23 octubre, 2018. Por

Petra

¿Cuánto vale la pena humillarse para conocer la verdad?
Petra

“Ten cuidado con lo que buscas, porque lo que puedes llegar a encontrar quizás no es lo que esperabas”, le dice un familiar a Petra a lo largo de la película; pero, probablemente, también te lo ha dicho alguna vez alguna persona cercana de tu entorno. Los riesgos de la búsqueda, las vicisitudes de la soledad, los giros trágicos de las historias de amor y redención o la dureza con la que en ocasiones nos espera el destino, son algunas de las cuestiones que ha decidido abordar Jaime Rosales en su nueva película, una tragedia griega para la España profunda del Siglo XXI.

No existen artificios en Petra, la historia de una joven que, una vez muere su madre, decide ponerse a buscar a su padre, a quien no conoce y cuya identidad nunca le quiso revelar en vida su progenitora, a través de algunas pistas que ha ido dejando a lo largo de los años, y de la ayuda de personas cercanas a su entorno en los años en los que se quedó embarazada. La búsqueda que inicia esta joven aspirante a artista plástica la lleva a la mansión-taller que tiene en la Cataluña rural Jaume, uno de los artistas españoles más importantes de las últimas décadas, pero un ser inquietante, despiadado, cínico y distante, con una frialdad imponente, pero también (en su punto) honesto hasta la brudalidad y frontal hasta la humillación con todo (y todos) lo(s) que lo rodea(n). Pero, ¿hasta cuánto merece la pena humillarse y entregar tu vida con tal de conocer la verdad?

“Un film con forma de obra de teatro, concretamente de tragedia griega adaptada a un contexto contemporáneo, pero tocando los mismos temas que acostumbraba la dramaturgia clásica: dramas familiares, romances prohibidos, soledad, muerte, pragmatismo, gestión de las emociones, pasión, dolor, humillación y redención”

Jaime Rosales acaba componiendo la película en capítulos, literalmente. Casi como auto-spoilers que presiden y anticipan lo que se narrará en ellos, el director de La Soledad y Tiro en la cabeza acaba presentando un film con forma de obra de teatro, concretamente de tragedia griega adaptada a un contexto contemporáneo, pero tocando los mismos temas que acostumbraba la dramaturgia clásica: dramas familiares, romances prohibidos, soledad, muerte, pragmatismo, gestión de las emociones, pasión, dolor, humillación y redención.

Este rompecabezas con forma de novela en movimiento, o de relato sobre la España autohumillada, que acaba siendo Petra nos entrega, una vez más, a una Bárbara Lennie en estado de gracia, que firma una de las mejores interpretaciones de su carrera, pero que encuentra equilibrio en unos personajes-acompañantes muy bien definidos: el malo-malísimo de Joan Botey en el papel del despiadado y venenoso Jaume, tan cerca de los villanos de Tarantino como de los de Clint Eastwood pero con un empaque arty y burgués español; una Marisa Paredes que aparece en momentos muy concretos como la esposa de Jaume, pero aportando destellos de tristeza, desidia, decepción y redención a raudales; o un Àlex Brendemühl en el papel del hijo de Jaume, entregando su mejor interpretación desde, posiblemente, Wakolda o En la ciudad.

Jaime Rosales consigue quitar ciertos tics a su cine contemplativo, e incluso, y aunque no pierde el orden y la arquitectura narrativa, acaban cobrando mayor calidez y peso los componentes dialécticos y reflexivos de una historia que juega a no querer sorprender para acabar sorprendiendo más que, posiblemente, cualquier film del cineasta barcelonés.

Petra