8 enero, 2018. Por

Nick Drake

La vida de uno de los cantautores más sensibles de la historia, más allá del mito del icono maldito
Nick Drake

Los arquetipos tienen la ventaja de sintetizar el espíritu de ciertos músicos o su dimensión, pero a la vez el tremendo inconveniente de serrarles los bordes, de aniquilar sus matices. Es el caso de Nick Drake, guardado para el gran público en el cajón de los cantautores delicados y tristes, con escaso recorrido comercial a pesar de su enorme talento. La vida de Drake terminó en 1974, a los 26 años, lo que ha contribuido a su identificación con un tipo de músico joven y maldito del que nadie sabrá nunca cuánto hubiera llegado a ofrecer. Y, por el camino, se pierde la verdadera sustancia del músico, cantante, compositor y poeta británico.

La bibliografía existente sobre Drake es hoy generosa, incluso en español. Más oscuro que el más profundo mar. En busca de Nick Drake (2007), de su compatriota Trevor Dann, es una de las referencias esenciales para comprender y apreciar en mayor profundidad su trayectoria artística. Precisamente el libro de Dann incluye varias entrevistas al autor de la maravillosa Northern sky, encuentros a los que Drake sentía animadversión y de las que huía, y esa es una de las razones por las que su carrera nunca tomó vuelo comercial en vida. Pink Moon (2012), de Gorm Henrik Rasmussen y Blancas bicicletas (2007), las memorias del productor Joe Boyd, son otros dos referentes imprescindibles para aproximarse a Drake, al igual que el documental A Skin Too Few. The Days of Nick Drake (2000), obra del holandés Jeroen Berkvens.

Portada de ‘Recuerdos de un instante’, recientemente editado por Malpaso

Habría que hablar en pasado de todas ellas, o al menos decir que hacían lo que podían con la vida y obra de Nick Drake, ambas repletas de dudas e interrogantes en buena parte por la personalidad reservada, inaccesible y depresiva del protagonista. Este Nick Drake. Recuerdos de un instante, que edita con gusto exquisito Malpaso, hace palidecer a todas ellas por su minuciosidad, su profunda investigación y su enorme aporte documental.

Gabrielle Drake, hermana del músico, también actriz, es coautora de un libro a medio camino entre la biografía, el ensayo, el álbum de fotos, la recopilación epistolar, el diario y el libro de canciones. Su inmensidad, casi 500 páginas en formato 20×27 que no dan un respiro, solo se intuye en un primer vistazo; la inmersión en él da la verdadera medida de una obra mayúscula, que bucea en las interioridades de Drake como pocas obras lo han hecho nunca en la vida y azares de un músico.

«Sus canciones no necesitan introducciones, pero todo aficionado a la música las verá de otro modo después de leer este inmenso trabajo de recopilación e interpretación de un músico convertido en autor de culto y reivindicado por cientos de músicos a lo largo del mundo»

Desde los años en la Birmania colonial en la que nació, por casualidad, Nick, hasta todo tipo de análisis de su legado y tributos por parte de amigos y numerosos espíritus afines, Nick Drake. Recuerdos de un instante abarca una vida corta pero muy intensa. Descubrimos, por ejemplo, que sus padres Rodney y Molly, eran músicos aficionados, él al piano y ella, su más intensa influencia, acompañando a Nick en grabaciones caseras. Gabrielle muestra cómo la única forma de resolver el enigma Drake es sumergirse en su psicología, seguir sus huellas en los testimonios de todos aquellos que lo conocieron (familia, amigos, parejas…), que estudiaron con él, que estuvieron a su lado cuando escribió sus canciones, grabó sus discos y ofreció conciertos.

Aún así, su hermano se mantenía durante largas temporadas en completa soledad, en especial durante sus crisis. Son espacios en blanco también imprescindibles. Sumergido en numerosos detalles visuales, se leen testimonios de muchas personas que estuvieron cerca del autor de solo tres discos que serían reivindicados a partir de los años 80 como de auténtico culto, sobre todo el primero y el último: Five Leaves Left (1969), Bryter Layter (1970) y Pink Moon (1972).

Los 6 capítulos en los que se divide este extraordinario volumen, catalogados bajo los nombres de ‘La semilla’, ‘La flor’, ‘El fruto’, ‘La cosecha’, ‘Réquiem’ y ‘La Cepa’, revelan a un genio de sensibilidad extrema y personalidad quebradiza. Drake escuchaba a Bob Dylan y a Phil Ochs y leía a William Blake y a W. B. Yeats (estudió literatura inglesa). Su melancolía, crónica, se alimentaba de un desapego que no contribuía a mitigar su escasa repercusión entre el público. Todo ello a pesar de que su entorno, incluidos sus padres, y su discográfica, apoyaban su trabajo, de una calidad indiscutible. Su insomnio y sus depresiones, constantes y cada vez más intensas, ni siquiera se veían amortiguadas por el hecho de que Drake se sintiera mejor escribiendo poemas y canciones. Pasó los 3 últimos años de su vida en casa de sus padres y falleció víctima de un exceso de antidepresivos que nunca estuvo claro si fue intencionado.

Sus canciones no necesitan introducciones, pero todo aficionado a la música las verá de otro modo después de leer este inmenso trabajo de recopilación e interpretación de un músico convertido en autor de culto y reivindicado por cientos de músicos a lo largo del mundo.

Nick Drake