1 junio, 2016. Por

Gabinete Caligari

Tapas, cañas y gabinetes
Jaime Urrutia: 'Estuvimos a punto de cantar 'El calor del amor en un bar' en Eurovisión'
Gabinete Caligari

Los bares españoles llevan siendo una extensión de nuestra personalidad, de nuestra idiosincrasia como país, prácticamente desde los anales de las tierras hispánicas. Pero les faltaba un apellido.

Tuvieron que ser unos Gabinete Caligari en estado de gracia a quienes se les ocurriera encontrarle un apellido, una coletilla, una muletilla automática que se nos cae de la boca con el pincho de tortilla en una mano y la caña en otro.

Se cumplen treinta años de Al amor del calor en un bar, que contiene la canción de (casi) mismo título, esa marcha rapsódica que seguimos coreando en fiestas patronales y karaokes al grito de “bares, ¡qué lugares!”.

Nos carteamos virtualmente con Jaime Urrutia para pasar revista treinta años después a aquel símbolo pop costumbrista en forma de canción (y disco), conociendo más a fondo cómo nació y cómo evolucionó uno de los puntos álgidos de la Movida madrileña.
Entrevista: Alan Queipo

Notodo: ¿Recuerdas cómo nació la canción El calor del amor en un bar, en dónde y por qué?
Jaime Urrutia:
En 1985 durante la gira de Cuatro rosas fuimos a Canarias y aproveché para comprarme un secuenciador marca Korg que había visto que utilizaban nuestros amigos de Derribos Arias. Básicamente es una máquina que trae ritmos programados y secuencias de bajo y teclados que ayuda bastante para componer canciones. Entre otros, contenía un ritmo como de marcha militar que se llamaba “march”, al cual apliqué en Mi menor una melodía que me recordaba a algunas canciones y a la forma de cantar de Jim Morrison y los Doors, aunque después no se pareciera en nada.

Esa es la génesis musical de la canción, de la letra ya comento después. Solo añadir que de esa misma máquina de secuencias salió también La culpa fue del cha-cha-cha; desde luego que doy por muy barata la inversión que hice en aquella maquinita comprada en Santa Cruz de Tenerife y que aún conservo con mucho cariño.
“Estuvimos a punto de ir a Eurovisión con El calor del amor en un bar
NTD: La frase “bares, ¡qué lugares!” se ha convertido casi en un lema de nuestra cultura castiza. ¿Imaginabas que podía pasar esto?
J.U.:
Pues lo podía intuir. Sabíamos que la canción era descaradamente comercial y que podía llegar a tener mucho tirón a poco que se promocionara y sonara en las radios, que ya en aquella época se habían puesto de nuestro lado. Música y letra tenían gancho y lo demás vino por sí solo. Incluso estuvo a punto de ser seleccionada para ir a Eurovisión.

NTD: ¿Sigues reivindicando la cultura de bar en tiempos de cafeterías hipsters, tiendas de cupcakes, platos cuadrados y zonas wi-fi?
J.U.:
No es reivindicación, los bares de siempre forman parte de la cultura y sociedad españolas y es difícil para nadie no entrar en un bar cualquier día, muchas horas de nuestra vida se pasan en ellos.

NTD: ¿Qué bares eran tus preferidos de antes y cuáles son los de ahora?
J.U.:
Antes y ahora, los de toda la vida. Los de tomar cañas, el aperitivo y carajillos, con el suelo lleno de servilletas sucias y cáscaras de gambas, con camareros dicharacheros y mucho ruido, y con mesas y una televisión al fondo donde siempre hay un partido de fútbol. De esos bares habla la letra de la canción.

Cuando empezábamos con el grupo pasábamos a veces tardes de domingo enteras con alguna novieta y amigos en algún bar barato dado que, como universitarios que éramos, apenas teníamos dinero. Tardes y noches románticas en las que, con dos cañas y un paquete de tabaco, ligoteabas con alguna chica y soñabas con cumplir tus sueños de juventud.
“Para componerla apliqué un ritmo de marcha militar y una melodía tipo The Doors ”
NTD: Probablemente sea una de las tres canciones más populares tuyas. ¿Te has llegado a cansar de ella?
J.U.:
Doy por seguro que es la canción que más he cantado en mi carrera y no me he cansado de ella. Nunca la he sacado del repertorio porque, aparte de que el público siempre la espera, es muy agradecida de hacer en directo al llevar la misma secuencia que contiene la versión original del disco, suena exactamente en vivo como en él.

NTD: Ha sido inevitable que la canción haya permanecido pero sólo los más neófitos se acuerden de otras canciones básicas como Malditos refranes o El juego o el juguete. ¿Crees que la canción se acabó comiendo al disco?
J.U.:
Es normal, ya en principio la canción por sí sola tenía mucho peso en el disco, hasta el punto de darle título al LP. De las demás me gustan mucho Malditos refranes, sobre todo por su letra, y Por la paz, una que pasó desapercibida y que estaba inspirada en el John Lennon más pacificador y hippie.

NTD: Aquellos años, de Al calor del amor en un bar y Camino Soria, son considerados por la crítica como el punto álgido de tu obra. Visto con distancia, ¿tú también lo percibes así?
J.U.:
Estoy de acuerdo, aunque habría que añadir Cuatro rosas, que es inmediatamente anterior. Sin embargo, el máximo nivel de popularidad de Gabinete nos llegaría con el disco Privado, donde estaba La culpa fue del cha-cha-cha. Ya en solitario, estoy muy orgulloso de Patente de corso que tuvo también excelentes críticas.
“Dedicar una canción a los bares castizos prolongó nuestra parafernalia torera y costumbrista ”
NTD: Para definir Al calor del amor en un bar se habló de la etiqueta “rock torero”. ¿Te parece justa, te gusta, crees que es una buena manera de definirlo?
J.U.:
Lo de “rock torero” venía de antes, cuando hicimos el primer LP, que se titulaba Que Dios reparta suerte y que incluía Sangre española, una canción dedicada a uno de los mejores toreros de la historia, Juan Belmonte. Digamos que me gustaba la etiqueta, sobre todo porque nos desmarcaba totalmente de todos lo demás grupos del momento. El dedicar una canción a los bares castizos prolongó, sin duda, la historia y parafernalia torera y costumbrista.

NTD: Además del elemento estético del sonido, hay otros dos nombres muy ligados a la Movida madrileña como Alberto García-Alix y El Hortelano, que ponen imagen al universo sonoro del disco. ¿Consideras que es el disco “más Movida madrileña” de todos los de Gabinete Caligari?
J.U.:
Aunque en 1986 la auténtica movida estaba ya en plena decadencia y estábamos acariciando la profesionalidad, creo que el disco y, sobre todo, la canción, reflejan mucho de la alegría, despreocupación y ganas de vivir y de hacer cosas que hubo en los primeros años de los 80. Un gran lujo, además, contar con El Hortelano y Alberto en la portada, amigos de correrías de tantas noches donde, tomando copas, hacíamos planes y colaboraciones de futuro entre todos.
“Es una de las canciones que más canté en mi carrera y no me he cansado de ella ”
NTD: No queda mucho para que se cumplan veinte años de vuestra disolución. ¿No te planteas una reunión aunque sólo sea en formato de gira puntual o tocando alguno de vuestros discos más ilustres?
J.U.:
No me la planteo. Gabinete Caligari duró lo que tuvo que durar y ahí están sus canciones y sus discos para quien quiera escucharlos. Así está bien.

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