28 marzo, 2016. Por

El Guincho

Sonido Primark
El Guincho: 'Mi carrera siempre se edificó a partir de un rechazo'
El Guincho

¿Quién es ese hombre que mira las estanterías de un bazar chino macro de un polígono de extrarradio y consigue emocionarse con la vajilla de plástico, los llaveros con la bandera de España, los pijamas reversibles o un paquete de bridas?

Se llama Pablo Díaz-Reixa, pero tú lo conoces como El Guincho, una de las mentes más avanzadas de la música alternativa estatal y uno de los proyectos con mayor proyección internacional del circuito. Con motivo de la publicación de HiperAsia nos reunimos con el músico canario, para hablar de la cultura de barrio, del internet de las cosas, de la alergia a los géneros y estilos y de cómo sería la banda sonora de una interminable cola en el Primark de la Gran Vía.
Entrevista: Alan Queipo

Notodo: Pasaron más de cinco años desde Pop Negro. ¿Necesitabas un concepto, una musa, una idea… o necesitabas reposo después de toda la agotadora actividad que te dio ese disco?
Pablo Díaz-Reixa:
La gira de Pop Negro acabó en la primera parte de 2012; luego mi madre enfermó con lo que todo el resto de gira no la pude hacer, y esto me llevó hasta finales de 2013; luego hice lo de Trances; y en 2014 me vine a Madrid y empecé a escribir el disco. Realmente no hubo mucho período de inactividad sin hacer música. Tuve ese break por motivos familiares de casi dos años pero nunca sentí que estuviese parado: nunca dejé de hacer música; de hecho, cuando empecé a trabajar en HiperAsia tenía bastante material grabado, lo que pasa es que lo deseché para empezar de cero a desarrollar la idea que tenía en la cabeza.
“Cuando entré en aquel bazar chino fue como una epifanía: visualicé la idea de un “estéreo” al que se le van apareciendo imágenes curiosas que distorsionan ese tránsito ”
NTD: ¿Y lo desechaste un día en un polígono de extrarradio en un bazar chino?
P.D.R.:
Sí, tal cual. Tenía una idea vaga en cuanto a sonido: quería enfrentarme a la idea del sonido estéreo que ya había trabajado en los dos discos anteriores; quería luchar contra esa perspectiva del estéreo como un campo que te masajea el oído, en el que ocurren cosas positivas: quería trabajar en un estéreo que molestara a la escucha de lo que ocurre en medio, lo que suena en “mono”. Esa idea ya la tenía; pero sentí una emoción especial y vi todo más claro cuando estuve caminando por HiperAsia: cuando pasas por en medio de los pasillos de un lugar así lo ves muy claro, te haces una idea muy clara de un “estéreo” al que todo el tiempo se le aparecen imágenes curiosas, que distorsionan ese tránsito.

NTD: ¿Y cómo hace para emocionarte una vajilla de plástico, un llavero del Toro de Osborne o un peluche taiwanés?
P.D.R.:
(Risas) Ya, es difícil. No me refiero a una emoción sentimental; pero sí que me perturbó en un punto, me parecía interesante cómo estaban colocadas las cosas, el orgullo que tienen por las cosas copiadas (que es algo que en occidente no entendemos del todo)… Me pareció muy interesante. Quizás es que me pilló en un día raro, no sé (risas), pero cuando entré fue como una especie de epifanía: entendí esa idea vaga que tenía de sonido y que no sabía por dónde tirar. Me ayudó un montón a poner límites mucho más estrictos para ir componiendo el disco.
“No tengo miedo al hit: he tirado las mejores líneas que he hecho nunca en este disco ”
NTD: Supongo que entiendes que la idea y el concepto en sí tiene un punto muy chanante; pero a la vez es música de vanguardia a un nivel de élite muy alto. No sé si te gusta también esa contraposición entre algo muy surrealista y casi cómico y la idea de alta cultura.
P.D.R.:
Es que todas las ideas que imprimí en mis discos tuvieron un punto de reírte de ellas. Alegranza, por ejemplo, es música de islas; pero no sólo música de isla, sino con un pasado colonial muy fuerte, como mínimo era casi una epopeya convertir esa idea en un disco, es como para reírte de quien está planteando hacer un disco sobre eso. Y sin embargo, al final, ese tipo de ideas acaban figurando música interesante si la sometes a unos límites muy estrictos a la hora de atacarla. Lo que tiene que teñir ese marco siempre tiene que ser el sentido del humor y saber reírte de eso. Pop Negro hablaba sobre un tipo que no creció el pop, que no lo entendía y que no lo percibía como algo positivo ni lo apreciaba, y sin embargo estaba haciendo un disco de pop poniendo el límite no en cualquier pop, sino en la radio fórmula.

Y ese tipo de ideas que, como dices tú, tienen un punto chanante, te llevan a sitios que igual una idea entendida mucho más seria como la de “hacer un disco de post-rock” no te llevarían. Al final, cuando tu límite es un estilo estás pervirtiendo lo que le da valor a tu obra, que es el sonido y las cosas que te imaginas a partir de esa idea.
“El formato wearable nace por mi interés por el internet de las cosas, la realidad aumentada, la parte virtual del yo en internet ”
NTD: Cada canción es como un objeto que coges de los estantes de ese hipermercado. No sé cómo quieres que lo conciba el que lo escucha: ¿como una especie de ópera de un safari virtual, como un caos ordenado, como canciones sueltas de objetos que se pueden coger…?
P.D.R.:
De todas las que me dices me gusta más la última: canciones como objetos. La idea de ópera me lleva a una idea grandilocuente, y no hay nada de grandilocuencia en lo que hago, en ningún aspecto de mi vida. Cuando yo pensé en HiperAsia como un disco pensé también en cosas que me molaría a mí encontrar en una HiperAsia soñada. Una vez tuve la idea clara, y esta es la parte más espontánea, todo lo que viene es mucho más torpe y más penoso. Por eso quería cosas que partiesen de un lugar muy común: pizza, pelo rapado, rotulador, cómix, mis hits, un mando de televisión… Ideas muy comunes de las que pudiera desarrollar conexiones con un montón de cosas.

Cuando pensaba en hablar de “pizza” no era sólo en el elemento en concreto, sino en cómo la puedes coger, cómo la comes, a qué hora, en qué sitio, por qué ahí y no en otro, con quién, a qué te sabe, qué pasa si se te cae al suelo, qué pasa si te la comes a las cuatro de la mañana pedo, si prefieres masa gorda o masa fina…
“Me he visto avergonzado en conversaciones con gente que me hablaba de discos indies que yo no conocía ni sé ni cómo suenan ”
NTD: Parece que me estás recitando la letra de una canción…
P.D.R.:
(Risas) Es que es así como las trabajé. Entonces, una vez que tengo todo esto y escribo todas las posibilidades que me da la palabra, busco rítmicamente las que más atractivas me resultan y las que más se parecen al sonido, que es algo que siempre hago. Cuando la gente me dice, casi como de burla, que si las letras son tan importantes para mí por qué las escondo, yo les digo que el texto no sólo es el significado inmediato que tiene. No es así, tiene muchas más cosas: la sonoridad, la métrica, lo que te evoca, lo que evoca en un nivel social y a ti personalmente en tus experiencias propias, las veces que esas palabras han sonado en otras canciones… Todo eso es data que está en las palabras, y te ayuda mogollón a la hora de ubicarlas dentro de una canción.

NTD: No sé si a esa “conquista de lo común” llegaste a través del barrio, sobre todo del extrarradio. Al final, HiperAsia nos traslada de manera muy natural a un polígono mental. ¿Te influyó la cultura de barrio, fuiste a coger ideas?
P.D.R.:
Yo soy de Las Palmas…
“Cuando tu límite es un estilo estás pervirtiendo lo que le da valor a tu obra ”
NTD: Que es el extrarradio de España…
P.D.R.:
(Risas) Exacto: el extrarradio del extrarradio. Aparte esos códigos de la música de los polígonos los conozco, no porque sea de un polígono sino porque he convivido con ello. El reggaetón, por ejemplo, que en la península tiene un punto hasta exótico, para nosotros es nuestra banda sonora de todo el día desde que era pequeño. Era a la música a la que yo me enfrenté desde muy chico, y al mismo tiempo me fascinaba por ese hecho. Y quizás sí que tiene algo que ver con lo que dices.

NTD: Es un disco que se me hace por momentos incantable…
P.D.R.:
(Risas) ¿Te parece?

NTD: Al menos si lo comparamos con Pop Negro, y exceptuando tres o cuatro temas, no va tan a la melodía como el anterior. ¿Querías que las canciones eviten esa conexión melódica que sí conseguiste con temas como Bombay o Novias? ¿Tienes miedo al hit?
P.D.R.:
No, no tengo miedo al hit. Para mí son canciones cantables, y de hecho creo que he tirado las mejores líneas que he hecho nunca en este disco. Pero sí que siempre soy muy estricto con la idea del disco. Y en HiperAsia el elemento vital de la canción es muy seco, y quería que todo lo que ocurra alrededor de eso boicotearan el curso habitual de la escucha: silencios, cosas que sacudan el centro de la canción, que te generen un nuevo comienzo. Por eso para mí es lo más fresco que he hecho, me da la sensación de que todo el rato estoy empezando a escuchar de nuevo la canción. Pero me sorprende y me parece interesante tu punto de vista; pero no tengo miedo al hit, sólo que me ciño a la idea de la canción, y la gente la interpreta a su manera y ya no puedes hacer nada.
“Lo que más me gusta de Madrid es lo macro: Las Tablas, la Gran Vía, el Primark… ”
NTD: Te vi hace unos meses en un concierto de El Coleta y Jarfaiter, dos símbolos del rap de extrarradio, en la sala El Sol. Este disco tiene mucho rap: en tu forma de cantar, en la manera de tirar las líneas, en tu colaboración con La Mala Rodríguez, en esa manera medio urbanita de hacer una cosa a medio camino entre la spoken word, el cantar y el rapear… ¿Cuánto crees que hay de rap en el disco?
P.D.R.:
Está guay la pregunta porque enlaza con la manera en la que afrontamos el disco con Brian (Hernández), el ingeniero del disco. Quería eliminar completamente la conversación en estudio acerca de los estilos. Como Pop Negro era un disco de pop y el marco era un estilo muy vago y muy abierto; en HiperAsia la idea era escapar completamente de cualquier conversación acerca de estilos. Quería que cuando alguien me hablase de un género fuera por un accidente, que se relacione con los propios referentes de quien lo valora o lo acerca a ese estilo.

Los periodistas más viejos lo relacionan con un estilo y los más jóvenes con otro, por ejemplo; y eso me mola. En el estudio sí que das con algo que te hace preguntas, y te acerca a un estilo o a un grupo o a una idea. Nosotros no hablamos de estilos para nada porque nos hace más pequeños.

NTD: ¿Ni siquiera escuchasteis cosas concretas para tratar algunas texturas?
P.D.R.:
Nosotros escuchábamos cada mañana como cuatro o cinco horas de música, para no oxidarnos y no volvernos muy ermitaños ni volvernos autorreferenciales. Pero escuchábamos gente que enfocara cosas lo que nosotros estábamos enfocando de manera completamente opuesta. En los estilos más urbanos, de diez años a esta parte, ves muchos productores mojando mogollón el groove o la voz y lo consideramos versiones evolucionadas de estos estilos o efectos… A mí me gusta conseguir esa profundidad con otros elementos: silencios, distorsión, manipulación del pitch de la voz… Pero nos gustaba escuchar otras cosas para saber qué no queríamos hacer.
“Quise colocar en las letras un “yo peor”, la versión de mí que menos me gusta ”
NTD: Es un disco que también nace de tu traslado de Barcelona a Madrid, de tu ruptura con la “vida anterior”. No sé si hay un punto dramático, de pérdida, que se cuele en el disco; o si eso era algo que igual sí estaba en las cosas que desechaste después de que diste con la idea de HiperAsia.
P.D.R.:
A mí lo que me mola de Madrid es lo macro: Las Tablas, la Gran Vía…

NTD: El Primark…
P.D.R.:
¡El Primark! (risas) Totalmente. Pero el disco no me parece que tenga nada de trágico. De hecho, hay un montón de sentido del humor y chistes. Y por lo menos para quien quiera encontrarlo, está. Lo que sí que quise colocar en las letras es un “yo peor”, la versión de mí que menos me gusta. En el proceso de composición igual estaba trabajando hasta las cinco de la mañana iba a casa, dormía un poco, me duchaba y a las diez de la mañana estaba de nuevo trabajando.

Es lo que tiene el turno de trabajo de 19 o 20 horas: que es un estilo de vida que se relaciona muy mal con el resto de la gente, pero a mí me ayuda a trabajar. Y hay un momento de ese proceso en que la cabeza empieza a funcionar de otra manera y tu percepción de las cosas se ve bastante afectada por ese estilo de vida, y te encuentras pensando cosas que van contra tu propia moral, y eso me parecía interesante meterlo en las canciones, porque se relaciona directamente con el sonido. Mucho mejor que yo explicando la perorata sobre cualquier cosa. Es una especie de personaje que se enfrenta a tu forma de verte a ti mismo; me parecía muy valioso, y me molaba colocarlo en la canción y contradecirlo dentro de la misma canción.
“Conozco muy bien los códigos de la música poligonera ”
NTD: Ha pasado con todos tus discos, pero igual en HiperAsia has encontrado un marco global más artístico, de obra de arte y objeto de deseo a la vez. No sé si tú ves tu obra más cerca del circuito del arte contemporáneo que de la escena musical, sobre todo del circuito indie, al que se te asocia…
P.D.R.:
A mí me adhirieron al circuito indie porque firmé por una discográfica como XL Recordings; pero nunca ha sido la música que he escuchado. De hecho, me he visto avergonzado en conversaciones viendo cómo la gente me hablaba de discos que son básicos dentro de la escena alternativa y que yo no conocía ni sé ni cómo suenan. Creo que en mi música se percibe eso, para mí todo el “sonido indie” me es ajeno. Tanto como llamar a mi obra “arte” o “arte sonoro”, no: conozco gente que se dedica al arte sonoro y tienen otro punto de vista y de partida; yo al fin y al cabo parto de la canción, que es donde estoy cómodo y es mi terreno de juego, y a partir de ella entro a jugar.

NTD: ¿Pero te sientes cómodo sabiendo que igual el terreno donde más vas a poder mostrar tu producto es en festivales, compartiendo cartel con proyectos que tienen otra visión radicalmente opuesta a la tuya?
P.D.R.:
Yo respeto mogollón a todo el mundo, y creo que he compartido escenario con proyectos que están en las antípodas de lo que yo hago y no ha pasado nada. Lo que va a ocurrir es que si estoy en entornos en donde es más difícil encontrar una afinidad musical con lo que haga, voy a tener diez tipos en primera fila muy entregados con mi propuesta y luego un montón que me mirarán con recelo, sin saber muy bien de qué va la cosa. Pero es lo que me ha pasado toda la vida: se van muchos y vienen pocos (risas).

Mi carrera siempre se edificó a partir de un rechazo: hay un punto en el que he llegado a estar más cómodo en el rechazo que en la aceptación. Hay un punto de aceptación que a mí me agobia: los conciertos que más he disfrutado, y sé que es algo que está mal y que tengo que cambiar, son los que he estado más ensimismado jugando con estructuras y en los que la gente quizás se fue más decepcionada. Y los conciertos más masivos en los que la gente se va encantada después de cantar Bombay me encantan un día, pero diez días seguidos se me haría muy insoportable. Siempre me va a ocurrir que voy a estar desubicado en cualquier espacio: si me ubicas con gente de un museo no pintaré nada, pero tampoco pintaré en un festival de música electrónica o de música pop-indie o de hip-hop. Seguramente no pinte nada en ninguna escena, y también eso es lo hace que la gente se identifique y empatice con mi música.
“Mi carrera siempre se edificó a partir de un rechazo ”
NTD: Dices que hasta hace menos de dos años tenías avanzado lo que iba a ser tu disco hasta que decidiste desechar todo tras tener esa visión en HiperAsia. ¿Desechar es borrar; o has guardado algo?
P.D.R.:
No, en mi caso desechar es borrar.

NTD: ¿No hay cajas negras?
P.D.R.:
(Risas) Hay cajas negras de lo que no entró en HiperAsia, que eran más de cincuenta proyectos de canciones de los que quedaron veinte mezclas y trece entraron en el disco. Hay material que a lo mejor escuchas y te gusta más que cualquiera de las canciones que hay en el disco; pero se quedaron las trece que están no porque yo considere que sean mejores, sino porque son las que tenían las ideas más desarrolladas, claras y al grano. De todos modos, en el mundo web del disco aparecerán esas otras siete canciones que no forman parte del disco formal.
“No hay nada de grandilocuente en lo que hago: todas las ideas de mis discos siempre tuvieron un punto de reírte de ellas ”
NTD: Es uno de los ejemplos más claros en los que no sólo matas el formato de disco, sino que abres múltiples opciones: una galleta de mantequilla con un código, una pulsera rollo power balance, un “universo web”, unas camisetas… ¿Cómo surge la idea de este formato wearable?
P.D.R.:
Esta idea surgió hace dos años, que quería que el disco que sacase circulase en un chip NFC, que estuviera metido en un objeto. Pero nace por mi interés por el internet de las cosas, la realidad aumentada, la parte virtual del yo en internet… Son temas que me interesan mucho. No me interesa mucho el universo del vinilo o del CD. En este caso, buscaba un formato que se vinculara más a mi forma de ver mi música y que se pareciera incluso a mi música en un punto; y además que me permitiera desarrollar un universo satélite pero que fuera propio: normalmente, cuando descubres a un artista o un disco lo primero que haces es buscar otros artistas similares, saber de dónde viene, quién lo ha producido, de qué ciudad es, a qué escena se adhiere, cómo visten, qué vídeos hacen, quién los hace, por qué…

Me gustaba la idea de generar toda esa subescena dentro de un mundo virtual propio que puedas entrar a partir de este chip. Pero al chip le faltaba la parte humana, la broma; y se me ocurrió que la parte más íntima que compartimos con el resto de la gente es el gesto, que es una cosa muy privada y que exhibimos constantemente y facilita un montón de información nuestra. Quería transgredir eso, y que la música te pegara la tecnología al cuerpo en vez de generar distancia; y ahí es donde apareció la idea de que ese chip estuviera en camisetas, gorras, pulseras…
“Soy fan de los mp3 a bajísima calidad ”
NTD: ¿Significa esto que el disco ha muerto en el Universo Guincho?
P.D.R.:
Si alguna vez pensé que el disco ha muerto, creo que me tengo que tragar mis palabras, porque hay gente que sigue lucrando de manera brutal con la venta de discos, como es el caso de Adele, por ejemplo. Lo que creo es que cada artista debe ser honesto con la naturaleza de su proyecto y el formato es una cosa importante: es la manera en la que tú comunicas tu proyecto con la gente. Para mí estar dos años grabando un disco y después tener que bajarle la calidad para que quepa en un CD me parece estar reduciendo mi trabajo. Sé que es algo muy técnico y que a la gente en general igual no le importa, pero a mí sí me gusta mostrar la música de la manera que quiera hacerlo. Y no es una cuestión de “elitismo sonoro”: soy fan de los mp3 a bajísima calidad, por ejemplo. Pero no quiero sucumbir a la dictadura de un formato que no me gusta ni nunca me gustó.

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