5 junio, 2018. Por

Olvidémonos de ser turistas

Una no-película de Adolfo Aristarain sobre las tablas del Teatro Español
Olvidémonos de ser turistas

“A veces uno no hace nada simplemente para que ocurra”, dice uno de los protagonistas de Olvidémonos de ser turistas, el texto de Josep Maria Miró dirigido por Gabriela Izcovich, que se acaba de estrenar en la sala Margarita Xirgu del Teatro Español.

“A veces uno no hace nada simplemente para que ocurra”. Efectivamente. A veces uno necesita que pase algo. Pero está incapacitado para enfrentarse a la realidad. Así está el matrimonio protagonista de esta función. Una pareja de Barcelona, que se encuentra viajando por la ciudad de Foz de Iguaçu (Estado de Paraná, Brasil), cerca del punto conocido como La Triple Frontera, en el cruce entre los países de Argentina, Brasil y Paraguay.

La función comienza in media res, con una discusión referente a un chico joven al que han conocido en el viaje y con el que habían quedado para cenar, pero que concita disputas entre el matrimonio, no se sabe si por celos de él fundados en intereses (¿amorosos tal vez?) de ella, que le dobla la edad al joven.

“Aquí no hay necesidad de fuegos artificiales porque lo que busca este montaje es algo muy sencillo (y complicado), que sucede casi sin darse cuenta. Sorprendiendo, la emoción se cuele en escena”

Lo primero que llama la atención es la absoluta convicción que transmiten los intérpretes con respecto a sus personajes y un texto absolutamente creíble. Este áspero comienzo arrastra al espectador a una historia de la que poco sabe pero que puede resultarle reconocible (aunque misteriosa). A partir de entonces asistirá a cómo la esposa toma una decisión, el marido se ve arrastrado a una búsqueda, la figura de un hijo ausente toma protagonismo y los múltiples personajes que ambos se encontrarán por el camino les ayudan en su peregrinaje.  Gabriela Izcovich imprime un ritmo perfecto al montaje para ir dosificando de manera extremadamente efectiva la información. Y es que la historia no es nada nuevo bajo el sol, pero consigue enganchar al espectador de forma magistral.

Los cuatro intérpretes regalan unas composiciones sólidas, llenas de verdad, emoción y hermosos detalles. Esteban Meloni y Eugenia Alonso se encargan de interpretar a eso peronajes que los protagonistas se encuentran en su camino. Hay que reconocer que ya el acento argentino de ambos consigue hacer sus personajes dinámicos y encantadores de serpientes pero, ya fuera de eso, Meloni entrega unos personajes que conectan inmediatamente con el público de forma natural (como ese conductor de autobús o el cura avistador de ovnis) y Eugenia Alonso enamora (directamente) con cada una de sus intervenciones. Fantástica, desde la mucama hasta la tristeza que transmite como ese ligue de una noche, resulta una gozada poder verla en escena.

“‘Olvidémonos de ser turistas’ podría perfectamente ser una película de Adolfo Aristarain (el tema argentino influye obviamente en esta percepción, desde luego), de las de personajes que buscan ‘Un lugar en el mundo’: emociona tanto como una de ellas”

Y en cuanto al matrimonio, Pablo Viña, como ese marido perdido y desorientado, logra empatizar con el público desde una fragilidad transmitida de forma sutil y espléndida, llena de ternura. Y Lina Lambert resulta absolutamente demoledora como esa mujer que transmite una fortaleza excepcional (su presencia y su voz en el escenario son, sencillamente, espectaculares) pero que se encuentra rota por dentro. Hacía mucho tiempo que no nos emocionaba tanto un llanto en escena como el suyo.

Olvidémonos de ser turistas podría perfectamente ser una película de Adolfo Aristarain (el tema argentino influye obviamente en esta percepción, desde luego), de las de personajes que buscan Un lugar en el mundo. Y hay que decir que emociona tanto como una de ellas. Aquí no hay necesidad de fuegos artificiales porque lo que busca este montaje es algo muy sencillo (y complicado), que sucede casi sin darse cuenta. Sorprendiendo, la emoción se cuele en escena. Como si nada. Efectivamente: “A veces uno no hace nada simplemente para que ocurra”.

Olvidémonos de ser turistas