29 marzo, 2017. Por

Netherfriends

El tipo de los 20 discos en un año
Netherfriends

¿En qué momento nos hemos conformado con tan poco? ¿Cuándo un artista prolífico fue el que una vez al año nos ha entregado una obra nueva? ¿En qué punto acercan posturas y se distancian la locura compulsiva y la elipsis creativa? ¿Puede una especie de funcionario ermitaño del arte ser el último genio clandestino del pop mundial sin apenas salir de su habitación?

Shawn Rosenblatt nos obliga a preguntarnos todo el rato hasta qué punto él está loco o si los demás son vagos. Y es que Netherfriends (así se llama su proyecto y su álter ego maníaco-creativo) decidió hace dos años que dejaría de hacer canciones y pasaría a hacer discos. Que las fronteras entre la comedia y el arte no existen, y que las ideas potenciales están sobrevaloradas: lo que cuenta es hacer cosas, ser una performance y un show ambulante en ti mismo. Él lo es. Y se le da muy bien vivir.

Desde 2015 hasta marzo de 2017 (tenemos que poner la fecha porque puede que ahora esté subiendo un nuevo álbum) ha publicado 22 discos. En 2015 colgó un EP y tres LPs; en 2016 colgó trece álbumes; y en los apenas dos meses y medio que llevamos de 2017, ya ha publicado cinco álbumes. De verdad, podéis comprobarlo en su web. En este caso, el que mucho abarca, mucho aprieta y mucho impone.

EL SONIDO DESPUÉS DEL SONIDO

Pensando a lo grande, articulando discursos conceptuales para prácticamente cada colección de LPs, explorando curiosos híbridos estilísticos (lo que él llama “blues trap”, como uno de sus discos), acercándose al hip-hop desde el blues, al folk desde el pop alternativo, a la indietrónica desde el country, al jazz desde el lo-fi, a la profundidad del rock americano desde la funkadelia.

Parodiando a genios indiscutibles como Radiohead (a ellos les dedica su Nocomputer), Kanye West (a él le dedica su 808’s & Harpbreak) o The Beatles (a ellos les dedica su Beatles Shit), el sonido de Netherfriends logra conectar con el de Beck, Cake, Eels, Sparklehorse, Super Furry Animals, Kid Loco, Oloff o Badly Drawn Boy, por nombrar a compañeros semi-generacionales de la locura de interior.

Si buscamos ejemplos más cercanos, es normal que nos venga a la mente la multiproductividad en todas direcciones del Andrés Calamaro de los excesos o el Emilio José de la profundidad de la aldea orensana. Y no solo porque estemos hablando de dos genios nerviosos, tan cerca de la obra de arte definitiva como de la falta de respeto, sino porque, del mismo modo que ellos, Netherfriends es un proyecto en movimiento: sus ideas son grandes conceptos, obras en donde no hay límites musicales aunque a veces sí los haya de concepto.

MAKING AMERICA GREAT AGAIN

Hay quienes prometen y hay quienes hacen. Y lo hacen bien. Netherfriends consiguió cumplir la promesa que Sufjan Stevens había hecho hace unos años de rendir homenaje a cada uno de los estados de los Estados Unidos, algo que apenas hizo con Michigan e Illinois. Rosenblatt articuló en cinco decenas de canciones su 50 Songs 50 States, un mapa interactivo por las venas abiertas de la (norte) América profunda, que sirvió como continuación del Middle America con el que empezó todo y en el que recorría doce estados.

Pero no se quedó ahí su proeza de reamericanización, bastante distante de su actual presidente (al que, por cierto, le ha dedicado uno de sus últimos discos, publicado hace solo unas semanas: Don’t Be a Fuck Boy 2); sino que Rosenblatt se ha insinuado e inspirado en ciudades como Nueva York o Chicago (en los aún frescos Sounds of New York City, en el que bucea por los diferentes barrios de la Gran Manzana; y I Miss Chicago, un relato sentimental y melancólico inspirado en el estado que vio nacer a Barack Obama); ha propuesto una actualización sonora por la vía contemporánea de los géneros más auténticos de Norteamérica, el blues y el country (en Blues Trap y Country Trap); y hasta ha rendido homenaje a sus jugadores de básquet favoritos en el excesivo (son treinta canciones, aunque no llega ninguna al minuto de duración) Swish.

WHY CAN’T WE BE FRIENDS?

Diréis: “un tipo que graba 22 álbumes en menos de dos años no debe salir de casa, debe de ser una especie de funcionario de sí mismo, que publica canciones sin acritud y que no tiene amigos que le hacen ver que está zumbado de la cabeza”. Bueno, os equivocáis. Shawn Rosenblatt sale de su casa, ve mundo, escucha otra música, articula discursos, encierra canciones en torno a un concepto y, sí, tiene amigos.

Al menos los que están adscritos a su proyecto (esos “friends” del apellido de su proyecto) son el trío de vientos Soul Food Horns (quienes también han acompañado a Mathien en su último disco) y el rapero blanco Blake Rules, uno de sus aliados más cercanos, con el que ha firmado su hasta ahora material más reciente (Blow Up) y el álbum conceptual sobre baloncesto del que os hablábamos antes, un Swish en el que Netherfriends consigue sacar su facción más urban.

Menos presentes que los Soul Food Horns y, sobre todo, que Blake Rules, también han querido ser friends suyos la cantautora neofolky Angel Katz, el guitarrista británico Rich Jones, las vocalistas soul Silvie Grace y Kaina, los raperos Chris Crack, The Teeta o John Walt (también conocido como dinnerwithjohn) y hasta el trompetista Edwin Martínez.

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