11 junio, 2018. Por

Petitet

El sueño de llevar la rumba catalana a un gran teatro
Petitet

Un gitano le promete a su madre moribunda llevar la rumba catalana al teatro por medio de una orquesta sinfónica. Esta es la formidable historia con la que se cruza el cineasta y periodista Carles Bosch, y que decide darle voz por medio de una película documental: Petitet, llegando a ganar el premio del público en el reciente festival DocsBarcelona.

El protagonista en cuestión se trata de Joan Ximénez Petitet, conocido por su último apellido, hijo de un palmero de Peret, y expercusionista de Gato Pérez. Petitet le promete a su madre antes de morir hacer grande a la rumba de El Raval llevándola a teatros como el Palau o el Liceo, y esto es a lo que se dedica durante todo el documental: a trabajar por cumplir ese sueño.

La rumba catalana, género musical que creó la comunidad gitana catalana en Barcelona a mediados de los años 60 orquestada por artistas como El Pescaílla y Peret, es traída por Petitet en un intento por salvar la cultura de sus orígenes, de su barrio, que ve como este género está cayendo en el abandono.

“La rumba catalana es traída por Petitet en un intento por salvar la cultura de sus orígenes, de su barrio, que ve cómo este género está cayendo en el abandono”

Él ya no puede ser hombre de timbales y bongós porque padece miastenia gravis, una enfermedad neuromuscular que causa debilidad muscular y cansancio, pero se dejará la piel por buscar a 18 músicos que formen la orquesta sinfónica que llevará la rumba a un gran teatro.

La enfermedad de Petitet nos trae a la memoria el anterior trabajo de Bosch, su documental Bicicleta, cuchara, manzana, en el que relata la lucha contra el alzhéimer del expresidente de la Generalitat Pascual Maragall. A diferencia de este trabajo, en el que la enfermedad es el centro, en Petitet, el padecimiento está presente como uno de los obstáculos para lograr su cometido.

Relato de dificultades

Bosch lo que nos muestra es la historia de dificultades que el protagonista tiene que sufrir para llegar a un sueño que parece imposible. Un valiente Petitet muestra su día a día con esta afección muscular, que conocemos también gracias a la presencia de su doctora, la experta Isabel Illa.

De igual forma, no le será fácil a Petitet encontrar a su equipo y que todos juntos suenen bien, pero tienen algo en común, y es que son incondicionales a él. Músicos no profesionales, sin remuneración, que disfrutan tocando, y que no tirarán la toalla hasta que su amigo consiga su anhelo. Como tampoco le será sencillo subsistir, por lo que tiene que dedicarse a vender y comprar chatarra.

“A pesar de su delicado estado de salud, sacará fuerzas para la música, para cumplir su obsesión, y mantendrá en vilo al espectador hasta conocer el resultado de su esfuerzo”

Su ahínco y perseverancia conseguirá mantener el vuelo de la proyección, convirtiéndose en un personaje que encandila y entusiasma cada vez que pronuncia una palabra. Con su aliento y garra, nos ofrece la enseñanza de que si se cree, se crea. A pesar de su delicado estado de salud, sacará fuerzas para la música, para cumplir su obsesión, y mantendrá en vilo al espectador hasta conocer el resultado de su esfuerzo.

Su rumba sinfónica combina instrumentos como la guitarra  y la percusión con violines. Rumba con metales y violines, algo nunca hecho que entonará, por medio de Pedro Heredia, el granaíno, populares canciones. Una lágrima cayó en la arena, El muerto vivo, Gitana hechicera o Sarandonga harán mantener la emoción de principio a fin por este homenaje que Petitet le hace a su madre, a los suyos.

“Lo que transmite Petitet es la sensibilidad de alguien que recuerda con pasión y añoranza sus raíces”

Su objetivo se entremezcla con entrevistas en blanco y negro, sobre todo, en primer plano de las diferentes personas que rondan la vida del protagonista. Los diferentes componentes del equipo, su familia, su doctora… enriquecerán el relato con sus testimonios sobre la enfermedad, el echar de menos, los problemas de trabajar en equipo o situaciones personales como la de Raúl, un saxofonista en paro que fue despedido un mes antes del nacimiento de su hijo.

Todo ello, confluirá en un efervescente final, cargado de emotividad. A la postre, es lo que transmite Petitet, la sensibilidad de alguien que recuerda con pasión y añoranza sus raíces.

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