12 diciembre, 2017. Por

Nuevo Compás

¿Cómo se baila el flamenco en 2017? ¿A qué suena el nuevo toque? ¿Cómo se canta el nuevo flamenco?
Nuevo Compás

Hay dos maneras de revolucionar la música: planteando nuevas sonoridades para la música de masas, algo que está pasando con la música urbana en su adherencia a la radiofórmula pop; o resignificar, reiniciar géneros que llevan décadas (o siglos) mutando en diversas direcciones, planteando la transversalidad y pureza de ese arte, sin depender de modas y fórmulas, simple y llanamente volviendo a nacer, pero sin perder la identidad.

Eso es lo que pasa con el flamenco, y eso es lo que ha decidido demostrar el premio Compás del Cante (del que te hablamos aquí hace semanas), considerado popularmente como “el Nobel del flamenco”, en su XXXI edición: creando el premio Nuevo Compás, un cambio de paradigma para uno de los premios más prestigiosos de la música española, abriéndose a las nuevas voces, toques y danzas del flamenco, reiniciando y redimensionando tanto el alcance como la proyección de un premio que no sólo rinde culto y pleitesía a clásicos como, este año, a Rafael Riqueni (dueño y señor del posiblemente mejor álbum del año, sino uno de los guitarristas vivos más importantes del mundo); sino también a ese mercado de futuros que es el “nuevo flamenco”.

Pero, ¿quiénes están detrás de este Nuevo Compás que se entregará este miércoles 13 de diciembre en el Teatro Central de Sevilla y por qué celebramos que se los haya premiado a ellos, ya sea con un galardón (como el caso de Patricia Guerrero) como siendo finalistas de este pódium neoflamenco (como Rancapino Chico y Manuel Valencia)?

PATRICIA GUERRERO, de vocación bailaora

Tiene apenas veintisiete años, pero desde que, en 2007, con apenas 17 años, ganó el premio Desplante del Festival de la Unión, su ascenso ha sido imparable, y su baile, entendido casi como un cambio de paradigma dentro del flamenco. Escogida como primera bailarina por el Ballet Flamenco de Andalucía, el Nuevo Compás no es el primer premio que recibe (ni será el último), aunque sí uno de los más reputados, junto a los dos Giraldillos que ha recogido la granadina, de momento.

Dice que el flamenco le ha “enseñado a vivir de una forma más pasional”, pero de casta le viene la raza al galgo: no sólo desde que es menor de edad ocupa algunos de los escenarios más codiciados por bailaoras y bailaores, sino que hasta Carlos Saura la llamó con 20 años para que forme parte de uno de sus filmes sobre flamenco. Afirma que con Juan Dolores Caballero cambió su forma de bailar, incluso después de considerársela una “niña prodigio” del baile que lleva desde los 8 años en peñas y desde los 15 en tablaos.

Dice que no quiere estar de moda “porque la moda pasa de moda”, valga la redundancia; pero espectáculos como esa Catedral que presentó en la Bienal de Sevilla en 2016 confirma lo que ella misma intenta conseguir con su baile: “romper con los códigos flamencos y encontrar un lenguaje personal”. El futuro del baile flamenco empieza en la planta de sus pies.

RANCAPINO CHICO, el viejo cante como nuevo cante

Se llama Alonso Núñez y es hijo de Alonso Núñez. Si estos datos no parecen facilitarte mucho las cosas, a ver si así sí: es Rancapino Chico, hijo de Rancapino. Esto sí debería allanar un poco el camino a cualquiera que conozca el cante de su padre, uno de los que mejor ha reflejado la pureza más racial del cante flamenco más ortodoxo. Los pasos de su hijo, con apenas 29 años, era de esperar que tirasen por la misma senda, pero hay una diferencia: nació en 1988, con todo lo que eso conlleva.

El cante de Rancapino Chico comenzó a perfilarse de pequeño, desde que comenzase a dejarse ver en el ojo público tras participar del programa infantil Veo Veo presentado por Teresa Rabal en Canal Sur. Pero es gracias a mezclarse desde que era menor de edad no sólo en escenarios junto a su padre, sino junto a Fosforito, Juanito Valderrama, Chano Lobato o Juan Villar que comenzó a modelar el cante tradicional desde sus propios matices.

Su capacidad de movimiento y su cercanía tanto del cante puro de su padre como de iniciativas que lo han ido acercando a facciones modernizadoras del sonido flamenco (el clan MorenteHabichuela o nombres como los de Miguel Poveda o Diego Carrasco, entre otros). Sin embargo, su sonido mantiene la querencia de la escuela de los cantes de Cádiz y a referentes como Manolo Caracol o Antonio ‘El de la Calzá’.

Ver a un joven de menos de treinta años imponiendo ese sonido tradicional desde su garganta con una pureza heredera de los grandes cantaores, pero a su vez, manteniendo la soga atada con el pulso del devenir del flamenco, bien merece este gesto, siendo uno de los tres finalistas de este Nuevo Compás que finalmente ganó Patricia Guerrero.

MANUEL VALENCIA, o el toque de pasado mañana, hoy

Con un pie en el toque tradicional y otro en la experimentación, Manuel Valencia lleva siendo uno de los secretos a voces más solicitados de la guitarra flamenca la última década. Aun siendo tan joven, debutó en 2010 en solitario, y su toque ha sido requerido por artistas de la talla de Vicente Soto ‘Sorderita’, Manuel Agujetas, Pansequito, Tomasa ‘La Macanita’ o Juana del Pipa, pero también acompañando a auténticas revolucionarias del baile flamenco moderno como Rocío Molina.

No es el primer reconocimiento que recibe: galardones en citas como La Bienal de Sevilla, los Premios Flamenco Hoy de la Crítica Nacional de Flamenco o el del Festival Flamenco de Mistela son algunos de los precedentes a este reconocimiento como tocaor, siendo uno de los tres finalistas que el Compás del Cante escogió y señaló dentro de su Nuevo Compás. La herencia de los Valencia como la escuela de los Morao se cruza con esas inyecciones en un toque que respeta esa mezcla de ritmo y rasgueo con tres dedos con una técnica que incorpora una técnica, armonía y conocimiento que amplía y amplifica mucho más la proyección de su sonido.

Su nombre comenzó a sonar con más fuerza tras la publicación de su álbum Entre mis manos, “una medina de emociones, Ítaca de juventud”, como lo definió Gerardo Núñez. Y por ahí van los tiros: ese cruce de toque tradicional y nuevas vías para los tangos y los fandangos, su guitarra es, como dicen, “cantaora”, manteniendo el pulso de esos envites agitados de la tradición, pero con las manos de un joven nacido a finales del siglo XX.

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