Imaginábamos que el lugar adonde nos llevarían con su esperado debut en largo James Wing y Tara Tyson, los miembros de este nebular tifón sonoro de color rosa, sería seguramente uno donde abandonarse al arrobo y a cierta enajenación emocional presa del ruido catártico y de la parálisis en abstracción; estados a los que tenemos fácil acceso con los muros de guitarras, distorsiones, sintetizadores, la rítmica almagrada y el enrevesamiento vocal proferido. El dúo de Houston, amantes de lo diletante y siempre cerca de lo creativo en una generalidad interdisciplinaria, expresan su desembarazo artístico en múltiples canales teniendo al proto-noisepop y al etéreo y chirriante shoegaze como catálisis de una combustión reactiva que alimentan desde una espontaneidad explosiva entre la incontinencia visceral y la racionalización expresiva de la materia gris en forma de ruido. En su particular patio de recreo, donde sacuden neurotransmisores y airean polvo de estrellas, James y Tara quedan tras Free Loving Anarchist (FLA, por aquí tantas veces dicho), el sello que ampara los estruendos pop de Colours o Fourier, la delicia dreampop y neogaze de Atlas Young o Virgo Rising o las incursiones wave de Froe Char y el sick ambient. Además, y utilizándolo sabiamente como plataforma para escaparatear retumbos de su ruido enlatado y de centella lo-fi que disparan desde frecuencias ensordecedoras, delays y decays de pedales que multiplican la vibración y zarandean las ondas de su apelmazante resonancia, Pink Playground han editado en su acrónimo sello sus primeros esbozos eléctricos. Ensayos de turbinas y erizamientos pop en su primer epé que alumbraran tras las nevadas de hace dos inviernos y de nombre Pink Dream, pues en esos tonos y en sus negativos lo soñaban, asomaban sus iniciales correrías musicales y su rápida conducción. A esta casete del mismo color le seguiría un split en el mismo formato y sello con Bad Life, antesala de su primer trabajo en vinilo para Zoo Music y previo al 10” para el siempre sensacional catálogo de Downwards, donde también su adyacente The KVB ha engendrado calambres y espasmos de estentóreo y fragoso signo. Destinación clara, éxtasis visto.
Epígonos de los primerizos MVB y también secuela contemporánea del ayer de Jesus & Mary Chain, Pink Playground heredan y dilatan la reverberación de ese ruido de entonces y prolongan sus melodiosas abstracciones y estruendos en una experimentación psicodélica que las revisa a día de hoy. Fundamentadas en estrépitos potentes y normalmente agudos de guitarras manipuladas en torrentes extensivos de ecos profundos, dinámicas de intermitencia sublime, sintes de otras décadas, cajas de ritmo de vecindades cold-wave y deslizamientos vocales, las ocho canciones que integra Destination Ecstasy se hallan entre la dulce conmoción, el pop de los ochenta de vaga luminiscencia y el áspero, confuso y letárgico sueño. Alternan la rugosidad cavernosa de guitarras prominentes de ruidos ciclónicos con otras que volatilizan caídas arpegiadas de timbres silbados. En estas constantes que se ladean en entusiasmos solemnes y heroicos y en otros de huidas conscientes y melancolía hecha ostracismo, el dúo texturiza, espesa, disipa y empaña los vacíos acústicos y la condensación sónica en repliegues y despliegues tonales entre la propulsión, la planeación, los raros aterrizajes y los persistentes despegues. Mexican Summer, que da asistencia y monitoriza los altos vuelos de los tejanos y los surca sobre vinilo, vuelve a subrayar su destreza como catalizador de ejemplos vivos de un shoewave onírico y oscuro de convulsión paralizante y hechizo (para primerizos) súbito. Atravesando rosas y negros, en positivo y negativo, Pink Playground propician esplendores de armonías que colisionan en éxtasis señalados de fricción electrizante y gravitaciones románticas coronadas en álgido destino. Círculos sistemáticos, descargas y nubes de aluminio.
Artista: Pink Playground
Álbum: Destination Ecstasy
Género: Shoewave sin positivar
Discográfica: Mexican Summer
Año: 2011
