Bonaerense de nacimiento y barcelonés de adopción, Hernán Casciari publicó en su blog hace unos años una serie de artículos que luego fueron recopilados en un libro bajo el título España perdiste. Con un tono socarrón y gamberro, contaba como los argentinos habían conquistado (en todos los sentidos del término) a los españoles. El proceso de consentida y gozosa ‘invasión’ partía de hacer de King África el nuevo rey de la canción del verano, seguía por la adopción en la lengua de vocablos netamente argentinos como piba, pibón o guita y culminaba con el ‘envío’ de Ricardo Darín para que todas las mujeres suspiráramos ante ese dulce acento y esos encantadores ojos azules ¡Aaahhhh! Pero, a juicio de Casciari, y no seremos nosotros quienes le quitemos la razón, el verdadero hito ocurrió el 28 de julio de 2005 cuando La Lechera sacó a la venta dulce de leche. Y en envase anti goteo.
Desde ese momento ya no ha sido necesario cruzar el Atlántico para hacerse con un bote del producto, no sólo por esta versión patria, si no porque algunas de las marcas argentinas más afamadas comenzaron a llegar a nuestro país y, al principio en recoletas tiendas especializadas en aires pamperos o gourmet y más tarde incluso en grande superficies, tenemos al alcance de la mano Chimbote, Mardel o Havanna. Entre las tiendas más veteranas se encuentra La Franco Argentina (Madrid) un pequeño paraíso para los rendidos antes los dulces y la gastronomía argentina y Havanna, con sus más de 50 años de tradición y quizá la más conocida en todo el mundo, que recaló en Barcelona con tiendas propias. Y, para aquellos a los que les pille lejos o prefieran no moverse de casa la tienda on line, El gusto argentino reparte a toda España. Aunque diversos países del Cono Sur se disputan su invención, un relato popular lo atribuye al azar cuando, en 1829, los políticos y militares Juan Manuel de Rosas y Juan Lavalle se reunieron para firmar un acuerdo de paz y la criada del primero se olvidó un cazo con leche y azúcar al fuego que acabó convertido en una sustancia espesa y de color marrón claro que agradó a ambos. Atribuciones y leyendas aparte, si puede haber algo más netamente argentino que Maradona, Mafalda, Borges o el tango, es esa delicia sedosa color tostado. Hay que confesar que somos muchos los que blandiendo cucharilla atacamos directamente al bote, pero el dulce de leche acompañado es incluso mejor y la combinación perfecta acontece entre dos esponjosas galletas bañadas en azúcar glasé o chocolate, lo que da lugar a los alfajores que nada tienen que ver con los contundentes que aquí llevan el mismo nombre. Los Havanna y los de Mardel tienen merecida fama pero también los podemos encontrar recién hechos en nuevos establecimientos que empiezan a proliferar en nuestro país. Nurielle es uno de ellos. Cuenta con doce establecimientos en la capital y se está expandiendo con franquicias. Es una cafetería que abre hasta altas horas de la noche donde se pueden encontrar además de las diversas versiones del alfajor, medias lunas rellenas, vigilantes, churrinchis… y como no, la opción salada con sándwiches de miga, empanadas o pascualinas. Entremigas, aunque dirigido por una española, confía la elaboración de sus productos a una familia argentina que pone toda la tradición y el sabor de la tierra del tango en sus recetas para las que elaboran ellos mismos el dulce de leche, y sus sándwiches de miga, de ahí su nombre, son fabulosos. Cuenta con tres locales en Madrid y un obrador al que se pueden hacer pedios para reuniones de todo tipo. Dos locales en Majadahonda (Madrid) tiene Atuel y un espíritu similar a las anteriores: un espacio donde disfrutar de un café acompañado de dulces o la oportunidad de llevárnoslos a casa.
La gustosa invasión continúa así que ríndanse cuanto antes.
