Male Bonding

Nothing Hurts

Tenemos una noticia que daros: los ’90 han vuelto. Parece que en vez de mirar el futuro, nos preocupamos por renovar el pasado y, una vez exprimida la última gota, daremos un paso adelante sin mirar atrás. De todas formas, no es molestia. Todo lo contrario. Vamos, aquí no tenemos ningún problema en que grupos como Male Bonding aparezcan y mejoren lo que se hacía con precariedad en el pasado instalándose en un presente de nuevo punk del futuro. El ruido eterno era cierto.

Nothing Hurts es justamente lo opuesto a lo que indica el título. Todo duele, en realidad. La hostia que estos londinenses (que, más bien, parecen americanos amamantados por el punk melódico y el noise hardcoreta) te meten es incesante. Trece canciones sin descanso, sonido directo, idas de pinza, ruido ametrallador y melodías punks que hacía tiempo no oíamos. Tienen algo del nuevo lo-fi (su experiencia de compartir 7’’ y splits con grupos del rollo y editar en casette durante años sirvieron de escuela), pero acelerado y con mayor presencia de los instrumentos. Se escapan de aquel sonido enlatado (excepto por la voz en muchos de sus cortes), convirtiéndose en un híbrido entre la pulcra modernidad de nuevos hypes como The Drums y la colleja bien dada, al estilo Wavves o No Age. Uno suda sólo de imaginar lo que estarán sudando ellos. Por momentos resulta agotador escuchar a Male Bonding, pero singles indiscutibles como Year’s Not Long o All Things This Way hacen presagiar la hermosa conjunción entre la querencia grunge, el Madchester más sucio y la podredumbre puesta encima de un polvo bien rápido entre Joy Division y Dinosaur Jr. Practican un nuevo catecismo (caótico) que se asemeja a una orquesta imperfeccionista de ruido con sólo formación de trío. Apegados a la técnica (aunque su guitarra no sea gran cosa, el bajo y la batería repliegan un arsenal de matices enorme) y al temblor de rodillas, los británicos son el último gran acierto de Sub Pop en un año de grandes primeros discos para el sello (Abe Vigoda, Dum Dum Girls y Happy Birthday continúan la lista). El nervio y el constante traqueteo de los momentos garageros y shoegazers los coloca irremediablemente cerca del punk de esquizoides como The Damned o Black Flag. Se permiten licencias experimentales (Nothing Used to Hurt, con una continuación melódica que es de lo mejor del disco) y acústicas (junto a Vivian Girls en Worse to Come) y el ruido velozmente controlado genera incendiarios momentos a lo Pavement (Crooked Scene y la nirvanera Paradise Venidors son dos de los más grandes). Hurra por Sub Pop y sus divisiones inferiores, que despuntan como superiores.

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