8 marzo, 2018. Por

¡Oh Cuba!

Si Lorca llega a saber que se ve va hacer esto con su viaje a Cuba, se hubiera hecho un viaje a Fuengirola para evitar males mayores
¡Oh Cuba!

En 1930 Lorca pasó tres meses en Cuba. Allí por lo visto tuvo felicísimos días. Y ahora llega a la capital ¡Oh Cuba!, «una obra lorquiana, flamenca y cubana, en dos pulsos y cinco latidos. Con textos de Federico García Lorca, clásicos e inéditos que el poeta “granaino» dejó en la isla; con poemas de su amigo Nicolás Guillén y testimonios de una radical razón poética y escénica«, como anuncian.

Un espectáculo estrenado en los Jardines del Generalife de Graná y que ahora llega al Teatro Fernán Gómez madrileño, con un equipo de españoles y cubanos encabezados por Loles León (intérprete), Antonio Carmona, Diego Franco (composición musical), Adrián Galia (coreografía), la soprano cubana Alina Sánchez y con dramaturgia y dirección de Francisco Ortuño Millán. Un espectáculo que pretende honrar la figura de García Lorca pero que más bien acaba siendo un pequeño atentado contra ella.

Porque sí, ¡Oh Cuba! puede gustar (sin ir más lejos, un señor entró en bucle gritando bravos a la hora de los aplausos, en plan repetitivo maquinal muy inquietante, la verdad, creíamos que le había dado un ataque) y las composiciones musicales están bien. Las coreografías, dirigidas claramente a un amplio público y poder exportarse sin problema (vamos, que a los guiris van a love it, sin duda), tienen además un par de momentos que se salen de lo esperado (un acoso y una coreo homoerótica), todo defendido por un equipazo (músicos y bailarines) que echan el resto.

«Si Lorca llega a saber que se ve va hacer esto con su viaje a Cuba lo mismo se hace un viaje a Fuengirola para evitar males mayores.»

El gran problema es que se ve como una operación de marketing obvia y sangrante, que no tiene por qué ser malo del todo esto, pero que no emociona ni una miaja, y a la que ya se le ve el plumero antes de comenzar ya desde la elección de Loles León para recitar los versos de García Lorca. Y no es que no nos guste la Loles. Au contraire, mon ami.

Es una de nuestras joyas cómicas patrias (quien diga lo contrario no sabe de lo que habla). Pero se nos ocurren pocas personas que cuadren menos (así a priori) para que se suban a un escenario para recitar poesía. Lo primero porque el encasillamiento es mu malo y quitárselo uno de la cabeza ya es un curro (Loles León y la seriedad no casan mentalmente). Pero es que si luego cuando aparece en escena, la primera imagen que se te viene a la cabeza es Willy Wonka (de verdad, esa chistera, de verdad) y el recitado viene acompañado por continuos y amplificados movimientos de brazos y manos de esos que dicen «por si no os habéis dado cuenta, estoy recitando«, pues se te cae el alma (y la poética) a los pies. La pobre lo intenta, porque Loles lo intenta, pero es la viva estampa de un pulpo en un garaje. Si la cosa hubiera sido arrevistada (que uno por la foto del cartel, con ese tocado de plumas, podía pensarlo) pues el tema habría sido diferente.

«Loles León es una de nuestras joyas cómicas patrias. Pero se nos ocurren pocas personas que cuadren menos (así a priori) para que se suban a un escenario para recitar poesía»

Eso por no hablar del rap… Porque sí, amigos, hay un rap poético. Que la actriz se las ve y se las desea para defender eso. Pero no hay manera humana ni divina. Una de las cosas más delirantes (a mal, terriblemente mal) que hemos visto sobre un escenario, auténtica herejía lorquiana.

Excomulgado poéticamente hablando debía de ser el responsable de esta fusión del infierno (que suponemos es el director, en este caso en particular). Menos mal que lo del rap es sólo un momentito y en cuanto aparece el son cubano la cosa mejora y uno se olvida un poco de los males. Porque, como hemos dicho, que creativa y poéticamente este homenaje no funcione no quita que no se pueda apreciar el trabajo de unos espléndidos profesionales (músicos y bailarines) que da gusto verles y oírles. Y el público, desde luego, lo aplaude.

Pero vamos, que si García Lorca llega a saber que se ve va hacer esto con su viaje a Cuba lo mismo se hace un viaje a Fuengirola para evitar males mayores.

¡Oh Cuba!