Mater Suspiria Vision

Inverted Triangle I

Siguiendo la estela cáustica de un trabajo infatigable que lleva a este dúo alemán enigmático (Cosmotropia de Xam y Aura) de personalidades mutantes, colectivas, colaborativas (entre otras Mushy) y policreativas del que alguna vez os introdujimos palabras en torno a un movimiento, pero también destacando esa versatilidad no sólo estéticamente concebida en lo musical, sino en la hibridación audiovisual, tenemos desde finales de la primavera pasada su primer elepé “oficial”en formato casete para Living Tapes. Crack Witch, recientemente reeditado en vinilo (en varias versiones y ya agotado) vino a suponer la confirmación de su acertado Second Coming en cedé-erre para Disaro (que reeditaría como CDX ampliando el número de pistas, después) que simultanearon con una infinidad de trabajos que desde la expectación melómana virtual se filtraban diariamente conformando nuevos álbumes (como ANNODAMONNA_The Witch Album o Like A Witch) que serían seguidos de innumerables en cedé-erres autoeditados como Seduction of the Armageddon Witches, el doble cedé-erre House of the Witches, cuando no cajas compilatorias (todos ellos limitados) como Vogue Witches. Por no hablar, pero destacándolo a la postre, de la prolífica producción de VHS y DVD’s donde compilaban esos infectos productos audiovisuales (a día de hoy hasta ONTV#4) que recuperaban la estética giallo, el surrealismo de serie b más trash o el amor devoto por Jodorowsky, Argento, Lynch, Polselli, Jess Franco, Kenneth Anger o Jean Rollin. El 7”, Exorcism of the Hippies, para el sello del agitador neoyorquino de cierto esoterismo oculto, Todd Brooks, y su Pendu Sound Recordings (no perderse el nuevo trabajo de Chelsea Wolfe, entre otras grandes joyas de su catálogo creciente) y una serie de trabajos inéditos para Beko-DSL en sus compilaciones en formato BOX o innumerables mixtapes y Zombie Rave Mixes glorificaban la extensiva y expansiva producción de Mater Suspiria Vision y un posicionamiento claro como una de las bandas más interesantes (por su sonido, su trabajo interdisciplinar que pasa de la música, al vídeo o al collage y la reencarnación de distintos proyectos) que nos ha dado 2010. Así hasta que, debido al número de practicantes que rezamos crédulos este nuevo culto de drones ásperos y saturados, trance deconstructivo, samples lamentados en italiano, inglés, alemán y latín, delays machacantes de una nueva banda sonora en una perversión sónica del XXI, deciden crear su propio sello discográfico. De inicial nombramiento como CDX (Cosmotropia de Xam) pasó a llamarse Phantasma Disques y es aquí donde, además de co-editarlo con el fantástico sello inglés Clan Destine, presentan ahora este Inverted Triangle I (en varias ediciones, incluyendo una especial con collages auténticos y firmada por los artistas, todas agotadas) como una de sus ya más de 10 referencias (entre otras una recopilación de artistas de estos velados y misteriosos lares sobre el eje temático de Twin Peaks). Y mientras esperamos el nuevo vídeo de Diego Barrera (ya realidad, por fin) y ese nuevo 7" para Mishka se invertía el triángulo. Fiat volúntas sua. Sicut in coelo in terra sicut inferno et indúcas tentationem malum. 

La imaginería esotérica y ocultista, la brujería, el exorcismo, lo masónico y lo pagano, lo diabólico y el autorreferencial witch house nos llevan claramente en tonos electromagnéticos a encontrarnos no sólo con una cubierta que no hace sino arreglo y justicia (lírica corrugada) a todo un corpus conceptual y estético en el que, también con el título, designan esta clarividencia jeroglífica y fantasmal. El drone sostenido se pervierte de palabras siseantes y risas jactantes y macabras antes de que los golpes de ritmo orden jingles sincopados que se acumulan en deceleraciones y aceleraciones y extenuaciones sintetizadas en Das Haus Der Hexe (la casa de la bruja), vuelven a resurgir entre otros drones manipulados y versos que repiten witch house. El gemido espectral y la psicodelia de pesadilla se hace presente en la rugosidad aguda de Ghost House of Eugenia, de chasquidos y susurros psicotónicos, psicolépticos y psicofónicos tan adictivos como lo es el pensamiento recurrente y rumiado para el obsesivo. Casi como en el comienzo de Profondo rosso, de Dario Argento, llantos y voces de niños que corean una canción infantil ante la resonancia de las glorias repicantes de las campanas que anuncian su muerte, entramos en los Labyrinths of Venice. Consensium. Consensium. Justo antes de dejarnos acribillar por los efectos electrónicos primigenios que borbotean en un crisol hondo y posindustrial en el largísimo epílogo Die Hexe (la bruja), que conjura nuevamente un hechizo de embriaguez sedativa y una suerte de ensayo sobre el género y su reiterada preponderancia y abogacía fatal por servir de manifiesto triangular, revelador y aristado. In nomine Mater Suspiria Vision. Amén.

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