Sí, sí, de acuerdo. Ya sabemos que lo tradicional en estas fechas es brindar con un espumoso pero nosotros hemos pensado darle un toque de originalidad al asunto sin perder el toque clásico, además de que el año pasado ya le dedicamos al champán y al cava su articulito de rigor que aún no ha perdido vigencia y que podéis consultar en Notodo. Por eso, en estas fiestas tan entrañables, hemos decidido apostar por el brandy. La palabra brandy proviene del neerlandés –el idioma que comparten holandeses y flamencos y que, aunque parezca mentira, cuenta con 23 millones de hablantes– concretamente del término brandewijn que significa “vino quemado”. Se trata de un aguardiente de alta graduación cuyo origen, como suele ser en estos casos, algo incierto, se atribuye a un químico holandés. Aunque hay constancia muy anterior de la existencia de este producto, fue en el siglo XVI cuando se produjo una enorme cosecha de uva por lo que se le ocurrió la idea de reducir el vino quemándolo para rebajar los costes de transporte y almacenamiento. Para que una bebida sea denominada brandy debe ser obtenida a partir de aguardiente de vino. Existen varias denominaciones en todo el mundo donde se produce. Si bien los más conocidos y emblemáticos son los franceses, no en vano fueron los primeros en preparar esta bebida, en España también se producen brandis de excelente calidad como los de Jerez o, en menor cantidad, los de Cataluña.
Y dirán ustedes: “es lo mismo que el coñac”. Pues sí, pero no. Al igual que ocurre con los espumosos que, por extensión, acabamos llamando erróneamente champán a todo lo que tenga burbujitas, aquí sólo se reconoce como coñac aquel brandy proveniente de la región francesa denominada Cognac. Lo mismo ocurre con el Armañac que es el brandy que se produce en esta región de la Occitania francesa. Es decir, que utilizar coñac y brandy como sinónimos, no es correcto. Ya que estamos, hablemos un poco del coñac. Está elaborado con vino de uva blanca, cuidadosamente seleccionada, sometido a un proceso de doble destilación en alambiques de cobre y maduración de un mínimo de dos años en cubas de roble. Existe un organismo, el Bureau National Interprofessionel du Cognac (BNIC), que se ocupa de velar por la calidad de este producto y que tiene la potestad de retirar la definición de “cognac” si una bodega no cumple los requisitos. El coñac envejece en la cuba, no en la botella y es muy habitual que el producto final, sea una mezcla de diferentes coñacs, algo similar a lo que ocurre con los whiskies. Si el caso es éste, en la etiqueta aparecerá la edad del aguardiente más joven de la mezcla. Existen diferentes tipos de coñac según el tiempo de crianza: el VS (Very Special) o Tres Estrellas para aquellos cuyo aguardiente más joven tiene, como mínimo, dos años en barrica; el VSOP (Very Superior Old Pale) o Réserve que son aquellos cuyo aguardiente más joven tiene al menos cuatro años de añejamiento en barricas y, por último está el Napoléon, XO u Hors d'âge cuyo aguardiente más joven tiene al menos seis años de maduración.
Hennessy es una de las casas más antiguas y prestigiosas de coñac. Su fundador, el irlandés Richard Hennessy, había sido un mercenario para Luis XV y sus servicios a la corona fueron compensados en 1765 con unas tierras en la localidad de Cognac. Comenzó enviando licor a su familia y amigos en Irlanda y pronto se inició en la producción junto a su hijo, acuñando la marca Hennessy & Co. Hoy la empresa está dirigida por la octava generación familiar y vende unas tres millones de cajas de coñac al año. Este coñac resulta de una sabia mezcla de aguardientes de diferentes orígenes, edades y característica que el maestro mezclador se ocupa de realizar. Este arte de la mezcla se ha transmitido a lo largo de generaciones de la familia Fillioux que ha estado asociada a Hennessy desde el 1800. Hoy Yann Fillioux es el responsable de la gran tradición de la marca que, sin perder su identidad, trata de buscar innovaciones para un consumo diferente de esta bebida. Su última apuesta son una serie de cócteles que combinan este producto con el té. Lo de tildar como “Napoleón” a los coñacs más longevos no es algo aleatorio. Courvoisier una de las casas más emblemáticas en su elaboración, lleva en sus botellas una efigie del emperador ya que se cuenta que éste era un gran aficionado a esta marca. De hecho, afirman que se llevó varios barriles en su retiro a Santa Elena. Lo curioso es que, aunque sus orígenes son anteriores, la empresa fue fundada diez años después de la muerte del susodicho. Otro Napoleón, en este caso III, le otorgó el título de de "Suministrador Oficial de la Corte Imperial" en 1869. En 1909 el negocio pasó a manos de la familia inglesa Simon que desarrolló su reputación a nivel mundial. Fueron ellos los que incluyeron la silueta identificativa e introdujeron la reconocible botella Josephine en 1950. Los orígenes de Delamain se remontan al siglo XVII. Se trata de una empresa familiar fundada por un inmigrante irlandés llamado James Delamain que se caracteriza porque sólo comercializa la categoría XO en producciones muy limitadas. Algo más reciente es La Gabare que fue fundada en 1992 por un corredor y comerciante de coñac llamado Jean Grosperrin. Se trata de una empresa familiar que hoy regenta su hijo Guilhem y que se dedica a la selección, envejecimiento y la venta de ejemplares “raros”, y coñacs añejos que luego mezcla adecuadamente. El proceso conlleva un trabajo de autentificación previo al embotellado para datar de modo exacto las aguardientes que luego conformarán la mezcla, algo que queda claramente especificado en la etiqueta.
Regresemos a España. Como ya hemos comentado, Jerez es el productor por antonomasia de este tipo de destilado que se diferencia de los franceses en que el envejecimiento se realiza con el sistema de soleras y criaderas y el trasiego continuo. Otra diferencia es que las cubas utilizadas son de roble americano mientras que en Francia se utiliza el roble de Limusin. Algunas marcas de esta zona se remontan al siglo XVIII como es el caso de Romate, Domecq o González Byass. En este caso también podemos distinguir diferentes tipos de brandis en función de su tiempo en barrica. Así, si el envejecimiento supera los seis meses hablamos de Brandy de Jerez Solera; si supera el año se denomina Solera Reserva y si alcanza los tres años es Solera Gran Reserva.
Fue en 1781 cuando Juan Sánchez de la Torre fundó en Jerez de la Frontera la bodega de los hermanos Sánchez Romate pero hubo de llegar la cuarta generación para que en el año 1887 se creara el exclusivo brandy Cardenal Mendoza Solera Gran Reserva. Toma su nombre del cardenal Pedro González de Mendoza, figura clave del Renacimiento español. Pensado en un inicio para familiares y amigos, pronto se convertiría en el producto insignia de la casa y mucho más ya que en 1909 fue fue nombrada proveedora de la Cámara de los Lores del Reino Unido y unos años después, logró el título de proveedora del Sacro Palacio Apostólico del Vaticano. Hoy se sigue elaborando del mismo modo que en sus inicios que pasan por el destilado de vino de uva de la variedad Aíren en alquitaras para luego someterlo al proceso de soleras y criaderas típico de la zona. Los hermanos Barbadillo fundaron en 1821 la bodega que lleva su apellido familiar en Sanlúcar de Barrameda. Producen, en edición limitada y con botellas numeradas firmadas por el capataz de la bodega, uno de los brandis más longevos de la zona: el Barbadillo Gran Reserva. Proviene al 100% de uva de la variedad Palomino y cuenta con más de 20 años. Se presenta en un precioso decantador de vidrio artesanal. Más accesible resulta el Brandy Solera BB elaborado a partir de una mezcla de caldos elaborados con uvas de Palomino y Pedro Ximénez y envejecidos durante 18 meses en barricas de roble americano. Su proceso tradicional permite que se conserven los aromas originarios de los vinos que se destilaron. En 1870, Jaime Torres Vendrell fundó en el Penedés la empresa Torres, dedicada en sus inicios a la comercialización y exportación de vinos. Ddesde 1928 se dedican a la producción de brandy y, en 1946 pusieron a la venta por vez primera su inconfundible Torres 10, uno de los brandis españoles más conocidos en el mundo. Su ‘hermano mayor’ el Torres 20, mucho más exclusivo, está elaborado con vinos provenientes de uvas Parellada y Ugni Blanc, envejecidos en barricas de roble Limousin (al estilo francés) que el primer año son nuevas pero posteriormente pasan a cubas añejas para compensar el excesivo aroma de la madera virgen. La joya de la casa es el Jaime I, un brandy elaborado como homenaje a Antonio Gaudí. El diseño de la botella es del arquitecto japonés Hiroya Tanaka y representa uno de los tragaluces de la Casa Mila (La Pedrera).
Ahora sólo les falta una buena y tradicional copa de balón que conserve los aromas y la temperatura y atrapar entre las manos esta deliciosa bebida que se debe consumir con pausa y mesura.
