10 julio, 2014. Por

Carlos Cros

Nadie se resiste al amor
Carlos Cros publica un alegato del rock castizo de referentes como Burning, Tequila o Loquillo
Carlos Cros

¿En qué momento un género como el rock and roll castizo, símbolo del macarrismo de la escena emergente española y uno de los subgéneros que más alegrías ha dado a la industria en la historia de nuestro pop y rock, comenzó a ser tabú? De aquellos Burning, Loquillo & Trogloditas, Tequila, Moris, Los Rodríguez, Los Enemigos, Los Ronaldos, Los DelTonos o M-Clan a lo que hay ahora, parece la minimización de la minimización de un género que no sólo ya no encuentra hueco en las radio fórmulas (con excepción de Leiva o Fito y Fitipaldis), sino que forma parte del rechazo de la escena indie y, por lo general, desde la crítica especializada y la opinión pública en general parece ser que es un género que ya poco tiene que aportar a la escena y al ADN musical español.

Puede quien piense que Carlos Cros publica Nadie se resiste al amor en mal momento, y que del mismo modo que le sucedió en los últimos tres lustros a grupos como Sidecars, Circodelia, La Vacazul, La rabia del milenio o Le Punk, entre otros, su repertorio quedará fuera de foco y desangelado. Algo que no le hubiera pasado de haberse publicado a mediados de los años ’90. Pero en su nuevo ejercicio, que da continuidad a aquel salvajismo de autor que publicó hace siete años (Escucha los latidos), no sólo encuentra avales para colocarse tan cerca de la referencial nueva canción macarrónica de la escena tanto indie como rockera estatal, sino también como un punible autor que, a su modo, y de la misma manera que símbolos jóvenes internacionales como Ezra Furman o Jake Bugg actualizan el legado dylanista del folk’n’roll de hace cuarenta años tan cerca de la veta rabiosa como del desarrollo de cantautor electrificado.

Será por eso que Nadie se resiste al amor es, a estas alturas del año, con medio año vendido, una de las mejores y más completas colecciones de canciones: doce piezas como doce soles, inmediatas y melódicas, coreables y altivas, afiladas y de aires mestizos, tan fronterizas entre escenas como fronterizas desde el punto de vista internacionalista del rock.

Carlos Cros allana el camino entre el rechazo y urticaria que al indie medio le genera el concepto “rock español” y compone doce canciones que rinden culto y pleitesía al rock and roll de autor que, con su voz afónica y naturalmente desgarrada, manda a llamar a un Tom Petty de fiesta de guardar (Cosas que nunca se olvidan), se pone tierno, meloso y especialmente intimista (¡Qué estupidez!), firma un rock & soul que recuerda tanto a Nacha Pop como a grupos argentinos como los Guasones (Nadie se resiste al amor), parece contactar la veta milonguera de Los Rodríguez del Sin documentos con los Niños Mutantes más fronterizos (La distancia), recuerda al Joaquín Sabina más mexicanizado, de discos como Mentiras piadosas o Física y química, mezclado con el Coque Malla de La hora de los gigantes (No más lágrimas), nos remite al Fito Páez desgarrado de Ciudad de pobres corazones con los Pereza de Algo para cantar (Mi dolor de cabeza favorito), canta como un crooner de piano-bar romántico y herido (Nadie como tú), recuerda a la faceta de vals balcánica de Le Punk (La última vez que vi París) y hasta contacta al Xoel López fronterizo con canciones tan espirituales como cazalleras (Siempre hay un camino o Tiempo al tiempo). ¿Y si vuelve el rock?

Carlos Cros

+ INFO

Artista: Carlos Cros

�lbum: Nadie se resiste al amor

G�nero: Rock and roll de autor

Discogr�fica: Pelícano Records

A�o: 2014