5 abril, 2018. Por

Pablo Humeante

Hablamos con uno de los referentes y granos en el culo del underground estatal
Pablo Humeante

Creía que solo existían para enviar promociones de la compañía de teléfono de turno, o de esas claves de activación que te envían de los bancos para hacer algún movimiento bancario, pero no: los SMS existen. Lo sé porque así estuve hablando durante varios días con Pablo Fernández, más conocido como Pablo Humeante, para quedar a hablar de Humo, del pasado con Discos Humeantes, de los bolos que va a montar en Madrid, pero, sobre todo, de su afilada percepción del circuito alternativo estatal.

Varios SMS después se me aparece con chupa de cuero y gafas de pasta, como una especie de Steve Urkel blanco y mayor edad o de personaje icónico de la Movida madrileña que viajó en el túnel del tiempo y se plantó en 2018 con 32 años. Pero no: Pablo lleva diez años publicando discos desde Oviedo, siendo a la vez referente y grano en el culo de muchos, pero sacando a la luz muchas de esas bandas que, antes de pasar por su filtro, no existían (y posiblemente no existirían).

Nos encerramos durante más de una hora en el Marbella, uno de los mejores-peores bares de esa frontera que colinda Tirso de Molina y el inicio de Lavapiés, caña y tapa de callos a la madrileña mediante, para hablar sin pelos en la lengua ni líneas rojas sobre música y contexto.

“Hubo un tiempo que me preocupaba por escuchar cosas que nos convierten en alguien que nos gustaría ser. Ahora, no necesito que esté de moda: ya no quiero ser guay”

No sé si es una especie de leyenda, pero, ¿tú tenías un videoclub?

Hace muchos años sí. Siempre fui de los negocios obsoletos. En Asturias puedes permitirte vivir con poco. Era un videoclub que era de mi madre, lo abrió en 1983, y había un arraigo familiar muy fuerte: desde pequeño yo lo vi siempre como algo guay. Y cuando volví de vivir en Barcelona me propusieron hacerme cargo de él, pero ya era totalmente ruinoso el negocio. Pero yo en mi cabeza estuve años yendo a videoclubs: siempre lo reivindiqué y me parecen espacios brutales, vivos y frikis…

Quizá vuelven en algún momento, y se convierten en algo parecido a lo que pasó con los vinilos…

Es más difícil, yo creo… Los vinilos llegan a un público muy pequeño pero muy fiel y muy consumista; pero el público llegaba a la masa. Siempre venía gente muy mayor y me preguntaba: “recomiéndame algo de acción”. Y yo le decía alguna película y tal. Y él me respondía: “¿pero esto es acción trepidante”. ¡Y yo qué sé! (risas) Pero acabé haciendo una sección casi exclusivamente para él: películas de serie b y serie z, películas de Steven Seagal, de Van Damme, de Wesley Snipes… pero recuerdo el videoclub con mucha ternura, como algo mucho más guay incluso que un sello o una tienda de discos.

En la música existen élites que en el cine se difuminan más: incluso gente a la que le gusta el cine alternativo coincide en gustos con gente que le gustan otras cosas; mucho más incluso de las cosas en común que tienen aquellos a los que les gusta la música alternativa. Pero de la experiencia del videoclub aprendí mucho: sobre tdo, a arruinar un negocio con dignidad (risas).

De cara a estos showcases que habéis montado… ¿Es una celebración de algo estos conciertos que haréis en Madrid con el róster de Humo Discos? ¿Es una manera de posicionar la marca? ¿O una vía para programar a los grupos del sello, que no suelen tener mucho espacio en la grilla de festivales?

En Discos Humeantes, al ser más jóvenes y estar aprendiendo sobre la marcha, hacíamos muchas más cosas juntos, también porque teníamos una sensación de comunidad que a veces daba la impresión de que hacíamos más las cosas para nosotros mismos que para los demás. Luego, nos dimos cuenta de que las cosas funcionaban mucho mejor cuando nos juntábamos funcionaba todo mejor que cuando hacíamos las cosas por separado; sobre todo en bandas que no tenían una gran dimensión.

“De la experiencia de tener un videoclub aprendí mucho: sobre todo, a arruinar un negocio con dignidad”

Discos Humeantes tenía, de alguna manera, la identificación con un sonido, más garage y punk (que creo que fue más una escena que surgió en una época determinada); pero en Humo somos más versátiles, y no hay un sonido predominante. Y nos apetece poner en orden todo lo que llevamos hecho hasta ahora y darle unidad. Hay gente que me pregunta por qué sacamos cosas tan diferentes. Y nosotros sí le vemos un sentido: que la gente vea las cosas que hay en común no tanto a través del sonido, sino de la actitud de las bandas, de la forma de entender la música. STA, por ejemplo, hacen dub pero ni siquiera forman parte del circuito de reggae y dub: es gente que apuesta por lo suyo al margen de escenas, con el único objetivo de sentirse bien con su propia música.

¿Pero os está costando crear comunidad entre las bandas, como una idiosincrasia común? Que eso es algo que con Discos Humeantes os resultaba más fácil, creo.

Ya no tener 22 años hace que las vidas y las necesidades de cada cual vayan por otro lado. Las cosas ya no las vivimos con tanta intensidad. Y no todas las bandas viven de tocar, y a veces es complicado cuadrar algo tan nuestro y tan de todos en unas fechas concretas. Hubo que hacer un encaje de bolillos bestial para organizar estos conciertos en Madrid. No es que nos cueste crear esa idiosincrasia, pero sí que nos cuesta encontrar el momento para hacerlo florecer de una manera real. Yo siempre digo que si pudiera editaría solo bandas de mi ciudad; pero a veces es difícil, en una ciudad tan pequeña como Oviedo, encontrar gente con la que sientas esa afinidad.

Me gustaría poder estar todos en el mismo lugar, como pasaba con las escenas del hardcore de Washington. En España, si te sales de Barcelona o Madrid es casi imposible plantearte algo así.

“Muchas veces, mantenerte firme a algo por el simple hecho de que funciona termina destruyendo la pasión. Y con Discos Humeantes me encontré en un punto en el que empecé a hacer cosas porque se suponía que tenía que hacerlas”

¿Crees que en estos años habéis conseguido separar en el imaginario a Humo de Discos Humeantes? ¿Crees que la gente ve Humo como una entidad completamente independiente de lo que fue Discos Humeantes o que lo perciben como una continuación?

Existe una confusión que viene dada porque la dimensión de Humo es mucho más pequeña que la de Discos Humeantes; y cuando alguien quiere reforzar la imagen del sello, tira de las referencias que saqué en Discos Humeantes. Como cuando una banda se separa y el guitarrista monta una nueva y se pone entre paréntesis el nombre de la banda que ya no existe.

Recuerdo, escuchando un podcast, que hablaban de uno de los grupos que estaba en Discos Humeantes, y recordaban un poco los años del sello y decían que qué pena que desapareciera. Y cuando uno le recordó que ahora algunos de los que estábamos allí estamos ahora en Humo, otro le decía: “ya, pero… buf, escuché alguna cosa y sólo editan metal y bakalao” (risas). Y me parece súper guay que tengan esa imagen nuestra. Él no lo decía de manera ofensiva, pero me gusta que vean que no es lo mismo un sello que otro.

Cuando volví a tener un sello tenía claro que no quería alimentar escenas que estaban vacías, o sonidos que no eran lo interesante de entre lo que estaba surgiendo… y muchas veces, mantenerte firme a algo por el simple hecho de que funciona termina destruyendo la pasión. Y yo con Discos Humeantes me encontré en un punto en el que empecé a hacer cosas porque se suponía que tenía que hacerlas.

¿Y por qué mantener esa conexión tan explícita entre un nombre y otro?

Fue una idea de Ernesto de Fasenuova, que me decía todo el tiempo que no podíamos renegar del pasado. Yo le decía que no renegaba del pasado, pero que quería mirar al futuro; y, de hecho, descubrir a un grupo como STA me dio muchas alas para montar el sello. Y creo que incluso mucha gente que seguía a Discos Humeantes, al ver que empezábamos a marcar una línea con cierta distancia del sonido de las bandas que publicábamos, dejó de seguirnos… y no me importa. Como tampoco me importa que se asocie un sello con el otro y que muchos piensen que es parte de lo mismo. Las cosas cambian, y los sellos también tienen derecho a cambiar y resignificarse.

“Muchas veces pienso que, si las bandas trabajaran más en vez de estar posteando en el puto Facebook éxitos que no se creen ni ellos, toda la escena independiente estaría mejor situada”

También cambió el modelo: Discos Humeantes era más unipersonal; y en Humo sois más socios, más caras visibles, tengo entendido.

Sí, lo que pasa que, al final, siendo justos a la verdad, soy yo el que acaba comiéndose los marrones. Montamos Humo y uno de los chicos, Diego, encontró enseguida curro de lo que había estudiado; Ernesto es un artista total, y necesita otra inspiración para currar, es más un hombre de ideas, y aprendo muchísimo de él, aunque seamos de generaciones diferentes, pero se diluye cuando tiene que currar en cosas de otros grupos. Pero estoy mucho más cómodo ahora que en Discos Humeantes: prefiero poder llamarlos a ellos, consultar cosas… hay otro proceso diferente, incluso motivacional.

Recuerdo que dijiste en una entrevista que uno de los mayores errores de los sellos independientes es que buscan replicar modelos de las multinacionales. ¿Qué dirías que os distancian a manera de funcionar de lo que es el circuito de sellos?

No quiero ser un bocazas que se sienta mejor ni superior a nadie. Cuando dije eso fue por remarcar los propios errores que habíamos cometido nosotros en Humantes, y tener la constancia de que otros estaban cometiendo los mismos. Hubo quien me reprendió por decir cosas como esa. Yo lo único que hice fue hablar de lo que yo viví y cómo lo entendí y lo racionalicé.

En Humo intentamos tomárnoslo todo con más calma. Sobre todo, es necesario hacerlo rentable; pero la ética no puede confundirse con la estética. Y ser “aparentemente” un sello independiente no te hace un sello independiente. El problema en este país es que los sellos independientes no tienen hueco: para poder funcionar, tienes que funcionar en los mismos parámetros que ya funcionan; no hay un camino alternativo.

“Si pudiera, borraría las reproducciones de YouTube: desde la explosión del trap, tener 10.000 visitas, que para mí es un éxito, te hace sentir como un pringado”

Desde la Movida madrileña hasta el Xixón Sound o el indie de los ’90 no se creó nada: todo acabó formando parte de los mecanismos multinacionales. En otros países sí se han construido redes desde lo independiente, y las industrias alternativas de otros sitios funcionan, y los grupos tienen su propio espacio y su propio lugar. Aquí no: aquí hay que pagar unos peajes que si no lo haces te quedas fuera.

Pero si tuviera que decir algo que nos distancia del grueso de sellos indies españoles es estar en provincias. Allí las cosas funcionan de otra manera. Hay unos chavales que curran conmigo en La lata de zinc, y hacen stoner, y son una banda enorme. Y cuando tocan allí meten 200 personas, pero lo tienen muy difícil: no conocen a nadie, no están en el meollo, fuera no existen. Es triste, pero es así. Y nosotros estando allí, o planteas tus propias maneras, o sobrevives peor.

“Ser “aparentemente” un sello independiente no te hace un sello independiente. El problema en este país es que los sellos independientes no tienen hueco: para poder funcionar, tienes que funcionar en los mismos parámetros que ya funcionan; no hay un camino alternativo”

¿Y cómo se gestiona la ambición? Al final, un sello también es una empresa.

Yo soy súper ambicioso. Tengo una ambición tan terrible que a veces se convierte en delirio. Pero la trato de mantener dentro de mi ser, que me siga representando. Yo no quiero que Humo se convierta en algo gigante que saca cosas que no tengo ni tiempo a escuchar ni disfrutar. Algunos de los discos que tengo la suerte de editar son algunos de mis discos favoritos editados en España. Y es algo de lo que sentirse muy orgulloso, independientemente del resultado que tenga en medios, público, ventas… Hay que hacer las cosas por otro motivo: la ambición hay que aplicarla en el trabajo y no en los resultados.

Los conciertos que vamos a hacer en Madrid son ambiciosos, y no me pongo colorado diciéndolo: puede ser algo bueno o algo que quede a medio gas y que dé imagen de fracaso. Y precisamente en un momento en el que la imagen de las redes sociales parece que lo son todo. Pero yo muchas veces pienso: si esta peña trabajara más y grabara discos en vez de estar posteando en el puto Facebook éxitos que no se creen ni ellos y hacer grandes cosas que no existen, toda la escena independiente estaría mejor situada. Toda banda que aspire a funcionar tiene que crear su propio público.

Machine Head, por ejemplo, decían hace poco en una entrevista que iban a dejar de tocar en festivales: preferían cobrar más dinero tocando en salas, haciendo conciertos solo para el público que quiera verlos a ellos, tocando más tiempo, preparando su propio show. Y debería ser así en muchas de las bandas que acaban pasando por el aro de los festivales. A mí me gusta que mis bandas estén en festivales, pero no en festivales a las tres de la tarde por 100 €.

“Me gusta que mis bandas estén en festivales, pero no en festivales a las tres de la tarde por 100 €”

¿Se ‘vende humo’ en Humo a alguna escala?

Yo cuando empezó Discos Humeantes no me gustaba nada el nombre. Lo empecé con unos colegas que lo acabaron dejando rapidísimo, y al final seguí yo. El nombre lo puso uno de ellos, y no me gustaba nada. De hecho, por aquel entonces yo había propuesto Humo como alternativa, pero al final cedí. Y cuando montamos Humo yo quería llamar al sello Pioneros del Dólar, que además conecta con el título de un disco de Los Plátanos. Pero no hubo quorum, y recuperamos la idea de Humo. Pero sí que lo que dices de “vender humo” a veces surge como coña; sobre todo cuando estamos de promo, que siempre parte de que tienes que “vender algo” o “proyectar algo”.

Dijiste alguna vez también que “a pocos en la música española les interesa permanecer, y si permanecen no hacen honores para ello”. ¿Qué honor hay que hacer para permanecer? ¿Es más importante permanecer o pertenecer?

Para mí es más importante permanecer en tu sitio, y que tu mirada siempre vaya hacia adelante y hacia arriba, pero ser consciente de dónde está tu cuerpo. Todo eso venía porque hubo un momento que en Discos Humeantes recibíamos un montón de propuestas de grupos para que les editemos el disco; e incluso yo llegaba a cabrearme a veces, porque sentía que se estaban metiéndose en mi trabajo, o que dentro de sus razones para que los editásemos hablaban de la cantidad de seguidores que tenían en Facebook o las reproducciones de un vídeo… Yo si pudiera borraría las reproducciones de YouTube. Y desde la explosión del trap, tener 10.000 visitas, que para mí es un éxito, te hace sentir como un pringado.

Para mí, hacer cosas para proyectar una imagen grandilocuente, sin preparar tu música y tu discurso, es un error. Yo mismo en Discos Humeantes edité muchos discos que en realidad son demos, que no tienen calidad. Y nos acostumbramos a decir: “¡cómo molan en directo!”. Aquí nos conformamos con muy poco: se piensan que gastándose 300 € en un estudio, hacer unas fotos con la cámara de un colega y tal ya está. Y luego quieren estrenar el disco en un medio nacional y tener un caché de 2.000 € en su primer bolo. ¡Pero si no has hecho méritos para ello!

“Hay bandas que se piensan que gastándose 300 € en un estudio, hacer unas fotos con la cámara de un colega y tal ya está. Y luego quieren estrenar el disco en un medio nacional y tener un caché de 2.000 € en su primer bolo. ¡Pero si no has hecho méritos para ello!”

¿Cuánto de romanticismo hay en Humo?

Sin el romanticismo no existiría Humo. No gano tanto dinero como para perder el tiempo. Tengo manos, podría trabajar de otra cosa: no me estoy agarrando a un clavo ardiendo. Ni siquiera ahora el sello es una fuente de ingresos tan grande como para tener la necesidad de editar equis discos al año. Hay que involucrarse en los proyectos que uno sienta, porque si no es complicado.

Entiendo que Metallica vayan al psicólogo, porque tienen que salvar su empresa; pero, ¿un grupo de chavales, o yo mismo? Por eso dejé Discos Humeantes: no tenía la necesidad de seguir agarrado a algo que no me movía las entrañas. Y muchos ellos funcionan así. Pero hay otros, como Elefant, a los que no conozco de nada, pero admiro mogollón, que han creado un sonido y un movimiento de la nada: qué trabajo más bien hecho, qué manera de hacerlo suyo. A mí me gusta eso: prefiero eso a las grandes factorías.

Dices que “los medios tradicionales no convencen a nadie, han perdido credibilidad: se respiran pocas ganas y poca credibilidad”. Fuiste bastante duro como para seguir dando entrevistas.

En una ocasión, una persona de un medio de este país que nunca nos hicieron caso, me dijo algo que aprendí de ello: “chaval, no puedes ser tan beligerante ni parecer que estás enfadado todo el rato”. Yo, y aquí me ves, no tengo una actitud enfadada, pero soy muy brusco y visceral. Y tenía razón. En esa entrevista recuerdo que fui muy negativo, pero sigo pensando cada una de las cosas que dije. Y con respecto a los medios, creo que se vieron envueltos en una mecánica porque dejaron de ser viables; y el periodista se vio obligado a bajar de nivel y entrar en un círculo vicioso en el que si, además critica a uno de los cuatro que tiene que criticar, es tirarse piedras encima.

Yo hace tiempo que prefiero las cosas a las bravas. Y creo que son más positivas. Y cada vez que alguien hace alguna crítica dando pullitas parece que es un follonero, o la gente le da una lectura no-profesional, como si fuera una cuestión personal entre artista y periodista. Y eso es un error terrible.

A mí me parece mucho mejor que exista un debate, un intercambio de opiniones. Si tú ahora haces una mala crítica del disco de La URSS y yo lo tomo como algo personal, estoy haciendo flaco favor. Ha sido tan duro el cambio digital que parece todo tan triste y tan pequeño que parece que necesitamos un poco de cariño todos. Creo que, entre todos, con un poco de humildad, podemos recuperar mucho de lo que hemos perdido. No hay ni que ponerse a dar palos a todo sin acritud como Víctor Lenore ni regalarle piropos a nadie: falta más espíritu crítico.

“La gente del trap, fuera de los medios, de las discográficas y de todo lo establecido, están conectando con toda su generación. Siento envidia sana por ellos: yo no supe conectar la mía”

Viniendo del underground, ¿qué te suscitan ideas como la de que “el underground es el nuevo pop”, sobre todo desde la expansión del trap y la música urbana”

A mí géneros como el trap siempre me ha fascinado observarlos. El segundo concierto que monté en La lata de zinc ha sido de C. Tangana: el primero fue de Za!, y el segundo suyo. Trabajando en un sello me fascinaba cómo pasaron de no poder actuar en ninguna sala por ser menores de edad y porque te pintan los baños, no pagan por beber, etc., a llenar pabellones y tener millones de reproducciones en sus canciones. Gente fuera de los medios, de las discográficas y de todo lo establecido están conectando con toda su generación. Y les envidio de manera sana porque yo no supe conectar con la mía. Y con una música que, ojo, cuando surgió no era accesible. Ellos proyectaron lo fracasado de esta generación de una manera súper faltona, con un teléfono móvil.

Yo no me puedo sentir representado por eso, pero respeto que es su historia, su música, su movida, y es muy real: son la prueba fehaciente de que no necesitas nada más que tú mismo conectando con la peña. Tú ser tus propios medios, tu propia industria, tu propia cultura… ser tú para los tuyos. Yo por la experiencia que tengo, hay chavalitos normales y otros que son complicados de tratar. Pero como cuando nosotros éramos punkis con 19 años. Lo que ellos consiguieron es muy importante. Pero ahora mismo cada vez me interesa menos. Pero toda esta gente ha superado a un tipo como yo, que se mantiene en los márgenes. Ojalá Fasenuova fuesen más famosos que OBK, pero no es una realidad.

¿Hay algún límite estético a la hora de fichar?

La línea roja es la manera que entiende la música la banda. Nosotros somos muy flexibles, y con cada grupo trabajamos de una manera diferente: necesitamos que se sientan cómodos. Tratamos de remar en la dirección en la que ellos estén más cómodos, empujando hacia donde quieran ir. Nosotros no “dirigimos la carrera”: hay pasiones, nada más. Nos mola que la personalidad de cada banda, sino único, sí suprema: que tú cojas esa banda y te preguntes quién está haciendo eso de esa manera.

“No me interesan las élites: me interesa lo subterráneo que aspira a ser gigante, pero con los pies en el suelo”

No podría trabajar jamás con una banda que quieren ser como Tame Impala o los Black Lips. Eso ya está hecho. Hubo un tiempo que me preocupaba por escuchar cosas que nos convierten en alguien que nos gustaría ser. Ahora, prefiero a una banda haciendo cumbia o heavy metal, no necesito que esté de moda: ya no quiero ser guay. Eso es un nicho emocional: te limita como persona. Al final, siempre vas a llegar tarde, siempre te van a pillar por algún sitio. Yo solo quiero tener un sello interesante, que proponga cosas a gente que está huérfana de escena.

Me da mucha pena que una banda de punk no pueda tocar con una banda de metal, a menos que sean dos bandas de pueblo. Si veo cinco conciertos de post-rock seguidos me da ganas de saltar del edificio. Festivales como el ATP o el Primavera Sound lo han hecho perfecto. No me gusta que todo sea hermético: no me gusta el sentido de pertenencia. Por eso no me interesan las élites: me interesa lo subterráneo que aspira a ser gigante, pero con los pies en el suelo.

¿Cuál es el disco que más ilusión te ha hecho editar, sea de Discos Humeantes o en Humo?

Es complicado. Hubo discos importantes, en el sentido de que son discos rupturistas. Discos Humeantes partió del punk, y sacamos cosas de garage y hardcore, pero éramos como modernos para los del hardcore y el punk, pero había una línea. Pero cuando sacamos a Fasenuova rompimos esa línea: no los conocía nadie y no formaba parte de lo que estábamos sacando. Y luego lo hicimos con Pablo Und Destruktion, también.

“Tengo una ambición tan terrible que a veces se convierte en delirio. Pero no quiero que Humo se convierta en algo gigante que saca cosas que no tengo ni tiempo a escuchar ni disfrutar”

Luego, con Humo volvió a suceder con STA o con Fee Reega, incluso. Ahora me hace ilusión cada disco que sale porque son tan diferentes entre sí que todos me aportan algo nuevo. Ahora sacamos los discos de TERRITOIRE y La URSS, que es una banda que lleva más de diez años funcionando fuera de todo, son lo más punki y real que te puedas imaginar, y es la única manera que conocen de funcionar; me hace mogollón de ilusión que hayan querido hacer esto con nosotros. Y con TERRITOIRE también me hace mucha ilusión, y lleva tres años dándole vueltas a la movida, y es súper metódico Olivier… y hablamos mucho, es músico de vocación. Y son grupos que están muy lejos, pero a la vez muy cerca, sin conocerse siquiera. Y eso es lo que fortalece la idea de una escena propia, de un tejido propio dentro del sello.

Pero si tuviera que elegir un disco bisagra, diría el de Fasenuova: apostar por una movida, aunque no le molase a nadie. Y Fasenuova tocó para punkis, para garageros, para gente de la electrónica, del indie… creo que ayudó a cambiar muchas mentalidades, aunque sea en cierta escala alternativa o underground. Y estas pequeñas victorias son las que le dan sentido a todo.

Pablo Humeante