4 junio, 2018. Por

Niña Dioz

El nuevo urban combativo, transfronterizo, feminista y ultramelódico ya no se tambalea
Niña Dioz

Mientras en España parecemos desesperados por encontrar al relevo (imposible de reemplazar, por otro lado) a La Mala Rodríguez (que si Brisa Fenoy, que si Bad Gyal, que si La Zowi, que si Bea Pelea, que si Fusa Nocta, que si La Favi…), en Latinoamérica llevan años lanzando artistas de música urbana que plantan la semilla del empoderamiento feminista en su discurso, pero a la vez consiguen articular un sonido absolutamente moderno, singular y desconocido dentro de las amplísimas posibilidades que impone la música urbana de los últimos lustros.

“Muchas cosas han cambiado en Carla Reyna con su flamante tercer álbum largo. Sobre todo, y tras años evitando hablar de ello, desarrollar un discurso de mujer empoderada y transfronteriza siendo latina, blanca y lesbiana”

Y si no fuera poco con nombres como los de Ana Tijoux, Cardi B, Sara Hebe, Nathy Peluso, Miss Bolivia, Li Saumet, Ania, Gala Brie, Anitta, Karol G, Chocolate Remix, Becky G o Tomasa del Real, por mencionar solo algunas de las que han conseguido desarrollar una identidad sonora con tanto de la cultura latinoamericana como del discurso reivindicativamente necesario del Siglo XXI, tras dos álbumes que pasaron entre puntillas por el circuito urbano latino en la última década, la mexicana Niña Dioz reivindica su sitio a base de canciones, letras explícitas y una sonoridad que invita al reinicio.

Muchas cosas han cambiado en Carla Reyna con su flamante tercer álbum largo. No solo el fichaje por la gran casa de artistas latinos con mirada en occidente (Nacional Records) y, evidentemente, una infraestructura mayor para poder desarrollar un sonido superior en unas bases que prácticamente no tienen antecedente en el urban latino (se codea de Shigeto o productores como Captain Planet, Scoop Deville o Futura, que han trabajado con artistas de la talla de Kendrick Lamar o A$AP Mob); sino también, y tras años evitando hablar de ello, desarrollar un discurso de mujer empoderada y transfronteriza siendo latina, blanca y lesbiana, y plasmando toda esta genética (por fin) en un cancionero que suena especialmente poderoso en un año en el que la lucha feminista es, posiblemente, el tema número 1 en la agenda social mundial; pero también combatiendo la tensión política y racial de la Administración Trump y del alzamiento de la derecha neoconservadora en algunos países de Latinoamérica y Europa.

“Niña Dioz desnuda su alma. Si al principio de su carrera “no soportaba que me llamasen ‘rapera lesbiana’”, en Reyna sí decide ser más frontal y hablar de ella misma para poder hablar de todas”

A diferencia de en su debut Marcapasos (marcado por el sonido del rap old school de Cypress Hill y aledaños) e Indestructible (algo así como el tráiler perfecto para lo que vendría, bebiendo mucho del sonido de Missy Elliot, pero jugando demasiado con la ambigüedad y evitando la frontalidad más honesta), en Reyna esta Niña Dioz desnuda su alma. Si, como dijo en una reciente entrevista a Shangay, al principio de su carrera “no soportaba que me llamasen ‘rapera lesbiana’: quería ser la rapera más guay de México, nada más, que se me valorase por mi arte”, en Reyna sí decide ser más frontal y hablar de ella misma para poder hablar de todas.

Reyna acaba sirviendo como BSO de una época en la que se necesitan visibilizar las diferentes sensibilidades, no solo en lo que a condición sexual se refiere, sino a liberación de identidades, fronteras, roles y maneras de afrontar la vida; pero también surge como un cancionero activo y reactivo, que tira de las cadencias sonoras de esta época (los ritmos 808, guiños al trap y a las diferentes vertientes de la música urbana) para poder articular un discurso global.

“Había una nueva reina (o reyna) en ese punto ciego que existía entre la Missy Elliot de Under Construction, La Mala Rodríguez de Alevosía y la Ana Tijoux de La Bala: se llama Niña Dioz y acaba de patear el tablero”

Sí, habla del empoderamiento no solo feminista y de ella misma (Reyna), sino de las diferentes condiciones e identidades sexuales (Magdalena y Tambalea, las canciones con un discurso más universalista y, a su vez, las más pop); pero también de la condición de latina (Dale, América o Salsa); de la ruptura de fronteras y unión de los folclores del Tercer Mundo (Nubes huele a conexión mexicano-africanas); del amor entre personas del mismo sexo (Selena, un homenaje a Selena Quintanilla, un icono del pop mexicano de los ’90); o del narcotráfico y el estigma que existe muchas veces por ser mexicana (P.O.P.).

Había una nueva reina (o reyna) en ese punto ciego que existía entre la Missy Elliot de Under Construction, la Peaches de Rub, La Mala Rodríguez de Alevosía y la Ana Tijoux de La Bala: se llama Niña Dioz y acaba de patear el tablero. A ver quién se atreve a ordenárselo.

Niña Dioz