7 abril, 2017. Por

Órbita 9

En la órbita, pero del jet lag cinematográfico
Órbita 9

Imagina que llevas toda tu vida en una nave, sin conocer más allá del habitáculo espacial y con unos padres que tuvieron que dejarte a solas, con el último fin de tu supervivencia. Así es la vida de Helena (Clara Lago), hasta que aparece en su camino Álex (Álex González). El destino, en forma de avería galáctica, llega para cambiar completamente la realidad de la joven.

Hatem Khraiche ha conseguido con esta película algo que no acostumbran muchas hoy en día: entretener y enganchar durante casi toda su extensión (95 minutos). Es un thriller futurista que sumerge al espectador hasta el punto de olvidar todos sus menesteres del pensamiento cotidiano. Llegando a una experiencia cinematográfica liviana y disfrutable. Esto no quiere decir que sea una película redonda.

Se notan bastantes carencias e incoherencias, algo que en ciencia ficción se debería cuidar hasta la exigencia kubricka (término inventado para resaltar la obsesiva perfección de Stanley). No vale cualquier cosa por el simple hecho de no existir aún. Sin embargo, parte de un concepto interesante y una combinación de influencias mamadas de una extensa filmografía futurista.

Aquí van algunos ejemplos de aspectos que encienden el botón de “esto me suena a otra película”:

Ambientación
Es un hecho que Blade Runner (Ridley Scott, 1982) tiene el podio en las películas de ciencia ficción. La chispa de los Nexus, el saber hacer de Scott (al menos en algún momento sabía), la filosofía de las ovejas eléctricas… Pero sobre todo ese escenario post apocalíptico e irreal, con sus calles humeantes, salidas de un imaginario heredado del arte de Moebius. Órbita 9 ni se acerca a esta dirección de arte, ni lo intenta. Lo que saca de este clásico es el concepto de ciudad atemporal, mezcla de culturas (parece una sudamérica asiática) que se juntan en una misma localización para hacerla irreal pero reconocible y cercana.

Aventura espacial
2001: Una odisea del espacio (Stanley Kubrick, 1968) marcó un antes y un después con su querida HAL 9000 al mando de la tripulación espacial. Desde entonces es difícil no pensar en esta máquina inteligente y la fría soledad de sus blancos y circulares pasillos cada vez que la cámara se cuela en una nave. La reciente Passengers (Morten Tyldum, 2016) también centra su atención en la soledad del viajero con destino a años luz. Sin olvidarnos del maravilloso Alien, el octavo pasajero (Ridley Scott, 1979). De alguna de ellas parece haberse servido esta órbita que encierra a su protagonista.

Nada es lo que parece
Cualquier argumento de este género que se precie debería conceder al espectador algún giro inesperado con resquicios morales y humanistas. Sin desvelar demasiado, Órbita 9 se acerca a sorpresas de la talla de las que nos daban Ewan y Scarlett en La isla (Michael Bay, 2005), o la olvidada pero cautivadora Eva (Kike Maíllo, 2011).

Dicho esto, ¡no vayan al cine con expectativas de viajar a una dimensión Interstellar!

Órbita 9