18 diciembre, 2018. Por

Oh Caroool

La ilustradora que redefinió la influencia del anime y el otaku para los post-millennial
Oh Caroool

El primer anime que llegó a España, Meteoro (Speed Racer) lo hizo en 1971, en plena dictadura franquista. No es que sea una referencia como tal, pero sí supuso un hito: abrió al país una cultura que para muchos era ajena, con un modo de ilustrar –y, en este caso, animar- diferente a lo acostumbrado.

Ha llovido mucho desde entonces. Durante el S. XXI, la distancia entre ambos estilos de vida ha estrechado el cerco. Tanto, que la inspiración de algunos artistas patrios bebe ahora directamente de la cultura nipona. Es el caso de Carolina, conocida en la red como Oh Caroool, una barcelonesa nacida un par de décadas después del desembarco cultural antes mencionado. Desde hace algo más de un año, lleva al plano profesional su característica forma de ilustrar.

“Me gusta dibujar desde que tengo uso de razón”, cuenta. Su estilo, kawaii y con toques Magical Girl, brota de manera natural gracias a sus influencias, referentes que le “gustan, inspiran y hacen feliz”. El más importante, que muchos identificarán en su trabajo, es Sailor Moon, un clásico que llegó a su vida a  una edad muy temprana. No es el único: combina con toques, estampados y colores que asocia al movimiento europeo Memphis, surgido en los 80.

Carol, claro, es consumidora activa de manga y anime. “Me ha gustado desde que tengo uso de razón”, asegura, aunque aclara que comenzó a tener constancia de la procedencia de sus series favoritas “a partir de los diez años”, cuando compró sus primeros tomos. Como ella, gran parte de sus seguidores son otakus: “Por lo general, mis clientes son personas que reconocen los referentes que aparecen en las ilustraciones y se pueden sentir identificados”.

“Las únicas críticas que he recibido han sido cuando he subido algún trabajo donde sale un cuerpo desnudo o semidesnudo y alguien se ha ofendido por ver un par de tetas”

Sin embargo, y a pesar de su creciente comunidad de fans en España, su mercado principal [vende a través de su tienda online, sobre todo] sigue encontrándose en Estados Unidos. “Es el país donde más seguidores tengo estadísticamente”, explica. Su segundo foco de followers es la Península, donde “la mayoría de gente [de su edad] ha consumido en algún momento algo relacionado con la cultura japonesa”.

Es precisamente ese consumo masivo el que abre las puertas en varias vertientes. Una de ellas, la que permite a creadores nacionales como la propia Carol, la tatuadora Clara McMurphy o el cineasta Carlos Vermut incluir iconos identificables por el público, más amplio y que –por suerte- ya no se engloba en la etiqueta de “friki”; la segunda, como ella misma señala, pasa por dar una oportunidad a otros géneros de manga “minoritarios pero igual o más interesantes” que hace unos años no tenían cabida en las estanterías de nuestro país.

Thanks to everyone who came to the @_selfsociety exhibition. Tomorrow is the last day ✨

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Esa apertura de miras también se encuentra en su obra: no establece un género concreto a sus personajes, retrata la tristeza de forma directa y juega con iconos de la cultura occidental como posibles “armas”, temática que utilizó en una de las exposiciones Tea & Cake que organiza la firma Kling. Sus seguidores –e internet en general- se lo toman bastante bien: “Las únicas críticas que he recibido han sido cuando he subido algún trabajo donde sale un cuerpo desnudo o semidesnudo y alguien se ha ofendido por ver un par de tetas”.

Oh Caroool