15 noviembre, 2016. Por

Destino Eurovisión

Las Bistecs vs. Ojete Calor
Destino Eurovisión: ¿Las Bistecs u Ojete Calor? ¿Electro-disgusting o subnopop?
Destino Eurovisión

El primer paso es reconocerlo: Eurovisión no es lo nuestro. Año tras año, con excepciones sesenta y setenteras, hacemos el ridículo en el concurso musical más anacrónico de Europa.

Los 90 y 2000 han sido duros; nuestros representantes han quedado en las últimas posiciones en repetidas ocasiones. Soraya, Edurne, El Sueño de Morfeo... Quizá es el momento de asumirlo: hay que cambiar de estrategia. No es para tanto, ya nos atrevimos con Chikilicuatre y deberíamos aventurarnos de nuevo.

Esta idea no se les escapa a algunas personas anónimas, como Jairo Núñez o Andrés Ramón Gómez, que han ido más allá del tuit reivindicativo y han utilizado la herramienta digital por excelencia para pedir por esa boquita: Change.org. Ojete Calor y Las Bistecs son sus candidatos y parece que no están solos. De las 2.500 firmas de Las Bistecs y las 15.000 de Ojete Calor, ambos están a un paso de conseguirlo.

Pero si mañana mismo tuviésemos que elegir representante patrio para Kiev, la pregunta es: ¿Subnopop o electro-disgusting? ¿Ellos o ellas? ¿Viejoven o Señoras bien? He aquí 3 puntos clave de cualquier dúo farandulero que se precie, para que tú decidas a quien le darías ‘twelve points’.

1. El estilo

En Eurovisión todo vale, cualquier estilo es bienvenido y cuanto más estrafalario, mejor. Carlos Areces y Aníbal Gómez, actores chanantes y adalides del post-humor, son un combo que asegura un show petardo, bien performático y muy subnopop. Ese es el género que les identifica, creado por ellos mismos y bastante autoexplicativo.

Carla Moreno y Alba Rihe, Las Bistecs, hacen electro-disgusting: suena más internacional pero es un concepto igual de gráfico. De todas formas, es un término que guarda más significado del que podría parecer, y así lo explican en su web:
“Electro-disgusting es una corriente artística, performántico-musical, con un objetivo: molestar y no dejar indiferente a una sociedad saturada de información.”
Ellos tienen el respaldo de años chanantes y un proyecto tan loco como sólido; ellas, un último año en el que cada vez ganan más adeptos (los llamados ‘entrecots’) y un término acuñado con orgullo. No hay duda de que ambos tiran por la vía del humor, decide tú qué camino te hace más gracia.

2. Los temas

Sabemos lo poco que importan las letras en este certamen y ese es precisamente uno de los fuertes de ambos dúos.

El primer hit de Ojete Calor fue Viejoven; un himno generacional, el perfecto retrato de un perfil más común de lo que parece: viejos en cuerpos de jóvenes. En las dos primeras frases te lo explican todo (“No sabría si llevarte a un botellón. No sabría si llevarte a Benidorm con los yayos”) y a partir de ahí son todo referencias culturales a este tipo de sujetos.

Hace unos meses, volvieron con un ritmo más machacón y un nuevo apelativo, Tonta Gilipó. Candidata ‘indie’ a canción del verano, nos conquistó con su “Eres tan holocausto. Eres tan guerra civil. Eres tan peste negra. Eres tan Feria de Abril.” No sería tan descabellado pensar que Tonta Gilipó pudiera pasar de insulto musical para quedarse a gusto a himno melódico con estribillo a lo Aserejé. Suena bien, tiene potencia, puedes cantarlo seas de Helsinki o de Cuenca.

Con su último lanzamiento, Madrid-Bilbao-Bollo, se perfilan como pioneros de la canción dedicada a una estrella de la telebasura.

Las Bistecs también saben mucho de retratos sociales, además de sumarse a una corriente ‘chochocentrista’. HDA, su primer hit, critica el ‘falocentrismo’ en la historia del arte. Entre dóricas, jónicas y corintias se están quejando de que solo haya representantes masculinos en los libros de arte, mientras nos divierten con estrofas tan absurdas como “La maja desnuda, la maja vestida” x4. Universio y su “Perrea como Laika” nace como crítica literal al reggaeton y su fijación porque la mujer ‘perree’.

Han reinventado la canción protesta -con permiso del electroclash anterior- y, además, saben hacer arte de conductas tan constumbristas como el “Móvil, cartera, tabaco, llaves” en Cosas Negras. Eso hay que saber aplaudirlo.

3. La puesta en escena

Las Bistecs no se esconden y lo dejan claro: “No sabemos cantar, no sabemos bailar.” Pero, ¿a quién le importa eso cuando la magia aparece? Podría parecer que el dúo barcelonés fija la mirada en Lola Flores, de la que dijeron tras una actuación en el Madison Square Garden: “No sabe cantar, no sabe bailar, no se la pierdan”. De ellas puedes esperar exceso de purpurina y de brillante. Mucho cambio de vestuario, bastante lycra y más laca. Su presencia escénica es de las intensas.

De ellos: travestismo, vestidos de muñeca, barrigas al aire y americanas de lentejuelas con pantalones cortos. Mucha coreo y movimientos epilépticos de a un lado a otro del escenario.

A Ojete Calor ya se les ha propuesto algún año anterior y Las Bistecs han declarado que estarían encantadas de ir. Y quedar las últimas. Ambos serían grandes candidatos a la altura de un ‘show’ que nadie entiende muy bien por qué sigue siendo una cita anual televisiva. Con tal panorama, lo mejor que podríamos hacer es tomárnoslo a broma, va en serio.

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