9 enero, 2017. Por

Onda Vaga

Afronta tus temores, mata tu quimera
Onda Vaga

Existe cierto riesgo en madurar. Sobre todo si hablamos de un grupo que se ha hecho fuerte, masivo y singular en una base en donde el (literalmente) espíritu salvaje y neohippie; en donde el olor a madera de los instrumentos desenchufados y la capacidad de reiniciar aquella idea (también salvaje y hippie) de las canciones de fogón de campamento de verano consiguieron articular un identikit, una marca de agua y una genética completamente identificable para un proyecto como Onda Vaga.

Pero, ¿cuánto vale dormir tan custodiado de expertos cínicos? Y es que de aquellos dos primeros discos (el iniciático Fuerte y caliente y el horondo cancionero de Espíritu Salvaje; ambos, dos auténticos escapularios de hits generacionales, transmisores de una nueva forma de sentir) pasaron entre siete y nueve años. Lo sentimos por los más fundamentalistas del patio de recreo, pero los chicos han crecido y ahora van a la universidad de las canciones. Como te cantan en la canción que abre el disco: “afronta tus temores, mata tu quimera, fluye como el río que baja por las piedras […] te invitamos a pasar y te saques el disfraz: cuando sientas el contacto nada volverá a la normalidad”.

Onda Vaga comenzaron a demostrar este nuevo viraje hace algo más de tres años, con un álbum-bisagra como Magma Elemental, en donde el combo argentino comenzó a replantear sus postulados creativos, combinando aquella facción cancionista, rioplatense y after-folk con un paso adelante en la producción y el tratamiento de su sonido, “menos salvaje”, si se quiere, pero sin perder ni las armonías vocales, ni las energizantes (que no enérgicas) melodías, ni esa sensación de estar ante una de las orquestas folksteady más singulares del nuevo sonido folky latinoamericano.

Ahora, con OV IV, confirman esa huida hacia adelante en la producción de las canciones, comenzando a peinarse con peines y no con ramas, manteniendo el discurso de libertad romántica, internándonos en su particular mundo de sensaciones positivas, post-barriales, encontrando puntos comunes entre aquel folk argentino de grupos como Vox Dei, Pastoral o Alma y Vida con el sonido de nuevos capos de la reversión folk como Devendra Banhart (ese bizarrismo melódico, esas armonías fantasmales), CocoRosie (esa enorme miniaturización de sus contenidos) o Beirut (esos vientos rocksteady pseudo-cabareteros), entre otros.

En este nuevo ejercicio dejan para la posteridad algunas de sus mejores canciones: desde una Leona de aires tan orientales como psicodélicamente rastas; impredecibles piezas de nuevos mambos y trances marginales como La Maga; hasta una En el barrio que combina estribillo futbolero, ritmos rocksteady y vientos de pasodoble; gemas de rocksteady moderno como El As; una cumbia de acento salsero y centroamericano como Será que estás aquí; una curiosa naturalización folktrónica como la que imprimen en El Estupor o No es un exceso; una depresora nana rioplatense como Hasta cuándo; o modernizaciones alterlatinas como la de Olviblater.

Olvídate de ellos tal como los conocías: ellos se olvidarán de ti (o de vos) sin prejuicios.

Onda Vaga