29 junio, 2018. Por

Nine

Un título de Broadway nunca antes visto por aquí: entre Fellini, Don Juan y Peter Pan
Nine

La mayoría recordará Nine por la película de Rob Marshall (director de otro musical de éxito como Chicago) que tenía un reparto de campanillas (incluyendo nominación al Oscar para Pe). Pero, antes de película, Nine fue musical en Broadway. Estrenado sobre las tablas en el ’82 (coetáneo de Naranjito) y protagonizado ni más ni menos que por Raúl Juliá (que no sólo ha sido Gómez Addams), ha vivido reposiciones variadas con gentes de peso como Jonathan Pryce en Londres o Antonio Banderas en Broadway (en 2003). Y ahora llega por primera vez (profesionalmente) a las tablas de nuestro país, en un proyecto más modesto que sus referentes, pero mucho más que digno (lo decimos así ya de primeras, por si hay algún escéptico en la sala).

Los responsables de poner en pie este espectáculo (más concretamente y ahora mismo en el Teatro Amaya, para después seguir cantando y bailando por toda España) son Showtime Producciones, con Ángel Borge en la dirección de escena, Borja Arias en la dirección musical y Javier Adolfo a la cabeza del proyecto. El libreto de Arthur Kopit, con música y letra de Maury Yeston, parte de la premisa de la película semi-autobigráfica de Fellini,, que narra la crisis creativa de un famoso director de cine y sus fantasías en la que es visitado (real e imaginariamente) por las diferentes mujeres que han formado parte de su donjuanesca vida.

La verdad es que el protagonista es un pieza de mucho cuidado. Y gran parte del sector más crítico podría plantearse la poca indoneidad de recuperar a este Casanova en los tiempos que corren. Pero la cosa es que la actitud machirula y egocéntrica (la de un hombre de 40 años pero con unos problemas peterpanescos como la copa de un pino), acaba por pasarle factura. Y el espectáculo no acaba por hacer una apología de su actitud, precisamente.

“El protagonista es un pieza de mucho cuidado. Y gran parte del sector más crítico podría plantearse la poca indoneidad de recuperar a este Casanova en los tiempos que corren. Pero la cosa es que la actitud machirula y egocéntrica (la de un hombre de 40 años pero con unos problemas peterpanescos como la copa de un pino), acaba por pasarle factura”

El protagonista, Guido Contini, es interpretado por Álvaro Puertas. Un actor con experiencia en el musical pero que (todavía, porque después de esto ya veremos) no es una estrella. Y, efectivamente, su labor es espléndida. Tanto interpretativa como vocalmente y en cuanto a sencillamente la caracterización y el físico, Puertas da (y aguanta) el tipo perfectamente. Siempre en escena, repleto de energía y con la actitud perfecta para un personaje de estas características. Y con el punto de charme justo y necesario. Álvaro Puertas se luce y se nota que hay trabajo detrás. Desde luego, no va a ser su último papel protagonista.

En cuanto al extenso reparto femenino (porque todas son féminas, excepto dos estupendos bailarines) destaca la productora francesa de Marcela Paoli (que se come literalmente la escena: se nota que no puede disfrutar más esta mujer, y eso prende el patio de butacas como la pólvora). Y hay que decir que, aunque no hay errores garrafales de casting, algunas de ellas no dan el personaje. Pero sí la voz. Y viceversa. Como pasa con la ex-triunfita Idaira Fernández, que interpreta con gran potencia vocal a esa prostituta que le enseño todó al pequeño Guido con uno de los temazos más conocidos del musical (Be Italian) pero que resulta demasiado angelical para la carnalidad requerida.

Aunque si de realities musicales hablamos, la conocida Roko es el reclamo para los amantes de ese formato televisivo. Ella interpreta a la sufrida mujer del protagonista, Luisa. Y si bien es cierto que en cuanto a capacidades interpretativas la chica no es Marion Cotillard, en el momento que abre la boca para cantar compensa sus pasajes recitados. Pero con creces, además. Y es que pone los pelos como escarpias (y en estos momentos sí que consigue cargar dramáticamente cada nota de su personaje) con sus temas. Tremenda.

“Los amantes irredentos del musical disfrutarán como un niño de nueve años en un cuerpo de un hombre (o mujer) de cuarenta (treinta, o cincuenta, o los que sean en cuestión) gracias a este Nine y la oportunidad de disfrutar de un título de Broadway nunca visto antes por aquí”

En los contras, el musical parece haber rejuvenecido a casi todos los personajes femeninos, y eso resta potencia dramática al asunto. La puesta en escena también se ve empañada por ciertos detalles técnicos (como un sonido no del todo perfecto, aunque todavía son las primeras funciones y hay margen para ajustar): el escenario deja el minimalismo a un lado en favor del cartón piedra (aunque en este caso el cartón piedra proceda, porque reconstruye CineCitá, y será además del gusto de un público necesitado de escenografías de este tipo) y el diseño de iluminación tampoco juega en la liga de la sutileza (eso sí, hace brillar a lo loco las abundantes lentejuelas de los modelitos que llevan las actrices).

Pero, con todo y con eso, la verdad es que Nine acaba por tener momentos brillantes (sí, como los vestidos), resulta una buena adaptación (muchas veces ya sólo la traducción al castellano hace que la cosa quede algo raruna) y asegura una velada entretenida. Y, por supuesto, los amantes irredentos del género musical disfrutarán como un niño de nueve años en un cuerpo de un hombre (o mujer) de cuarenta (treinta, o cincuenta, o los que sean en cuestión) gracias a este Nine y la oportunidad de disfrutar de un título de Broadway nunca visto antes por aquí.

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