18 diciembre, 2017. Por

Nola Darling

Spike Lee recupera al Spike Lee de hace 30 años en su serie para Netflix
Nola Darling

El otrora gran padrino del cine independiente afroamericano, Spike Lee, no ha estado demasiado inspirado en lo que llevamos del nuevo milenio. Hacía ya mucho tiempo de su última gran película (la magnífica La última noche, de 2002), y su carrera parecía dispersarse entre documentales de reducida circulación y películas para grandes estudios que ya fueran mejores (la entretenida Plan oculto, de 2006) o peores (el anodino e innecesario remake de Old Boy, de 2013) carecían de su sello particular, el que nos había hecho vibrar con las con Haz lo que debas, Fiebre salvaje o Clockers. Por fortuna, el bueno de señor Lee ha echado la vista atrás, directamente a su ópera prima, Nola Darling (o She’s Gotta Have It en su título americano original) de un ya remotísimo 1986, para reinventarla como una estupenda serie a disposición de todos los usuarios de Netflix.

La película original, una comedia dramática, nos presentaba a una joven negra de Brooklyn, dividida entre sus tres amantes y su vocación dirigida hacia el arte. Ya teníamos ahí el germen del estilo que haría famoso a su creador: el montaje agresivo, el brillante uso de la música, la combinación del retrato individual y el social. Todo eso lo recupera para la serie, pero, por supuesto, mejorado con sus muchos años de experiencia, y una protagonista realmente magnética con el rostro de la desconocida DeWanda Wise, que construye un personaje inseguro, inteligente, descarado e ingenioso que atrapa inmediatamente al espectador.

Nola Darling es una joven veinteañera que, de nuevo, quiere ser pintora, pero que reside en el Brooklyn de hoy en día, mucho más aburguesado y gentrificado que el de los ochenta. Como de momento sus cuadros no le dan para sobrevivir, se dedica a hacer malabares entre distintos trabajos provisionales. Y al mismo tiempo debe atender a sus tres exigentes novios, todos empeñados en acaparar su tiempo y atención. Tenemos a Jamie (un hombre de negocios adinerado y tradicional), Greer (guapo, sexy y ególatra) y Marte (espontáneo, divertido e infantil). Y por si eso fuera poco, también está Opal, una de mejores amigas, una lesbiana enamorada de la irresistible Nola.

“En la ópera prima teníamos el germen del estilo que haría famoso a su creador: el montaje agresivo, el brillante uso de la música, la combinación del retrato individual y el social. Todo eso lo recupera para esta adaptación en formato serie, pero mejorado con sus muchos años de experiencia, y una protagonista realmente magnética”

Cada uno de los episodios, de algo más de treinta minutos, tiene su propio argumento y explican un aspecto de las circunstancias de la protagonista –no se trata, como en muchas series actuales, de una especie de película larguísima dividida un tanto aleatoriamente en varios segmentos-, cuyas andanzas mantienen un admirable equilibrio entre las circunstancias personales de la protagonista, una mujer afroamericana joven, culta, desinhibida sexualmente, y las de cualquier chica de su generación que viva en una gran ciudad en cualquier parte del mundo. Episodio tras episodio, vamos conociendo más de sus inquietudes, la vemos crecer como artista, convertirse en un ser humano más pleno. Merece la pena acercarse a ella.

Nola Darling