14 junio, 2018. Por

No Dormirás

Sueño y clichés de terror en una escuela de actores cualquiera
No Dormirás

Cualquiera que haya vivido cerca del mundo del teatro y la interpretación sabe que los métodos de entrenamiento a las que algunos gurús de la actuación someten a los actores de su cargo están hechos del mismo material que las pesadillas. Por eso, a priori, parece una idea estupenda convertirlas en el objeto terrorífico de una película de miedo. Si, encima, uno le añade a la fórmula las alucinaciones y dolencias que se producen a consecuencia de la privación del sueño, uno diría que se tiene material más que de sobra para crear una cinta de terror psicológico impactante y perturbador. Todo lo que no es No Dormirás (Gustavo Hernández, 2018): una olvidable película que es incapaz de generar algo más que tedio y bostezos.

En el Uruguay de 1984 la joven Bianca (Eva De Dominici) recibe la que parece la oferta de su vida. Retirarse a un hospital psiquiátrico abandonado para someterse, bajo la tutela de Alma Böhm (Belén Rueda), a varios días de privación absoluta de sueño en lo que parece un vanguardista método de dirección de actores con el que se va a montar una misteriosa obra de teatro sobre una madre que mata a su bebé y su marido. Le acompaña Cecilia (Natalia de Molina), una compañera de su escuela de interpretación con la que deberá competir por el papel protagonista en la obra. Alma sostiene que superado un cierto número de horas de vigilia, la mente se vuelve más receptiva y el individuo se pierde en un estado entre la vida y la muerte que le permite contactar directamente con el personaje que debe construir.

“Si el objetivo de Gustavo Hernández es que uno tenga la sensación de llevar 108 horas sin dormir, lo consigue”

No merece la pena detenerse mucho tiempo en explicar por qué No Dormirás representa todo lo que es malo y aburrido en una película de terror. La peli, sencillamente, no funciona en ningún momento. A pesar de contar con unas ideas de muy buena calidad, las desperdicia todas para armar 105 minutos plagados de clichés, giros ilógicos, lugares comunes del género e interpretaciones mediocres. Si el objetivo de Gustavo Hernández es que uno tenga la sensación de llevar 108 horas sin dormir, lo consigue.

Aunque uno consiguiera obviar las chapuceras excusas con las protagonistas se encuentran privándose de sueño por voluntad propia en un psiquiátrico en ruinas, No Dormirás fracasa a la hora de construir unos personajes creíbles con los que el espectador pueda establecer algún tipo de vínculo. Los secundarios son arquetipos desdibujados del cine de terror. Bianca y Ceci son, sencillamente, idiotas incapaz de preocuparle a uno. Los lazos que las unen están pobremente definidos y esto acaba siendo un problema gordo en los últimos compases de la película. De hecho, una de las pocas formas de explicar dignamente el anodino final es que ellas fueran pareja antes de llegar al psiquiátrico, pero cosa tal ni se insinúa.

“El desmedido ego de la villana de Belén Rueda es lo único que destaca en la película”

Tal vez lo único mínimamente disfrutable de No Dormirás sea la retorcida Alma. No es que Belén Rueda se deje la piel ni nada parecido (nunca lo hace), pero le debe bastar con evocar unos cuantos rapapolvos que haya presenciado o recibido ella misma en cualquier escuela actoral para hacer que el desmedido ego de su villana sea lo único que destaque en la película. Las escenas de “entrenamiento” de los actores tienen algo de la humillación morbosa que tanto gusta a la audiencia realities tipo MasterChef u Operación Triunfo, así que no descarto que haya sectores del público que disfruten de este aspecto de la cinta.

Pero no es suficiente. Todo en No Dormirás es previsible. Desde los giros del guión hasta todos y cada uno de los sustos. El espectador no sufre más tensión que la de preguntarse si se habrá dejado el gas abierto en casa. No se pasa miedo ni una sola vez. Ni ninguna otra emoción. Me considero una persona capaz de disfrutar con la angustia que una buena película de terror le produce a uno en el cine. Por eso me irrita doblemente encontrarme con algo tan desmedidamente aburrido. Doble crimen, por coger una idea tan buena y convertirla en algo tan vacuo. Ahórrense la entrada.

No Dormirás