11 abril, 2018. Por

Nathy Peluso

El máster de la URJC de la argentina tiene nombre de rapera neoyorquino-boricua: Hurricane G
Nathy Peluso

La voz que llega desde atrás y se coloca adelante en Louis Armstrong. El universo estético de Carmen Miranda. La voz que llora con cada arranque de Camarón. Esa desgana que se resbala melancólica con cada nota de Amy Winehouse. El ritmo de las anfetaminas salivares cada vez que Mick Jagger se retuerce en uno de los micromillones de movimientos por segundo. Las armonías y giros melódicos perfectos de los Beatles o los Beach Boys. La guitarra sangrante de Jimi Hendrix. El divismo excéntrico de Raphael. La explosividad de Lola Flores. La exageración interpretativa de Isabel Pantoja o Rocío Jurado. Pero también el timbre de Amaia Montero, Shakira o Iván Ferreiro. Las diferentes nasalidades que da ese rango que va de Bob Dylan a Eros Ramazotti; pero también las gárgaras con claves de Rod Stewart o Sergio Dalma; e incluso la afonía rasgada de Alejandro Sanz o Fernando Olvera, el cantante de Maná.

Estoy hablando de marcas, de singularidades, de personalidad. Sea algo que posees o algo que acabas encontrando: eso por lo que se te imita en los karaokes o en la ducha; eso que cuando alguien pregunta por ti, sale como acto reflejo, parecía que lo habíamos encontrado en Nathy Peluso, una de esas artistas llamadas a romper moldes, a dinamitar escenas para construir espacios en donde el trap, el soul, el pop, los lenguajes inventados, el reggae, el r&b, la spoken word, el neotonadillerismo o eso que ella llama “jazz latino” pueden convivir.

Eso parecía haber encontrado la argentina con La Sandunguera, un flamante nuevo álbum en el que, a pesar de lo que podía esperar la gente tras la internacionalización que le dieron algunos de sus temazos de rap y trap del último año y medio (Esmeralda, Corashe, Alabame o Daga, entre otros), se atrevía con un movimiento kamikaze: un EP de cinco temas tan cerca de la radionovela como de la salsa, la jam session de blues o el r&b de raíz.

“El particular universo que proyectaba Nathy Peluso no está ante un jaque mate, pero sí que parece que se le ha descubierto una parte importante sobre la que se cimentaban las marcas más originales de su manera de expresarse en La Sandunguera. Algo así como si se hubiera descubierto que el máster en la Universidad Rey Juan Carlos que aparece en su CV en realidad ni se ha cursado, ni se ha sometido a examen, ni ha pagado las tasas”

Pero, por encima de estilos y tratamientos de géneros, Nathy Peluso parecía haber dado con algo que ningún compañero ni compañera generacional de la actual escena de música negra y urbana había conseguido (o al menos no de esta manera tan aparentemente singular y personal): ese personaje, La Sandunguera, tan cerca de la dicción de una rumana en España como del neo-lunfardo o del italo-argen-cuban-spanglish. Un alma apátrida y cosmopolita con patas que, quizá, no era tan suyo. A las pruebas me remito:

No quiero acusar a Nathy Peluso (aunque lo estoy haciendo, como también en los comentarios de YouTube desde hace un mes, poco tiempo después de que el single adelanto de La Sandunguera comenzara a correr como la espuma), pero no hay ni rastro referencias a Hurricane G en las entrevistas realizadas. Claro que, ¿quién es Hurricane G y por qué ha venido a joderle el plan a Natalia?

En principio, una Doña Nadie. A pesar de que a finales de los años ’90, la rapera neoyorquina de origen puertorriqueño debutaba con fuerza con All Women, su único álbum hasta la fecha. Un álbum especialmente revolucionario que, adivinad: partía del rap de los guetos neoyorquinos, pero también del gueto latino. Su acento nasal también se confunde entre la rumana que habla español, la latina cuya lengua madre es el inglés, el spanglish que se funde y se confunde y un fraseo que a veces recuerda a la spoken word; e incluso permitiéndose ciertas licencias, como los guiños a la salsa o las cadencias de la música latina-boricua. Sí, algo muy parecido al universo de Nathy Peluso, pero veinte años antes.

Su carrera arrancó bastante arriba, pero es más bien discreta. A pesar de haber sido la primera artista femenina en formar parte de la crew de Hit Squad (un colectivo de raperos de la Costa Este americana) y de haber colaborado con pesos pesados como Puff Daddy, Xzibit o Delinquent Habits, e incluso con la dominicana-española Arianna Puello, la realidad es que Hurricane G es una gran desconocida.

“¿Se le ha descubierto el pastel a Nathy Peluso? ¿Es una copia explícita, cantosa e innegable o se trata solo de una de las tantas influencias que la argentina plasma en su repertorio?”

Incluso estos años, donde se convirtió en una artista secundaria en artistas de por sí secundarios, como Los Nández o Thirstin Howl, que en tiempos en donde prácticamente cualquier videoclip de rap, trap o música urbana en general le resulta relativamente fácil acumular reproducciones, en los de Hurricane G brillan por su ausencia. Y muchas de las que está cosechando están siendo a raíz de un debate evidente: ¿Se le ha descubierto el pastel a Nathy Peluso? ¿Es una copia explícita, cantosa e innegable o se trata solo de una de las tantas influencias que la argentina plasma en su repertorio?

Está claro que el particular universo que proyectaba la obra de Nathy Peluso no está ante un jaque mate, pero sí que parece que se le ha descubierto una parte importante sobre la que se cimentaban las marcas más originales de su manera de expresarse en La Sandunguera. Algo así como si se hubiera descubierto que el máster en la Universidad Rey Juan Carlos que aparece en su CV en realidad ni se ha cursado, ni se ha sometido a examen, ni ha pagado las tasas.

Aun así, nunca es tarde si la dicha es buena, sobre todo estando en un momento tan ascendente: giras mundiales con sold out en prácticamente todas las ciudades por donde pasa; un primer EP oficial en uno de los sellos con más solera de nuestro país, Everlasting Records; y es parte del roster de Taste The Floor, sin duda alguna LA agencia que mejor olfato ha tenido para hacerse con los servicios de algunos de los principales artistas de música urbana de nuestro país, y de los que más margen de crecimiento de su obra y público tienen (BEJO y sus compañeros de Locoplaya, Natos y Waor, Juancho Marqués y Sule B de Suite Soprano, Ayax y Prok o Recycled J, entre muchos otros).

Nathy Peluso es una de esas artistas llamadas a ser bisagra en la música urbana, y a conseguir todo lo que se proponga, sobre todo lo que tiene que ver con la ruptura de imaginarios: una artista de apenas 23 años que se mueve con soltura entre la sofisticación del jazz y la salsa, que se anima a plantar un repertorio de blues y soul ante un público sediento de hits traperos, que ha decidido no limitarse ante el reclamo tendencioso del rap viral, y que no renuncia a sus orígenes.

“Ojalá Peluso acabe aprobando este máster, porque es uno de los nombres con más futuro ya no solo de nuestro circuito, sino del urban latino mundial. Y no necesitaba acercarse a un registro existente: tiene personalidad y recursos de sobra para encontrar algo únicamente suyo, puro, real. Pero, de momento, este no es SU jazz latino (o no sólo el suyo). Como ella misma dice: “¡Má’ tú quisiera…!”

Incluso, adoptar muchas de las maneras de una artista prácticamente desconocida e intrascendente en su momento como Hurricane G demuestra su inquietud y su capacidad de rastrear la cara oculta de las divas silenciadas. Y sí, en su música sigue habiendo trazas de Nina Simone, Ray Barretto, Celia Cruz, Joao Gilberto, Antonio Machín o Thalía, del mismo modo que sus shows son auténticas performances de teatro físico que suda y rezuma música por cada uno de sus poros. A Nathy le vendría muy bien blanquear la influencia de Hurricane G, del mismo modo que sería un movimiento maestro que colaborasen juntas.

Ojalá Peluso acabe aprobando este máster, porque es uno de los nombres con más futuro ya no solo de nuestro circuito, sino del urban latino mundial. Y no necesitaba acercarse a un registro existente: tiene personalidad y recursos de sobra para encontrar algo únicamente suyo, puro, real. Pero, de momento, este no es SU “jazz latino” (o no sólo el suyo). Como ella misma dice: “¡Má’ tú quisiera…!”

Nathy Peluso