ir a ferias de cómics y/o fanzines.

Aun así, todas esas ideas románticas del fanzine creo que no las cumplo. Yo hago tiradas de 300 copias (no es que sea muy limitado) y, como la mayoría de fanzineros, voy a una copistería a que me lo impriman por cuatro duros. De hecho, aquí hay un mito, todo esto del DIY y la autoedición es un poco de palabrería. Realmente hay muy poca gente que se lo imprima ella misma. Es que, joder, lo importante es, evidentemente, el contenido no si el librito ha sido impreso y grapado por el mismo autor. A mí siempre me lo han impreso, nunca he grapado una mierda —bueno, alguna vez lo he hecho pero ha sido por supervivencia, porque me faltaban copias para vender, en fin, algo hecho a última hora porque no he sabido gestionarme la historia— y pese a esto considero que sigue siendo autoedición y sigue siendo un fanzine.

“Siempre he luchado contra lo bonito y contra una estética vendible o agradable: está maquetado para que los bloques de texto sean incómodos y no inciten a la compra coherente”

 

Yo hago historias, mi relación con el formato en el que se imprimen mis textos no tiene nada que ver con la lucha contra ciertos sistemas de producción. Mi relación con el formato es que sea lo más incómodo y desagradable posible, que no llame la atención, que no siga ciertos cánones de márketing, que sea difícil decantarse por comprar este panfleto. El formato del Chuck Norris tiene que comunicar esa idea de perdedor que contienen las historias, da igual si están serigrafiadas por el autor o impresas en Copy Sants.

Casualmente, este último número lo ha impreso un amigo y la verdad es que me gusta que mis colegas hayan participado de forma activa en cada parte del proceso, sin meter a gente externa en la producción del asunto. Lo hemos impreso, ordenado, doblado y grapado todo nosotros pero tampoco lo considero un elemento fundamental del fanzine. Es bonito y te da cierta integridad pero no creo que sea un elementos indispensable para que algo sea o no sea un fanzine.


Miguel Noguera
, Marc Torices o Conxita Herrero, entre otros, participan en el fanzine. ¿Qué les has prometido para que se presten a participar?

Miguel es la segunda vez que colabora. Nos conocimos a través de los blogspots que teníamos y porque un par de veces lo atendí por teléfono cuando curraba de teleoperador de una entidad financiera (casualmente me llamó cuando estaba viendo sus monólogos en YouTube, fue MUY RARO). De ahí surgió algún tipo de relación. No somos colegas de la vida pero intentamos ser agradables y educados cuando coincidimos.

Los demás son gente que he ido conociendo durante estos años, ya sea saliendo de noche, en conciertos, leyendo sus fanzines, en salones del cómic o ferias de fanzines o encontrándonos en los eventos que organiza la librería Fatbottom. Me parecía natural incluirlos ahí.

La colaboración es totalmente altruista. Les digo que pueden pillarme las copias que quieran del fanzine y ya está. Otras colaboraciones son de colegas de toda la vida, como Arnau Sanz, con el que llevo años tocando en grupos o Irkus M. Zeberio, que es mi novio.

“Mi público no es peña del mundo de la autoedición ni gente que compra habitualmente fanzines. A mí me compran padres de familia, abogados y cajeros del Mercadona”

 

Mucha lefa, mucha polla, mucha farlopa en los textos, tanto los poemas como en los relatos. ¿Una mala época o una especialmente buena?

Por lo general el fanzine nada sobre aguas tristes, así que supongo que son un reflejo de malas épocas. De todas formas, he tirado muchos textos que eran demasiado personales y que estaban influidos por momentos demasiado jodidos y demasiado coetáneos a la hora de escribir. Al releerlos, uno se da cuenta de que apestan. A veces no se puede escribir estando tan cerca del dolor, se pierde cierto criterio. Está bien coger distancia y reemprender el texto con más serenidad.

Respecto a lo de las pollas y la coca, debo decir que cada vez hay menos. Al principio, el fanzine sí que se centraba más en estos temas. Al principio lo hacíamos dos personas y ese otro individuo es el que aportaba esa tangente más sucia. El tipo es el que ahora ha hecho el librito de poemas que distribuyo que se llama Agujero de Pirámide, que sí que está repleto de pollas y coca; es un genio. De todos modos, en el fondo, siempre hemos hecho textos muy románticos, textos que aman la vida en todas sus facetas.

Hablar de ese tipo de cosas (lefa, pollas, farlopa) supongo que te acerca a lo que la gente entiende por “realismo sucio”, aunque en un contexto diferente. ¿Dirías que tu lírica va en esa onda, tirando hacia esa bohemia punki de Bukowski o Burroughs?

Me gustan ambos escritores, sobre todo Bukowski. Como todo el mundo, tuve mi “época Bukowski” —todo eso de beber whisky con agua y trabajar en fábricas de metal—, pero ya se me pasó un poco. Esto no quiere decir que ya no me guste. Todo lo contrario, me sigue encantando y admiro su persona, no reniego de él, pero tampoco centro mi vida en ser como él ni en emborracharme ni en buscar curros de mierda para poder escribir mi gran novela.

De hecho, creo que mucha gente lo malinterpreta: Bukowski es realmente un tipo muy sensible y detallista, ama la vida como nadie. Lo de las borracheras y las folladas es solo una capa protectora. En este sentido, sí que juego a eso de generar armaduras (para mí evidentes) para explicar otras cosas.

“A veces no se puede escribir estando tan cerca del dolor, se pierde cierto criterio”

 

Hace unos días Sabina Urraca dijo que los mejores escritores son los que escriben estados de Facebook. ¿Crees que es así, que la nueva literatura está allí?

Está claro que el hecho de escribir se adapta y conforma los nuevos formatos, al fin y al cabo es un método de comunicación. Los que quieren escribir lo hacen en libros, en fanzines, pintan paredes o escriben en Twitter o Facebook. La escritura es escritura esté donde esté y tenga el formato que tenga, pero sí que es cierto que cada plataforma tiene su formato. Supongo que la gracia es descontextualizar estos formatos. Pero en fin, la frase de Sabina creo que se refería a que los mejores escritores son aquellos que aún hay que descubrir, esa gente desconocida que aporta textos brillantes a un público limitado.


¿Dirías que eres “más libre” (o algo así) cuando escribes textos como los que publicas en estos fanzines o cuando escribes un artículo en Vice?

En VICE tengo libertad absoluta, no hay ningún editor, marca o partido político que me diga lo que tengo que opinar. Creo que son formatos distintos, básicamente. En VICE hago artículos de opinión y textos supuestamente periodísticos; en Chuck Norris todo lo que escribo es ficción, ya sea en forma de relatos largos, cortos o artículos. Me siento más cómodo en la ficción y opinión subjetiva absoluta, así que supongo que me siento más “yo” en el fanzine pese a que en VICE dejo mucho de mí y de mis ideas.

¿Hay dos “Pol(es) escritor” en ese sentido? ¿Uno ‘perfil Vice’ y otro ‘perfil escritor’?

No, al menos intento que no. Cada formato de texto (ficción/periodístico) tiene sus características pero en ambos casos intento que se escuche mi tono, mi voz, o lo que sea que haga que un texto se note que ha salido de mi cabeza. Me encantaría poder hacer ficción en VICE pero no es el medio indicado para hacerlo (aunque a veces hacemos semanas especiales de ficción en los que he escrito algo, de hecho una historia del último fanzine Chuck Norris salió primero en VICE, en uno de esos especiales, pero no es lo más habitual). LO QUE QUIERO DECIR, joder, ES QUE MANTENGO EL TONO.

“Mi relación con el formato es que sea lo más incómodo y desagradable posible, que no llame la atención, que no siga ciertos cánones de márketing, que sea difícil decantarse por comprar este panfleto. El formato del Chuck Norris tiene que comunicar esa idea de perdedor que contienen las historias, da igual si están serigrafiadas por el autor o impresas en Copy Sants”

 

¿Dirías que tu público potencial es el que te sigue desde hace años por tus artículos en Vice o son públicos diferentes? ¿Crees que hay un sambenito impuesto a tus textos por estar tan adherido al perfil editorial de Vice?

La gente que me compra los fanzines es gente que conoció el fanzine antes que mis textos en VICE, ya que llevo currando en VICE casi cuatro años y el anterior número de Chuck salió hace seis años. Puede que con este último número haya gente que lo compre por mis textos de VICE pero la gran mayoría son clientes con cierta antigüedad, ese sería “mi público”.

En el mail de Chuck tengo una lista de correo de gente que alguna vez me ha comprado un número y cuando saco algo nuevo mando un mail, y es por ahí por donde voy vendiendo el asunto (aparte de repartirlo por tiendas de cómics). Creo que mucha gente ignora que trabajo en VICE ya que en el fanzine nunca he firmado ni un solo texto.

VICE es posterior a Chuck Norris y el tono de Chuck Norris es el que se puede leer en mis artículos de VICE. Sí que puede ser que haya gente que deje de comprar el fanzine al saber que yo soy ese tipo que escribe en VICE: la revista tiene sus detractores y puede que en ciertas capas del fanzinismo esto no guste demasiado.

De todos modos puedo decir que “mi público” no es peña del mundo de la autoedición ni gente que compra habitualmente fanzines. A mí me compran padres de familia, abogados y cajeros del Mercadona, esa era la gente que venía a pillarme el Chuck cuando lo vendía cara a cara en el Salón del Còmic de Barcelona, y así me lo hacían saber.

“Hay un mito, todo esto del DIY y la autoedición es un poco de palabrería: hay muy poca gente que se lo imprima ella misma”

 

Hace unos días publicaste una reseña de ti mismo. ¿Se puede caer más bajo que eso?

Joder, claro, caer bajo no tiene límites.

Lo de la reseña lo hice porque 1) se me había echado el tiempo encima y tenía que entregar la reseña del mes YA y hacerlo del Chuck era lo más sencillo y 2) porque me parece lamentable ese comportamiento humano de humildad excesiva, de corrección moral. ¿Escribo reseñas en el BCN Més? Pues, qué coño, voy a meter mi fanzine ahí sin ningún tipo de pudor.

De hecho, una vez, en un apartado de reseñas de fanzines que teníamos en el Chuck Norris reseñé todos los fanzines Chuck Norris que habíamos sacado hasta el momento, puse incluso un fanzine Chuck Norris del futuro. Es un poco luchar contra esa idea del apoyo hipócrita entre fanzineros. Que tú y yo hagamos fanzines no significa que a mí me tenga que gustar el tuyo o viceversa.


Ahí decías que los textos van sobre “hombres tristes y pobres, vidas penosas y personas mirando fijamente a una pared”. ¿Hay algo más motivador o movilizador que el fracaso, los losers?

Claro que sí, el amor. ¿Sabes de lo que te estoy hablando?

“Me siento más cómodo en la ficción y opinión subjetiva absoluta, así que supongo que me siento más “yo” en el fanzine pese a que en VICE dejo mucho de mí y de mis ideas”

¿Sigue teniendo sentido publicar un fanzine en 2017? ¿Qué motivación encuentras tú? ¿Poder ir a ferias de autoedición y casas okupas a tomarte unos kalimotxos?

Claro que sí, incluso creo que un fanzine puede existir en formato digital. Los blogs son, de alguna forma, fanzines. Lo importante es escribir con sinceridad y pasión, da igual si está grapado o tiene la portada de color. Prefiero que se puedan tocar pero no es indispensable, creo.

A mí me encanta dar salida a mis textos, a mis historias. Que salgan de mi cerebro, que salgan del disco duro donde almaceno los documentos de Word para que la gente los lea. Que lo lean personas. Personas que, al leerlos, quieran follar conmigo. Esa es mi motivación. Y si me invitan a un kalimotxo, pues mucho mejor.

Pol Rodellar