20 diciembre, 2017. Por

Patricia Guerrero

Hablamos con la última revelación (y revolución) del baile flamenco
Patricia Guerrero

31 son las ediciones que la Fundación Cruzcampo lleva celebrando por y para el flamenco. Los premios Compás del cante son uno de los acontecimientos más célebres en el mundillo que en esta ocasión han reconocido al cantaor Rafael Riqueni. El pasado 12 de diciembre se celebró la gala, donde se incluía una novedad: la categoría Nuevo Compás, del que te hablamos aquí antes de la celebración de la gala. Tras más de 30 años distinguiendo a las más importantes figuras del flamenco de nuestro país, hemos incorporado una nueva categoría para reconocer el talento emergente de los artistas que son llamados a ser los perpetuadores de este arte universal, declaró Jorge Paradela, presidente de la Fundación. Y ese galardón no podía llevar otro nombre que el de Patricia Guerrero.

Tal vez a simple oída no nos suene. Pero pisa fuerte desde los 15 años y sigue guerrera, como su apellido. A ella no le importa que no la conozcas, no quiere ser el típico “hit del verano del que no vuelves a saber nada más”. No quiere estar de moda, aspira a un éxito que vaya mejorando con los años, “como pasa con Brad Pitt”. Una visión realista y madura la de esta granadina de 27 años, de madre bailaora y de padre futbolista,  a quien este premio no le pilla de nuevas.

Ya tiene en su poder el Desplante del Festival de la Unión de Sevilla 2006, dos Giraldillos (Mejor artista revelación en 2012 y Mejor Espectáculo Propio en la Bienal de Sevilla 2016), además de haber sido nominada en dos ocasiones a los Premios Max por mejor intérprete y mejor vestuario, entre otros reconocimientos. Actualmente está de gira con Catedral, su último espectáculo propio que habla sobre la represión de la mujer y con el que se ha subido a escenarios de París o Nueva York. Una muestra que ha supuesto una liberación personal y profesional para alguien que lleva desde los tres años encima de un tablao. Tanto reconocimiento no la distrae ni corrompe: su abuela le sigue haciendo los trajes con los que baila y siente algo parecido al pudor ante tanto halago. El compás con el que la premian lo lleva dentro y su plan es seguir haciéndolo girar.

“No solo por la historia de Catedral, donde se representa a un tipo de mujer que defiende su papel y quiere ser ella misma. Además, soy mujer y claro que soy feminista”

 

27 años, dos giraldillos, Premio Compás, varios espectáculos propios… ¿Cómo se lleva eso?

No es solo un placer y un gusto, sino que incluso te da vergüenza, dices “guau, qué fuerte”. Hablamos de premios que anteriormente se los han dado a personajes muy importantes del flamenco. Lo cierto es que llevo desde chiquitita bailando y trabajando y al final es algo como… “¡qué alegría después de tanto tiempo y tantos años!”. Yo llevo desde los 15 en esto.

¿Tu abuela te sigue haciendo los trajes de gitana?

[Ríe] Pues sí, cada vez le pido menos por la edad, quiero que lo que me haga lo disfrute. Cada vez que se lo digo me dice: “¡¿Otro?!”. Eso será algo que siempre llevaré conmigo. A ella le encanta, se emociona al verlos, aunque ya está acostumbrada.

Realmente tu aventura comenzó cuando con 18 años te vas de Granada a Sevilla. ¿Qué sentimientos recuerdas de aquella época?

Tenía muchísimas ganas, yo ya trabajaba desde que era chiquitita, pero a raíz de ahí fue cuando empezó mi carrera de fondo. Entré en los tablaos de Sevilla, vi otro aire, otro flamenco diferente para mí, conocí a Arcángel, a Carlos Saura, Rubén Olmo… los que han sido mis referentes y maestros. Sevilla era el núcleo del flamenco y la verdad es que le agradezco a la ciudad todo lo que me ha dado.

¿Crees que fue más un ataque de rebeldía o una necesidad intrínseca?

Era una necesidad. Yo soy hija única y mis padres me apoyaron muchísimo. Yo tenía clarísimo que mis estudios obligatorios los tenía que terminar en Granada, y luego hice magisterio en Sevilla y lo compaginé. Necesitaba seguir creciendo y era Madrid o Sevilla, y al final me tiró el sur. Fue un paso duro porque soy hija única y me fuí sin haber vivido nunca fuera de mi casa. Pero ha sido lo mejor que he hecho en mi vida.

g “Nunca he tenido esa prisa de llegar o de estar en todos los lados”

 

¿Qué dice ahora tu madre de este éxito?

Mi madre no expresa las cosas, pero yo se lo noto, veo que ella está muy orgullosa de haber apostado. Mis padres han hecho todo y más por mí y después de todo esto ella misma se sorprende: “¿Hasta dónde se nos ha ido esto de las manos?” [Ríe].

Cualquier trabajo creativo requiere una serie de renuncias. Tú tienes 27 años y empezaste en esto muy joven, ¿crees que has tenido que hacerlo demasiadas veces?

En mi caso ha estado siempre bastante equilibrado. En el baile me ayuda mucho mi vida social, yo termino del estudio y no me puedo encerrar. Aquí en Sevilla intento salir y tomarme algo para distraerme. Desde pequeña ha sido así y siempre he tenido energía para reírme un rato y charlar. Lo duro ha sido dejar a la familia y tenerla lejos.

El periódico francés Le Monde ha definido tu arte como “flamenco feminista”. ¿Crees que se puede catalogar así?

Sí. Es más, no solo por la historia de Catedral, donde se representa a un tipo de mujer que defiende su papel y quiere ser ella misma. Además soy mujer y claro que soy feminista.

En alguna ocasión te has referido a Catedral como una liberación personal. ¿Te sentías un poco como su protagonista hasta que estrenaste?

Cuando estrené fui consciente de que hay unos códigos en el flamenco, ese reparo a no hacer ciertas cosas, a no ser suficientemente flamenca o salirte un poco de unos límites. Es cierto que tenía miedo porque no sabía la reacción que iba a tener el público pero yo confiaba muchísimo en el espectáculo y en el personaje porque me lo creí. Si no gustaba daba igual porque a mí me gustaba. Esa es la clave: si el que interpreta se lo cree y lo hace desde una verdad, a la gente le va a llegar.

“Está bien que exista el purismo pero también una vanguardia y una evolución, que se arriesgue. De lo contrario nos estancaríamos y el flamenco no llegaría a ser universal, nos quedaríamos en el folklore”

 

En tu biografía afirmas que no tienes que ubicarte: “soy una bailaora contemporánea, hago flamenco de hoy”. ¿Crees que existe una idea antigua o purista sobre el flamenco?

Sí, pero no solo en el flamenco, sino en todos los ámbitos. Yo creo en la evolución natural, tanto de los artistas como del flamenco en sí. ¿Quién le dice a un artista que no haga algo si él es lo que necesita? ¡Es maravilloso que una persona tenga esa libertad! Está bien que exista el purismo pero también una vanguardia y una evolución, que se arriesgue. De lo contrario nos estancaríamos y el flamenco no llegaría a ser universal, nos quedaríamos en el folklore. También te hablo de la estética encima del escenario, es importante la escenografía y el vestuario, la dramaturgia, las luces… hay que evolucionar si queremos estar en los mejores teatros del mundo. Yo soy contemporánea porque estoy en el momento en el que está pasando esto y hago lo que me pide el cuerpo.

¿El talento español del flamenco se encuentra entre los más grandes  actualmente?

Yo creo que sí, hay muy buenas compañías. El flamenco ahora mismo está pasando por un momento muy bueno y estamos en ese punto de permanecer en primera línea.

“Nunca me ha interesado agradar a nadie más de lo normal”

 

Hay un debate milenario sobre ‘el buen arte’. Dicen que escasea y que es un privilegio que poseen muy pocos. ¿Tú crees que con el flamenco se nace o se hace?

Es un todo, influye mucho que tu familia sea artista y que tú desde pequeño vivas eso. No es lo mismo que lo vivas desde siempre a que no lo hayas tocado nunca.

Tú lo heredaste de tu familia…

Mi madre es bailaora, mi familia siempre ha tenido arte, yo vengo del barrio del Albaycín de Granada, que hay muchos gitanos, mucho cante… Se junta un poco todo, pero al final es cierto que en el momento que vivimos, la gente va muy rápido y se pierde un poquito la esencia de las cosas, a lo mejor por eso se dice que lo tradicional escasea.

“Cuando estrené fui consciente de que hay unos códigos en el flamenco, ese reparo a no hacer ciertas cosas, a no ser suficientemente flamenca o salirte un poco de unos límites”

 

Tú dices que no te gusta estar de moda porque lo que está de moda, pasa de moda. Y como un trabalenguas, te pregunto: ¿no crees que en este mundo del que hablamos hay que estar de moda para saber qué es dejar de estar de moda?

Totalmente. Pero yo lo equiparo a los hits del verano que ya no vuelves a escuchar en tu vida. Yo no quiero haber petado, o este año con estos premios tan potentes quedarme luego en la nada. No creo que sea mi caso porque llevo muchos años trabajando, pero yo siempre digo: “¡Que no estoy de moda, hombre!”. [Ríe] Así que cuidado con las modas, yo quiero ser como Brad Pitt, que el éxito se mantenga con los años, que no sea pasajero.

¿Le tienes miedo a ese boom de éxito?

Nunca he tenido esa prisa de llegar o de estar en todos los lados. Y creo que ha sido la clave de que me hayan ido las cosas bien. No he buscado más de lo que me venía. No me ha interesado agradar a nadie más de lo normal.

Has estado en escenarios de París, NY… ¿Catedral va a seguir girando o en qué te encuentras ahora?

Estoy muy contenta porque Catedral está girando bastante. Vamos a Italia, a Finlandia, Asia, Sudamérica en junio… También estoy pensando en el siguiente espectáculo que lo voy a estrenar en la Bienal 2018. Además, antes vamos a hacer una pequeña performance en el Museo Pompidou de París. Va a ser un previo en el que nos vamos a sumergir un poco en las utopías de la vida, que ahora son muy necesarias.

Patricia Guerrero